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Barbara Hepworth en el Rodin de París


 

El Museo Rodin de París exhibe hasta el 23 de marzo la primera exposición monográfica de la escultora británica Barbara Hepworth (1903-1975) en París, organizada en colaboración con la Tate de Londres. Aunque poco conocida en Francia, Barbara Hepworth, que frecuentaba artistas como Henry Moore, Picasso y Mondrian, revolucionó la escultura con su desarrollo de una nueva sensibilidad estética. Sus obras abstractas, impregnadas de pureza poética, aspiran a un mundo ideal y pacífico. La exposición homenaje del Museo Rodin a Hepworth, comisariada por Catherine Chevillot, directora del Museo Rodin, y Sara Matson, curadora de la Tate St Ives, reúne un conjunto de esculturas, alguna pintura y litografía, donde se combinan lo sólido y el vacío. Para muchos de los visitantes que ya han visto estas piezas y para los que todavía quedan por acudir al Museo Rodin sus singulares formas serán difíciles de olvidar por la huella que va a dejar en su recuerdo.

La escultura después de Rodin (1840-1917) se fue transformando paulatinamente.  Alrededor de 1905 en Francia, el escultor Aristide Maillol restauró la densidad de sus figuras independientes, y desde 1909 en adelante, el rumano Constantin Brancusi llevó este renacimiento de los conceptos básicos de la escultura a su mayor grado de refinamiento. El siguiente desarrollo vino con el trabajo de los escultores británicos Henry Moore y Barbara Hepworth en la década de 1920.

Al distanciarse del poderoso expresionismo de Rodin, Barbara Hepworth buscó una nueva estética fundada en el lenguaje de la forma y el volumen. La naturaleza poética de sus volúmenes esculpidos se inspiró en gran medida en el mundo natural y vegetal. Su escultura orgánica también representa su visión del mundo: para la sociedad posterior a la Primera Guerra Mundial, esta nueva sensibilidad transmitía una impresión de apostar por la paz frente a las atrocidades que habían sufrido millones de europeos durante cuatro años, de 1914 a 1918.

El vocabulario artístico de Hepworth contrastaba con el trabajo de otros escultores, basados ​​en el pathos, ​​en la construcción o en la inspiración de las máquinas. En 1934, escribió que su objetivo era «proyectar en un medio plástico alguna visión universal o abstracta de la belleza». La esencia de su arte radica en el juego de convexo y cóncavo, el sutil contraste de lo sólido y lo vacío. Debajo del exterior silencioso de formas sólidas, el arte de Hepworth aspiraba a un mundo ideal, apostando en sus propias palabras por  «digerir la  desesperación».

El Museo Rodin fue uno de los pocos lugares en Francia donde se pudo ver su trabajo refinado a lo largo de su vida, porque muchas de sus piezas se mostraron en exposiciones colectivas en la década de los años 50 del pasado siglo, lo que posibilitó que los aficionados franceses en la posguerra del segundo gran conflicto pudieran disfrutar del largo aliento poético que desprendían sus formas.

La estética de Hepworth también surgió de su amor por el material, ya fuera piedra, madera o bronce, que ella tallaba directamente, como si quisiera extraer una armonía singular de las características intrínsecas de cada bloque. Después de la Segunda Guerra Mundial, reinventó el arte de la escultura de yeso, trabajando a mano para crear toda una serie de piezas monumentales. El objetivo de la exposición que ahora se puede contemplar en el Museo Rodin es proporcionar una visión general de su carrera artística y una idea de cómo trabajaba junto a una recreación del ambiente de su estudio.

Poco conocida por el público francés, Barbara Hepworth, aunque su importancia como artista fue reconocida en su día. Ella y su esposo Ben Nicholson frecuentaban círculos artísticos en Francia, donde visitaron a Brancusi, Picasso, Braque, Mondrian y conocían a Arp, Calder y Miró. A partir de 1939, Hepworth trabajó en Cornwall, cuyos paisajes tuvieron una profunda influencia en su trabajo.

Hepworth ha sido muy reconocida durante su vida en Gran Bretaña. La Reina la nombró Dama del Imperio Británico y el MoMA de Nueva York adquirió su primer Hepworth en 1936. Su talento se ha exhibido en algunas de las mejores ferias y museos del mundo:  la Bienal de Venecia, en San Francisco, Sao Paulo y Tokio, por citar las ciudades más relevantes. Julián H. Miranda

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