Siempre he pensado que Picasso era, en esencia, un devorador. Un artista que se apropiaba de todo lo que veía a su alrededor; unas veces física o corporalmente y, más a menudo, visual e intelectualmente. Un auténtico devorador de imágenes, que si no sé si habría estado a gusto en nuestro mundo actual, cargado cada día de miles de ellas.
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