Ansorena, entre Picasso y Boudin
Un gouache con guitarra del malagueño y un paisaje del francés serán probablemente las obras más miradas de la cita de los días 24 y 25 de febrero
(Si quiere ver los resultados de la subasta, pulse aquí)
Siempre he pensado que Picasso era, en esencia, un devorador. Un artista que se apropiaba de todo lo que veía a su alrededor; unas veces física o corporalmente y, más a menudo, visual e intelectualmente. Un auténtico devorador de imágenes, que si no sé si habría estado a gusto en nuestro mundo actual, cargado cada día de miles de ellas. El resultado es que su estilo se metamorfoseaba en poco tiempo, pasando de rosas a azules, de cubismos a líneas sinuosas y así hasta el final de su vida.
Ansorena ofrece un pequeño dibujo de su mano, pintado en 1919 con lápiz y gouache: Natura norte á la guitaire (12,7 x 9,8 cm; lote 576). Se trata de un trabajado trabajo, con líneas repasadas, de un interior con balcón dando al cielo, y mesa con guitarra delante, y colores en las patas que juegan a hacer confundir la perspectiva y la apreciación de las formas. Todo muy sencillo, pero inteligente. Estamos ya en el final del cubismo sintético, e intuimos que algo diferente viene dentro de poco.
Realizado en Saint Raphaël (Francia), procede de la colección de Jacquelyn Miller Matisse, vendida una parte en febrero de 2009 en Christophe Joron-Derem, París, por éste se pagaron en aquel momento 74.352 euros (ver), a cierta distancia de la estimación de 40.000 a 50.000 euros. Más allá de la esperpéntica desaparición o verdaderamente extraño olvido para su exposición en CajaGranada Fundación en octubre pasado, cuando se aseguró por unos asombrosos 600.000 euros (ver), ahora, diecisiete años después de su compra, se piden 100.000 euros de inicio. A cierta distancia de los 173,000 USD pagados en Christie’s Nueva York en noviembre de 2014 por Nature morte à la guitare (Composition cubiste) (15,5 x 10,6 cm, ver), fechado el 2 de abril de 1920, o de los 285.000 euros pagados en Sotheby’s París en noviembre de 2017 por Compotier sur un meuble, del 18 de febrero de 1920 (gouache, 15,8 x 10,9 cm; ver), dedicado a Eugenia Errázuriz en París, regalo del artista.
Si avanzamos en ese siglo XX, me parece especialmente interesante el lienzo de Hermenegildo Anglada Camarasa, Cesta con uvas, peras y manzanas, 1940/47 (O/T, 45 x 55 cm; 579), con atractivo boceto de una de sus gitanas en el reverso. Con el visto bueno de Miralles-Fontbona (Polígrafa, 1984, págs. 200 y 295, núm. F42, fig. 378), se piden unos atractivos 40.000 euros de inicio, por encima de los 45.000 por El Llobregat desde Castellar, c. 1938 (O/L, 60 x 60 cm; 580). En esa línea figurativa, de renovación del paisaje castellano, como verdadero contraste por la austeridad que muestra -tanto en los colores como en la capa pictórica, se sitúa un imponente Verano (Castilla), 1957 (O/L, 73 x 92 cm; 587), de Godofredo Ortega Muñoz, presente en seis muestras y publicado nada menos que en diez ocasiones. Y se ofrece por 34.000 euros, una auténtica oportunidad si tenemos en cuenta las seis cifras ya que hasta hace bien poco se pedían por estos tamaños y estas calidades.
En línea abstracta, del El Paso, y aprovechando tal vez el tirón de la reciente exposición en la galería de Guillermo de Osma de esos años del autor, sale a pujas un duro pero típico lienzo de Rafael Canogar: Sotana, 1960 (O/L, 200 x 150 cm; 701), expuesto en 1988 en Murcia y en Seúl, y procedente de la colección de Concha Velasco y Francisco Marsó. Salida: 60.000 euros, no fáciles hoy día.
Más amable fue siempre la abstracción de Eusebio Sempere, vinculada a la geometría y su variable percepción según el punto de vista. Se ofrece por 9.000 euros un atractivo Sin título, 1975 (técnica mixta/T, 52 x 50 cm; 699), con sus degradados de color habituales y que gustará a sus coleccionistas. Y de Eduardo Arroyo, vean también Ángelus, 1994 (O/L, 300 x 300 cm; 702), presente en la Bienal de Venecia de 1995, por 42.000 euros; remedo de la estampa clásica, ha cambiado la Virgen por un hombre con bigote, sobre un fondo plano dorado pero poblado de insectos y enanos.
Si retrocedemos en el tiempo, es interesante por lo poco frecuente en el mercado, el Florero de clavelinas blancas y amarillas, c. 1913 (O/L, 65 x 54,5 cm; 581), de Juan de Echevarría, uno de los nombres propios de la renovación figurativa vasca. Presente en nueve muestras, desde 1916 a 2004, y con certificado de Verónica Mendieta, saldrá a pujas desde los 25.000 euros. En línea similar, quizá en segundo plano y en Cataluña, de Eliseo Meifrén vean su Marina (O/L, 80,5 x 100 cm; 187), con un interesante celaje y su borroso doblado en la playa, por 18.000 euros. En la madrileño, de Aureliano de Beruete, La tapia de El Pardo y el Guadarrama, 1904 (O/L, 35 x 49,5 cm; 188), presente en su exposición homenaje de 1912 en la casa-estudio de Joaquín Sorolla. Salida: 20.000 euros.
La mejor pieza del siglo XIX probablemente sea la del francés Eugene Boudin, gran paisajista especializado en puertos, playas y mares, y especialmente buscado cuando aparecen veleros en sus lienzos. De su mano se ofrece Le Seine a Quilleboeuf, c. 1892/94 (O/L, 56 x 91,5 cm; 184), un vista del río Sena tras pasar por Ruan y poco antes de llegar a la desembocadura en Le Havre. Comprado en junio de 1998 en Tajan, París por 520.000 francos (79.276 euros), se subasta en Castellana 150 en septiembre, perdiendo dinero con su adjudicación por 78.283 euros…. Ahora, casi 30 años después, saldrá por 60.000 euros, y es obra que debería subir, y más si tenemos en cuenta que una sencilla limpieza superficial daría una luminosidad y un colorido bien distintos.
Y de Ricardo de Madrazo, concluida su reciente muestra, quizá veamos otra venta de cierto calado de Mujeres venecianas sacando agua de un pozo, 1878 (O/L, 67 x 96 cm; 182), y suba de los 30.000 euros pedidos; con la que parece Aline en el pozo, hay todo un conjunto de personajes, animales y ambiente alrededor que veremos si favorecen la venta.
En maestros antiguos, la gran atracción será, sin duda, la portada del catálogo el San José con el Niño Jesús, 1641 (O/L, 160 x 113 cm; 103) del sevillano Francisco Herrera, el viejo. Firmado y fechado, y procedente del coro alto del convento de los mercedarios descalzos de Sevilla, sobresale “su brillante paleta cromática en la que destaca el luminoso amarillo del manto sobre la oscuridad del fondo”. Ofrecido en Durán por 36.000 euros en un lejano ya diciembre de 2003, lo intentará de nuevo, partiendo esta vez desde los 20.000, que deberían subir. Y en la línea internacional, del mexicano Miguel Cabrera, una Virgen de Guadalupe (O/L, 43,5 x 29 cm; 88), por 6.000 euros, y dos tablas de Agostino de Vaprio, San Esteban y san Lorenzo (O/T, 75,5 x 26,5 cm c/u; 108) por 8.000 euros. Daniel Díaz @Invertirenarte








