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ADIÓS A LAS COLAS KILOMÉTRICAS EN LOS MUSEOS

Los centros españoles ofrecen unas cifras escuálidas de visitantes en un año marcado por la clausura total de sus salas durante casi tres meses, la restricción de aforos a partir de junio y el cierre perimetral de Comunidades. Sin embargo, la obligación de mantener la distancia de seguridad ha contribuido a una mejor contemplación de las obras y eso ha animado a los espectadores locales a regresar más a menudo. ¿Estará cambiando la forma de acercarnos a los museos?     


Cuando el pasado mes de abril hablaba sobre los retos de los museos en esta nueva época y la forma de experimentar el arte, no me refería solo a las decenas de alternativas virtuales que surgieron de forma temporal durante los meses de confinamiento, sino que pensaba a medio/largo plazo. ¿Qué pueden hacer los museos para mantener vivo el interés por sus colecciones? ¿Y cómo atraer público?

Las exposiciones previstas para el primer semestre del año parecen dar alguna pista sobre la primera pregunta, pues muchas instituciones han apostado por estudiar sus propios fondos y recuperar piezas de los almacenes. Es decir, han optado por potenciar lo propio.

La respuesta a la segunda pregunta la encontramos, quizá, en los datos de visitantes ofrecidos durante los últimos días por los museos, cuyas pérdidas son evidentes. Cifras nada positivas y forzosamente bajas que invitan a la reflexión. Si el turismo no va a funcionar como balón de oxígeno en los próximos meses, solo queda una opción: apostar por la fidelización del visitante local, que es quien ha apoyado a los museos en este año marcado por la COVID-19.   

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En 2020 apenas se han visto las habituales colas en el Museo del Prado y los grupos de niños han dejado de abarrotar la sala del Guernica en el Reina Sofía. Por eso extraña poco que el número de visitantes de ambas instituciones haya caído en picado. En el caso de la pinacoteca dirigida por Miguel Falomir, han pasado de un máximo histórico de más de tres millones de visitantes en su bicentenario a 852.161 espectadores; mientras que el Centro de Arte liderado por Manuel Borja-Villel ha perdido casi el 72% del público que tuvo el año pasado (1,2 millones frente a los 4,4 de 2019).

Estas cifras, traducidas a términos económicos, demuestran la hecatombe a la que se enfrentan estos y todos los museos nacionales. Pero lejos del discurso pesimista, cabe buscar una interpretación más constructiva. Cerca del 78% del total de visitantes del Prado eran madrileños –lógico, si tenemos en cuenta las restricciones–, pero es importante recalcarlo porque un alto porcentaje de esos espectadores seguro que ya había visitado el museo previamente (es decir, que en 2020 regresó).

Reencuentro, el nuevo montaje de la colección permanente que puede visitarse actualmente –recordemos que la pinacoteca no ha reabierto completamente sus salas– acogió a 295.806 espectadores, mientras que la pospuesta y esperada exposición de Invitadas ya ha sido disfrutada por casi 43.000 personas.

En el caso del Museo Reina Sofía, se ha roto la tendencia al alza y el incremento progresivo de visitantes de los últimos años. En 2020 ha conseguido sumar 1.248.486 espectadores entre todas sus sedes, con el Palacio de Cristal a la cabeza (608.603 visitantes)

La exposición de Petrit Halilaj inaugurada en julio supuso un gran atractivo para el público, deseoso de pasear entre sus coloridas flores gigantes, además de recuperar las vistas de la privilegiada ubicación del espacio. La sede principal del museo contó con 448.211 espectadores, mientras que al Palacio de Velázquez acudieron 191.672 personas.

El Thyssen-Bornemisza ha pasado de superar el millón de visitas en 2019 a registrar 341.008 espectadores, pero este 2021 se presenta más que optimista con la celebración del primer aniversario del nacimiento del barón. Por su parte, el Guggenheim de Bilbao ha cerrado el año con 315.908 visitantes (frente a los 1,17 millones de 2019). Una caída que se ha paliado con el incremento notable de visitas virtuales y actividades para buscar la interacción con el público en las Redes Sociales. En su caso, la cifra de espectadores españoles asciende al 61%, la mitad procedentes del País Vasco. Los vecinos franceses han acaparado el 18% del público extranjero total, seguido de los británicos, alemanes e italianos.

La buena noticia es que el porcentaje de vizcaínos que ha acudido al museo se ha incrementado en un 50%, el doble que el año pasado. Esas 69.861 personas locales, unidas al rejuvenecimiento del público especialmente en la muestra de Olafur Eliasson, suponen un rayo de esperanza para el futuro. En esa misma ciudad, el Museo de Bellas Artes cierra este año aciago con 82.222 visitantes, frente a los 250.742 del año pasado. 

En Barcelona, los principales museos también registraron una caída del 75% de público. Por ejemplo, el MNAC ha cerrado el año con 210.465 visitantes y el Macba con 86.000. También el Museo Picasso de Málaga, el más visitado de Andalucía, ha despedido 2020 con malos datos, pues ha pasado de las 703.807 visitas del año pasado a las 164.000 actuales.

De igual forma, el IVAM lamenta la pérdida del 60% de su público y registra 74.173 espectadores, 83% nacionales. Una vez más, cabe destacar el dato de visitantes de la ciudad de origen, ya que 9 de cada 10 personas procedía de Valencia. Como es previsible que esta tendencia se mantenga a lo largo de 2021, cabría esperar una estrategia específica por parte de las instituciones para fidelizar al público local que, además, ha agradecido regresar a los museos de sus ciudades con más calma, más espacio y menos colas de espera. Sol G. Moreno 

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