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GOYA SOBRE PAPEL: EN LA INTIMIDAD Y SIN TAPUJOS

El Museo Nacional del Prado culmina su Bicentenario con una exposición inédita sobre la obra gráfica del maestro aragonés, al reunir más de 300 dibujos procedentes tanto de sus propios fondos como de préstamos particulares o institucionales. Todos ellos componen un certero retrato del ser humano universal; el de ayer y el de hoy.


Francisco de Goya diseccionó como nadie el alma humana en sus dibujos y estampas. Pasiones, bondades, vicios, vergüenzas, fantasías, pesadillas… Nada escapó a su mano. Solo y en la intimidad del hogar, supo dar rienda suelta a su desbordante creatividad, sin presiones ni tapujos, dando así forma a todo cuanto sus ojos veían: lo bueno y sobre todo lo mano.

En sus cuadernos llegó a pintar hasta un millar de escenas de muy diversa índole, desde retratos y caricaturas, hasta caprichos, escenas taurinas, desastres de la guerra y sueños. La mitad de estos dibujos se conservan en el Museo Nacional del Prado. Por eso no resulta extraño que él haya sido precisamente el autor elegido para cerrar este año de celebraciones.

“Tuvimos siempre claro que el final del Bicentenario se haría con Goya”, explica el director del museo, Miguel Falomir. Y no uno cualquiera, sino el Goya menos visto. Para conmemorar estos 200 años de la pinacoteca, que se celebra justo hoy, 19 de noviembre, los comisarios han sacado del depósito gran parte de los dibujos del aragonés, en una feliz –y única– reunión que recoge gran parte del legado del artista.

El resultado es abrumador; por el número de obras expuestas, por la fuerza que desprenden y por los asuntos tratados (algunos de los cuales muestran una descarnada realidad). Baste citar su dibujo a lápiz rojo Las camas de la muerte(1812-1814), un condenado atado por los pies con las manos suplicantes que, según Goya, No se puede mirar (1808-1814) o La desesperación de Satán (1815-1825).

“Se trata de una exposición excepcional. Goya fue uno de los mejores dibujantes de todos los tiempos, con una calidad superlativa”, defiende Falomir. Una visión que corroboran tanto José Manuel Matilla como Manuela Mena, comisarios de la exposición, quienes han querido mostrar una nueva mirada del pintor y acabar con ciertos tópicos en torno a su figura, como esas ‘típicas’ majas, que no esconden sino escenas de prostitución, o las brujas celestinas que reflejan la realidad de la trata de menores.

Goya. Dibujos. «Solo la voluntad me sobra» se enmarca dentro del proyecto de catalogación de dibujos del autor de Fuendetodos iniciado en 2014, en colaboración con la Fundación Botín. “Todo un ejemplo de cooperación público/privada”, según el director de la fundación santanderina, Íñigo Sáenz de Miera. Además, dos restauradores han trabajado durante los últimos cuatro años para que las piezas ahora expuestas estén en perfectas condiciones.

El recorrido de la muestra plantea un paseo cronológico por las diferentes salas, desde el cuaderno italiano o el de Sanlúcar (A), hasta los realizados en Burdeos (G y H), sin olvidar sus Caprichos, Desastres de la Guerra o el Cuaderno de bordes negros (E). Tampoco faltan las ilustraciones que incluía en las cartas a su gran amigo Martín Zapater.

Asimismo, ofrece también otro segundo itinerario temático, especialmente en las dos estancias centrales. Aquí, uno de los mayores atractivos reside en poder disfrutar de 120 de las 126 hojas conocidas que componen el Cuaderno C (1808-1814), repleto de condenados por la Inquisición, encarcelados y monjes con gustos singulares, en el mismo orden en el que fueron creados.

Otro elemento que llama la atención es un álbum abierto con las páginas arrancadas que se expone en una vitrina central. La visión de este libro vacío impresiona. No es un elemento casual, sino la prueba de cómo las páginas dibujadas de Goya, tras permanecer dispersas y reunirse de nuevo, se pegaron sobre un soporte posterior. Un detalle sobre el que los comisarios quieren hacer hincapié, al tiempo que proponer una nueva manera de clasificar los ‘álbumes’ de dibujos goyescos, hasta ahora considerados ‘cuadernos’ según propuesta de Eleanor Sayre.

El singular montaje por el que discurre la muestra completa la experiencia visual del espectador, guiado por paredes y paneles blancos que delimitan el recorrido, al tiempo que iluminan cada estancia.

Cuando Francisco de Goya escribió desde Burdeos al político Joaquín María Ferrer se quejaba de su mal estado de salud. “Agradézcame usted mucho estas malas letras, porque ni vista, ni pulso ni pluma, ni tintero, todo me falta, y solo la voluntad de sobra”. Tenía 79 años, había sido pintor de dos reyes y retratista de nobles; hasta que, cansado, mayor y enfermo, se exilió a Francia.

Pero su voluntad, esa que le sobraba, todavía le daría energías para realizar varias decenas de dibujos –con un recién comercializado lápiz negro compuesto– repartidos entre los cuadernos G y H (fechados en 1826), incluido ese anciano barbudo con dos muletas titulado Aún aprendo. La perfecta metáfora para un artista con temperamento indomable y ávido de modernidad.

Hasta el 16 de febrero de 2020. Sol G. Moreno

«Me he vuelto viejo con muchas arrugas que no conocerías sino por lo romo y por los ojos hundidos… lo que es cierto que ya voy notando mucho los 41», Carta a Martín Zapater (1787)

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