Más de medio millón de euros en Segre
En la cita del 16 de diciembre sobresalieron las compras del Estado de los lienzos de Coxcie y Manuela Ballester, por 200.000 euros, el lienzo de Campano y la escultura de Torner
Que la tabla con un San Jerónimo penitente (O/T, 113 x 88,5 cm; lote 49) firmada en 1568 por el pintor de Malinas (Bélgica) Michel Coxcie y ofrecida en Segre, era una pieza importante, lo sabíamos. Sólo hacía falta contemplarla de cerca para darse cuenta de la calidad de su mano, que en su día gustó tanto a Carlos V como a Felipe II, reyes para los que trabajó Coxcie. En la biografía del pintor del museo del Prado, se lee que «sus mejores pinturas están firmadas y fechadas» (ver), como la que se ofrecía, y además procedía de la importante colección Laffitte, de Madrid, gran parte de la cual fue donada al Museo del Prado.
En nuestro artículo de previos (ver) habíamos comentado que era “testimonio sobresaliente de la producción madura (…), su lenguaje artístico alcanza toda su plenitud gracias a la monumentalidad miguelangelesca aprendida en Italia y la precisión descriptiva heredada de la tradición flamenca”. Así que no me sorprendió que el Estado la declarase inexportable primero, para adjudicársela después por los 90.000 euros de la salida. Y hemos podido saber que su destino final será Patrimonio Nacional.
De maestros del siglo XVII se vendieron varias obras. Del madrileño Juan de Solís, su Paisaje de invierno con ermitaño (O/L, 127 x 204 cm; 69), firmado y fechado, pasó de 8.000 a 11.000 euros, lo mismo que el pequeño cobre de Virgen con Niño Jesús dormido (O/cobre, 15,2 x 12,2 cm; 89), de Francesco de Mura, no Solimena como se había catalogado en un primer momento, que subió de 800 a 2.400 euros. Y por la salida, 10.000 euros, se adjudicó también el Bodegón con plato azul y blanco con frambuesas, manzanas, avellanas, pájaro y sortija (O/T, 24,3 x 36 cm; 88), atribuido a Josefa de Óbidos.
Del siglo XVIII, destacó el buen Estudio de cartón para tapiz con águila apresando un pato (O/L, 250,5 x 65,5 cm; 96), de José del Castillo. Destinado a la pieza de Cámara del Príncipe de Asturias en el palacio de los Borbones del Monasterio del Escorial, y basado en una obra de Paul de Vos conservada en la Academia de San Fernando, pasó de 10.000 a 12.000 euros.
Del XIX ya, el Retrato de don Manuel de la Pezuela y Ceballos, II Marqués de Viluma (O/L, 86 x 72 cm; 110), pintado en 1837 por Federico de Madrazo, pasó de 12.000 a 14.000 euros. Como habrán notado los lectores, no he mencionado las piezas importantes de Francisco de Goya, Jesús enseñando a los discípulos, c. 1773-1781 (O/L, 84 x 56 cm; 95), de primera época, ni el lienzo de Joaquín Sorolla, Escena romana, (O/L, 54,4 x 80,5 cm, BPS 294; 140), pintado en Italia en los primeros meses de 1889. La respuesta es sencilla: no hubo interesados en pagar los 300.000 y los 390.000 euros pedidos, respectivamente.
La otra venta importante de la tarde fue la adquirida también por el Estado. Me refiero al lienzo de la valenciana Manuela Ballester, pintora, cartelista premiada, militante comunista, esposa del reconocido José Renau y exiliada. Su Recuerdo de Valencia, 1939 (óleo sobre táblex, 78 x 58 cm; 372), procedente del propio estudio de la artista, se adjudicó finalmente por los 75.000 euros que se pedían. ¿Su destino? Se barajan varias posibilidades, como es lógico: el Reina Sofía, pero el IVAM, con su archivo y el de Renau, tiene también muchas posibilidades, más incluso que el Museo de Bellas Artes que últimamente ha hecho muy buenas compras.
Del cambio de siglo, sobresalió la Manolita, c. 1908 (O/L, 128 x 67 cm; 302), del extremeño Eugenio Hermoso, un retrato de paisana de tres cuartos, con ropa de la tierra sobre el campo como telón de fondo; no fue extraño que pasara de 9.000 a 13.000 euros. En ese sentido, con un punto bastante más moderno, pero sin llegar a sus piezas ya constructivistas, las más buscadas, tampoco extrañó a nadie que un coleccionista ofreciera los 26.000 euros que se pedían por el lienzo del uruguayo Joaquín Torres García, Bodegón con cacharro, 1930 (O/L, 40 x 50 cm; 377), expuesto en las galerías Sur de Uruguay en 1986, y Dalmau de Barcelona y Guillermo de Osma en Madrid, en 1995.
Respecto al arte de postguerra, varias ventas interesantes que debemos citar. La primera en cuanto a fechas, el gouache de 1957 de Equipo 57, Sin título (gouache y lápiz sobre papel, 35,5 x 48 cm; 396), que subió de los 7.500 euros de inicio a los 9.500 finales. Aunque sea obra posterior, destacaron varias compras de esos artistas. En escultura, La rectitud de las cosas VIII (puente), pieza única en acero inoxidable pulido con diez elementos macizos (36 x 60 x 40 cm; 407), realizada en 1980 por el recientemente fallecido Gustavo Torner, se disparó de los 12.000 euros de su salida a unos mucho más interesantes 30.000 finales, ofrecidos por un coleccionista al teléfono.
Con Martín Chirino, sucedió algo similar, pero a escala menor: El viento. Laberintia VII, 2007 (hierro pavonado, pieza única, 21,5 x 21,5 x 21 cm; 409), subió también de 21.000 a 28.000 euros. Y de Manuel Hernández Mompó, su Sin título, 1984 (pintura sobre metal, 60 x 40 x 10 cm; 417), procedente de la galería Theo de Valencia, pasó de 8.500 a 10.000 euros.
En las dos dimensiones, se adjudicó, como era previsible, el gouache sobre papel de Pablo Palazuelo: Cristalografía IV, 1985 (38 x 28 cm; 408), expuesto en la muestra retrospectiva del Reina Sofía de 1995, por los 25.000 euros de la salida. Y de 16.000 a 17.000 euros subió el precioso Espejo roto III, 1985 (malla metálica y pintura en marco elegido por el artista, 45 x 35 cm; 410), de Manuel Rivera.
En lo figurativo, sobresalió la venta del Equipo Crónica; su Hombre desde la ventana, 1979 (óleo sobre cartón, 77 x 107 cm; 431), procedente de la galería Maeght de Barcelona y expuesto en la misma galería, pero en Zúrich en 1979, en la Poll de Berlín en 1980 y de nuevo en la Maeght de París en 1980, se adjudicó por la salida, 18.000 euros.
Un buen lienzo de Juan Barjola, Tauromaquia [torero], 1985/90 (O/L, 100 x 81 cm; 546), pasó de 16.000 a 18.000 euros, oro puro hoy día. Sorprendió que el papel de Eduardo Úrculo, La española, 2000-2001 (ceras, carboncillos y gouaches, 100 x 72 cm; 549) se disparara de los atractivos 2.500 euros de inicio a nada menos que 14.000 euros finales, quizá por ser el boceto preparatorio para la obra de igual título del calendario encargado por la Unión española de explosivos (MAXAM). Pero claro, nada que ver con el dibujito Paloma de la paz, 1952 (lápices azul y rojo, firmado y dedicado, 21 x 18,8 cm; 386), de Pablo Picasso, adjudicado por la salida, 21.000 euros…
Por último, una de mis gratas sorpresas de la noche. De Miguel Ángel Campano, se ofrecía uno de los grandes y más trabajados lienzos -aunque parezca a primera vista lo contrario- de La Grappa, su conocida y reputada serie: La Grappa XIX, 1986 (óleo sobre lienzo, de nada menos que 195 x 245 cm, con distintas intervenciones en la obra del 20, 21, 22 y 23 de enero; 21 de febrero; y 10 y 19 de marzo; 440). Procedente de la galería Fernando Vijande, y expuesta en el VII Salón de los 16 en el Museo Español de Arte Contemporáneo de Madrid en 1987, pasó de unos muy prudentes 12.000 euros a los 32.000 finales, que muestran el interés de varios coleccionistas que pujaron por ella, sabiendo su calidad e importancia. Y del rumano Corneliu Baba, su Maternidad, 1968 (O/L encolado a cartón, 39 x 30 cm; 522), subió de 3.500 a 19.000 euros como esperábamos pues ya habíamos visto varios de su mano en el mercado en este último año con los que había sucedido lo mismo. Sólo los remates citados aquí suman casi 500.000 euros. Feliz Navidad y a por el merecido descanso. Daniel Díaz @Invertirenarte








