En Actualidad

Alonso Cano, un artista siempre al alza

Ya en vida del artista, su primer biógrafo, Lázaro Díaz del Valle, lo describió hacia 1656-1659 como “famoso e incomparable artífice”. Los tratadistas y eruditos que le siguieron siglos más tarde no hicieron sino ratificar este éxito, que se multiplicó cuando, a principios del siglo XIX, los marchantes de arte y coleccionistas europeos lo redescubrieron y lo calificaron como el más “italiano” de los pintores barrocos españoles. Se produjo entonces una diáspora de su obra, que hoy se encuentra repartida en instituciones públicas y colecciones privadas de todo el mundo. En la actualidad sus pinturas y dibujos –dejaremos su faceta como escultor para otra ocasión–siguen siendo muy cotizados en el mercado del arte. Repasamos y reflexionamos a continuación sobre algunas de las piezas aparecidas en los últimos tiempos.


Recordábamos hace unas semanas, al hilo de la adquisición de Santa María Magdalena de Pazzis por la Junta de Andalucía, la relevancia que tuvieron las exposiciones y congresos celebrados en Granada en 2001 con motivo del IV nacimiento de Alonso Cano (1601-1667). Fue la ocasión perfecta para reunir conjuntos dispersos dentro y fuera de nuestras fronteras. También para que algunas pinturas reapareciesen después de más de dos siglos en paradero desconocido, como la ya mencionada Santa María Magdalena de Pazzis, el cuadro mitológico de Juno, hoy en el Museo del Prado, o San Francisco de Asís en éxtasis (Arzobispado de Madrid) que en su día colgó de los muros la madrileña iglesia de Santiago y que se había dado por perdido [1].

A partir de entonces, varias han sido las obras que se han incorporado a su catálogo, tanto en lienzo como sobre el papel. Algunas han sido publicadas en Ars Magazine y su repercusión ha hecho posible que hayan sido adquiridas a posteriori por instituciones de reconocido prestigio. Sirva de ejemplo el Meadows Museum de Dallas, que en 2013 enriqueció sus colecciones con su primer Alonso Cano: el Niño Jesús dormido (1628-1629) dado a conocer en Ars 20.

Esto mismo puede extrapolarse a sus dibujos que han ido apareciendo bien en artículos de investigación, como la Coronación de la Virgen o aquellos pertenecientes al ciclo de la Vida de Santo Domingo; bien en el comercio, como la Magdalena penitente subastada por Christie’s una año antes.

El catálogo de la exposición celebrada en el Hospital Real de Granada –este tuvo su continuación en la sala de exposiciones de la Fundación Santander Central Hispano de Madrid– vino a recordarnos el expolio que sufrieron los conjuntos pictóricos del artista durante la Guerra de la Independencia (1808-1814). Especialmente cruento fue el desmembramiento de sus primeras obras pintadas en Sevilla, de las que hoy en día conservamos pocos ejemplos en nuestro país. Y es que a principios del siglo XIX, Cano era ya valorado dentro y fuera de nuestras fronteras como puso de manifiesto Odile Delenda en su magnífico artículo de dicho catálogo [2].

Una de sus obras más señeras de sus años sevillanos, el retablo de la iglesia de Santa Paula (1635), fue desmembrado en 1810. Sus pinturas, acaso lo mejor de esta época, se reparten hoy entre el Museo del Louvre (San Juan Evangelista y Santiago apóstol), la Wallace Collection de Londres (Visión de Jerusalén), The John and Mable Ringing Museum de Sarasota (San Juan Evangelista y la visión del Cordero y San Juan Evangelista y su visión de Dios) y el Museo Nacional de San Carlos de México (Comunión de la Virgen). Nada queda por tanto en España.

Fuera de nuestras fronteras se encuentra también Cristo con la cruz a cuestas (1635-1637. Worcester Art Museum, Massachusetts), procedente del convento de San Alberto. Para este mismo cenobio Cano había pintado en 1629 la Aparición de Cristo crucificado a Santa Teresa y la Aparición de Cristo resucitado a Santa Teresa. Fueron propiedad de la colección López Cepero y, ya en nuestro siglo, de la de Forum Filatélico. Ante la ausencia de obras sevillanas en nuestro país, no es de extrañar que, tras la caída de la sociedad, el Estado acabase adquiriendo ambas pinturas en 2013 con destino a nuestra primera pinacoteca. El regreso de Santa María Magdalena de Pazzis a Sevilla, hasta ahora en una colección británica, constata una vez más ese esfuerzo por recuperar parte de aquel patrimonio perdido hace dos siglos.

No podemos olvidar tampoco sus dibujos sevillanos, que con los años han reaparecido en instituciones foráneas o han vuelto a España, especialmente en lo concerniente a coleccionistas privados. Del primer caso podemos citar la reciente aparición de la espectacular Traza de retablo del Museo Magnin de Dijon publicada en 2020 por quien aquí escribe [3].

Junto a él, debe reseñarse el Diseño para retablo de la colección Félix Palacios, adquirido en Christie’s Nueva York en 2010 y que en su día perteneció a William Stirling maxwell. Estuvo presente en la exposición celebrada en Zaragoza en 2019 sobre el coleccionismo de dibujo en España [4]. Este último está relacionado con el ya mencionado cuadro de Cristo con la cruz a cuestas de Worcester y, por cierto, con Santa María Magdalena de Pazzis a tenor de su similitud con la figura de la santa que aparece en representada en el segundo cuerpo del retablo. ¿Pudo formar parte la pintura en origen de ese retablo?

Dentro de los conjuntos sevillanos dispersos de Cano debemos hacer mención al ciclo de ocho pinturas que Ceán Bermúdez citó en 1800 en la cartuja de Nuestra Señora de las Cuevas y que fue desmembrado solo una década después. Pintadas hacia 1650-1652, hasta hace unos años sólo una de ellas, Cristo y la Samaritana (Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando) se conservaba en nuestro país [5]. La primera labor de Adán cuelga hoy en la Pollok House Glasgow, mientras que José y la mujer de Putifar pertenece a una colección suiza.

La famosa subasta de Abalarte de abril de 2017, en la que apareció la celebérrima Inmaculada Niña de Velázquez, dio a conocer un nuevo cuadro de este conjunto que ha pasado algo desapercibido: Tobías y el ángel. Afortunadamente, fue adquirido por un coleccionista español y hoy vuelve a formar parte de nuestro patrimonio histórico artístico.

La adquisición de Juno por parte del Prado en junio de este año ponía de manifiesto el interés de la pinacoteca por ampliar su colección de obras del granadino. Este excepcional ejemplo de pintura mitológica del artista –la única que ha llegado hasta nuestros días de aquellas que pertenecieron a Margarita Cajés y posteriormente a Juan Antonio Frías y Escalante– ha supuesto un nuevo paso en el esfuerzo por recuperar obras de temática profana. De ellas, otra de las más significativas fue la compra del Desnudo femenino (1645-1650), adquirido en 1997 al anticuario Artur Ramón y que desde su aparición se ha convertido en uno de sus dibujos más celebrados [6].

En esta línea de adquisiciones para el Prado también debe mencionarse la Magdalena penitente (hacia 1653) que el Estado destinó en 2019 a la pinacoteca tras comprarla a la Galería Caylus.  Por las manos de estos últimos han pasado en los últimos años algunas piezas significativas del artista, como la Visión de San Antonio de Padua (1660-1662) que dieron a conocer en ARS 20. También poseen un magnífico San Francisco en oración (1657-1660) que perteneció al político y diplomático Evaristo Pérez de Castro, personaje archifamoso en los últimos tiempos por haber sido el poseedor del supuesto Ecce Homo de Caravaggio –figuró en la misma subasta– que tanto ha dado que hablar.

En fin, otra versión de San Antonio de Padua fue subastada en Sevilla por Arte, Información y Gestión en noviembre de 2002. Hoy se encuentra en manos de un particular parisino. Se expuso por primera vez en Madrid con motivo del centenario de Alonso Cano con el aliciente de su procedencia –en 1835 pertenecía a Lord Shrewsbury en Alton Towes (Reino Unido)– y de ser uno de los cuadros redescubiertos tras darse por perdido en la monografía de Alonso Cano de Harold Wethey de 1983 [7].

Es obvio que la nómina de obras es más extensa, así que a modo de epílogo citaré algunas otras como el dibujo de la Muerte de la Magdalena que adquirió el Meadows Museum el pasado 2020; o la Virgen leyendo del Museo del Prado reatribuida al granadino también en 2020 y que hasta entonces se consideraba del pintor madrileño Diego González de la Vega.  Ante este halagüeño panorama, parece claro que aún quedan piezas por aparecer y que, junto a lo descubierto en los últimos años, es factible reflexionar de nuevo –ya sea en una monografía, artículo científico, o en una exposición– sobre la poliédrica personalidad de Alonso Cano, uno de los puntales de nuestra historia del arte con mayúsculas. Ángel Rodríguez Rebollo.


[1]. Rodríguez Rebollo, Ángel. “Una obra inédita de Alonso Cano en los fondos del Arzobispado de Madrid”. Actas del symposium internacional Alonso Cano y su época. Granada: CEAH, 2002, pp. 727-734.

[2]. Delenda, Odile. “El pintor Alonso Cano y los coleccionistas europeos en el siglo XIX”. En Alonso Cano. La Modernidad del Siglo de Oro español. Cat. exp. Madrid: Fundación Santander Central Hispano, 2002, pp. 27-46. La especialista señala por ejemplo cómo se puso a la venta en París la Visión de San Antonio de Padua, hoy en la Alte Pinakothek de Múnich, adquirida en España en 1807por el marchante Jean-Baptiste Lebrun.

[3]. Rodríguez Rebollo, Ángel. “An Unpublished Design for a Retable by Alonso Cano in the Musée Magnin, Dijon”. Master Drawings, vol. LVIII, nº 3, 2020, pp. 317-326.

[4]. El dibujo español en el gusto privado. Del Renacimiento a la Ilustración. Cat. exp. Zaragoza: 2019, pp. 92-95.

[5]. Al hilo de esta pintura, debemos recordar una segunda versión de Cristo y la Samaritana, propiedad de un coleccionista español, que se dio a conocer en Ars Magazine 31 (2016).

[6]. Sobre el dibujo véase Veliz, Zahira. Alonso Cano [1601-1667]. Dibujos. Catálogo Razonado. Santander, Fundación Botín, 2011, p. 43, nº cat. 92.

[7]. Alonso Cano. La Modernidad del Siglo de Oro español, Op. cit., p. 178.

Recommended Posts
0

Start typing and press Enter to search