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Sofonisba y Lavinia, dos maneras de entender la pintura

El Museo del Prado presenta una exposición que recorre la trayectoria de ambas autoras italianas a través de 65 obras. La institución recupera así del olvido la producción de estas dos pioneras: Sofonisba Anguissola, la primera autora en alcanzar fama internacional, y Lavinia Fontana, la primera en tener un taller propio.


Sofonisba y Lavinia fueron reconocidas en su época como dos de las mejores artistas del momento. Se codearon con la nobleza, que anhelaba tener uno de sus retratos, e incluso con los monarquías europeas. La primera actuó como pintora (oficiosa) de la familia de Felipe II, mientras que la segunda ocupó el cargo de pintora oficial del papa Clemente VIII. Sin embargo, la pátina del tiempo y la competencia de un prolífico siglo XVI han ocultado la producción de estas dos autoras, que a menudo han quedado relegadas a los almacenes (incluidos los del Museo del Prado).

Hasta ahora. Nuestra pinacoteca ha querido saldar una deuda pendiente con ellas al organizar una muestra que reúne medio centenar de pinturas procedentes de una veintena de instituciones extranjeras. La pinacoteca continúa así con su labor de estudio y difusión de autoras, que ya inició en 2016 con la flamenca Clara Peeters. 

Historia de dos pintoras: Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana presenta, por primera vez, los trabajos fundamentales de las dos mujeres más notables del Renacimiento –26 de Sofonisba y 24 de Lavinia–, junto a otra docena de obras de autores coetáneos o nuevas propuestas de atribución.

Dos artistas y dos maneras de concebir la pintura. Sofonisba, como un medio para alcanzar una posición en la corte; Lavinia, como algo más que un oficio (es la primera mujer que se dedicó profesionalmente a ello). Aunque no fueron las primeras en considerarse «artistas» con potestad incluso para autorretratarse –ese título lo ostenta Caterina van Hemessen–, sí que “trazaron dos peldaños sucesivos” para conseguir la visibilidad de las mujeres creadoras, según explica Leticia Ruiz, Jefa del Departamento de Pintura Española hasta 1500 y comisaria de la muestra.

No hay que olvidar que, a mediados del siglo XVI, lo normal era que las mujeres se dedicasen a las labores del hogar, a cuidar de los hijos y, como mucho, a pintar flores. Lavinia Fontana quiso rebelarse contra esa faceta lúdica de ‘la pintura femenina’, al dedicar parte de su producción a escenas mitológicas, donde el desnudo era su principal reclamo; un género poco apropiado para cualquier doncella recatada de la época.

Quizá por eso, Ruiz ha querido iniciar el recorrido de esta exposición con uno de sus desnudos. Y no con uno cualquiera, sino con el de Minerva desnuda (hacia 1604-1605), diosa de la sabiduría y la guerra, que recibe al visitante a medio vestir, con el casco puesto y la armadura apoyada en un rincón.

Sensualidad y lucha, dos elementos que componen la perfecta metáfora de la situación de la mujer en la sociedad: no puede renunciar a su erotismo, pero pelea por ser mucho más que eso.

Sofonisba Anguissola (Cremona, hacia 1535 – Palermo, 1625) parece que lo consiguió. Gracias a la exquisita educación que le proporcionó su padre Amilcare –estudió música, danza, literatura, dibujo y pintura– y a sus habilidades con el pincel, se hizo famosa en las cortes europeas. Además, recibió los elogios de Vasari, Miguel Ángel y Giulio Clovio. En 1559 fue requerida en España como dama y maestra de pintura de la reina Isabel de Valois. Residió en la corte 13 años, durante los cuales retrató a la reina francesa, a Felipe II y otros miembros de la familia real española.

Como no era pintora de cámara, no tenía derecho a firmar sus retratos reales; razón por la cual en ocasiones se han atribuido a Sánchez Coello (que sí ostentó el cargo oficial). Además de reunir a Felipe II y su cuarta esposa Ana de Austria con las infantitas Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela, la muestra ofrece otra composición singular: Retrato de familia (hacia 1558), “posiblemente la obra maestra de Sofonisba”, según la comisaria. Un grupo procedente de un museo danés que llevaba desde febrero en los talleres de restauración del Prado y que ahora luce como nueva. En él, el padre de la artista presenta con orgullo a su hijo, único varón después de 6 hijas.

Pero la cremonesa no solo cultivó el género del retrato. También pintó escenas religiosas –prácticamente se exhibe toda su producción religiosa salvo una obra– y, sobre todo, a sí misma. ¡Se autorretrató decenas de veces! Probablemente es la artista del Renacimiento que más veces se ha representado: con un libro entre las manos, en miniatura, como una dama cortesana y tocando la espineta.

No es extraño, por tanto, que Lavinia Fontana (Bolonia, 1552 – Roma 1614) quisiera emularla 20 años después y que, para buscar su propio reconocimiento, se autorretratase como ella: tocando el mismo instrumento.

Al igual que Sofonisba, Fontana nació y creció en Italia. Se formó en el taller de su padre, Prospero Fontana, un notable pintor de Bolonia, y también rompió con los estereotipos que la sociedad del momento asignaba a las mujeres. Decidida a abrirse camino como profesional de la pintura, traspasó todos los límites y los géneros impuestos a las mujeres (hasta el momento, escenas de flores y bodegones).

Lavinia reflejó magníficamente la sofisticación de la sociedad boloñesa, así como el fasto y vestimenta de los personajes más eruditos. Aquí se exhiben Retrato de caballero. Senador Orsini (hacia 1577-1579) y Retrato familia (1595-1603), entre otros. Aunque su verdadera aportación reside en la pintura mitológica y esos desnudos que refleja en Galatea y amorcillos navegan sobre un monstruo marino en un mar tormentoso (hacia 1590), Venus y Cupido (1592) o Marte y Venus (hacia 1595).

Historia de dos pintoras: Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana, podrá verse en la sala C del edificio Jerónimos hasta el 2 de febrero. Cuenta con el patrocinio de la Comunidad de Madrid, cuya consejera de Cultura Marta Rivera de la Cruz se felicitó de poder participar en esta muestra, “un acto mínimo de justicia [para las mujeres creadoras] en la persona de estas dos artistas”.

Ambas, autoras del Renacimiento que se acercaron a la pintura desde diferentes perspectivas –la ‘dama de la reina’ Sofonisba realizó 50 obras, la ‘profesional’ Lavinia 150/155– pero con el mismo punto de partida: pioneras del arte. Sol G. Moreno

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