Segre ofrece la colección de Gustavo Torner
La cita del 15 de septiembre viene cargada de calidad, con nombres de recocidos artistas, y la posible compra del Estado de una tabla de Alejo Fernández
(Si quiere conocer los resultados de la subasta, pulse aquí y aquí)
Segre, la sala del Viso, comienza la nueva temporada con piezas que prometen aparecer en las listas recopilatorias de final de año, cuando se toma la distancia necesaria para ver las ventas y las tendencias con una mayor y mejor perspectiva.
Un año después del fallecimiento del conquense Gustavo Torner (1926-2025), la sala ofrece pinturas y esculturas ejecutadas por él entre 1978 y 2011, y una amplia selección de obras de su cuidada colección, lotes 391 a 414. De las primeras, las de su mano, con su característico juego geométrico, sobresale La rectitud de las cosas XXVIII, 2009, una escultura en acero cortén de 100 x 130 x 100 cm (394), por 27.000 euros; una versión reducida La rectitud de las cosas XXXIX, 2011 (hierro pavonado, 30 x 40 x 35 cm; 401) por 11.000 euros; y, entre otras, su pintura abstracta Sin título, 1996 (látex, feldespato y acrílico/L/T, 210 x 130 x 4,5 cm; 414), típica de su mano, por 13.000 euros.
De las segundas, obras de reconocidos aristas de su selecta colección, entresaco las más destacadas. De Fernando Zóbel, Sol poniente reflejado en un almendro en flor, 1970 (O/L, 100 x 100 cm; 392), fechado en Cuenca el 12 de abril de 1970, con los esperados tonos rosas del almendro y la sorpresa del amarillo del sol poniente, por 90.000 euros. De Manolo Millares, una delicada arpillera blanca, las menos habituales y ligeramente más complacientes o menos duras, Mutilado de paz, 1966 (O/L, 81 x 64 cm; 395), por 135.000 euros. De José Guerrero, y por 72.000 euros, un dramático abstracto en rojo y negro Sin título, 1968 (O/L, 81 x 65 cm; 397), magnífico ejemplo de esa época de Guerrero, para muchos la mejor, que está dedicado “Para el inquieto amigo Torner”.
Y de Carmen Laffón, a medio camino entre el bodegón y el paisaje con una vista desde una terraza -eso sí, sin el glamour que hoy tienen los buscados rooftop de las ciudades- Las uvas, 1963 (O/L, 97 x 130 cm; 400), por 52.000 euros, en la línea de los tres ejemplos que se pueden ver aún en la exposición retrospectiva de la autora en el Thyssen (ver). Vean también con detalle las piezas de Gerardo Rueda, Manuel Hernández Mompó, Eusebio Sempere, Jordi Teixidor y un largo etcétera. Aunque sea sólo por apreciar la amistad y el buen gusto de Torner, al que tanto debemos, merece la pena una visita física a la sala, con la que seguro saldremos ganando. Y, ya fuera de la colección, vean uno de los últimos bodegones de Eduardo Úrculo: Fin de siglo, 2000 (O/L, 200 x 200 cm; 481), por 38.000 euros.
Por otra parte, el simple hecho de que aparezca en el mercado un cuadro de Antonio López es ya un motivo de alegría. En este caso, Pablo y Paz (O/T, 85 x 124 cm; 389), firmada en 1962 con apenas 26 años, es una obra de casi primera época, podríamos decir, cuando no había definido aún su característico estilo, pero ya mostraba su dotes. Con una ‘pesada’ figuración de raíz clásica, fruto de su estancia romana, uniendo dos imágenes en el mismo plano y añadiendo las rugosas y extrañas manos, respira un aire nuevo, no terminado de definir pero que habla ya de otra cosa.
Su precio, 290.000 euros, por encima de los 138.000 euros ofrecidos en la misma sala en diciembre de 2022 por Rosas rosas, 2007 (O/L, 51 x 48 cm; ver), quizá beba demasiado del entusiasmo por los nada menos que 1,984,000 USD (1.706.033 euros) pagados en mayo pasado en Sotheby’s Nueva York por una de sus piezas icónicas: El cuarto de baño, 1966 (O/L, 228,6 x 120,3 cm; ver), tras salida por apenas 200,000-300,000 USD de estimación…
En el apartado de pintura antigua brillará una tabla inédita de Alejo Fernández (c. 1470-1545), aunque de origen alemán, una de las personalidades más relevantes del primer Renacimiento hispano. Del final de su etapa de juventud, Preparación para la Crucifixión (óleo y dorado sobre madera de roble, 110 x 92 cm; lote 105) es ya una obra importante, procedente muy probablemente del desaparecido retablo mayor del monasterio jerónimo de san Jerónimo de Valparaíso, en Córdoba, de donde proceden también las ya conocidas Beso de Judas y Jesús camino del Calvario, de muy similares características (ver).
Para enriquecer la lectura del episodio, Alejo Fernández plantea diversos planos narrativos. Así, junto a los sayones estirando las cuerdas mientras otros se juegan las vestiduras de Cristo, vemos al fondo a san Juan con las Marías, dando profundidad a la escena; a la izquierda, además de un posible autorretrato en el personaje que nos mira, un oficial romano y un dignatario judío aprueban los preparativos de muerte de un Cristo que aparece con una dignidad casi divina.
Tal tabla, que me parece de evidente interés para el Estado, deberá comenzar sus pujas desde los 90.000 euros, a no demasiada distancia de la adjudicación de su obra más cara hasta el momento, 120.000 euros, por Beso de Judas o El prendimiento de Cristo (O/T, 110 x 92 cm; ver), en Christie’s París en junio de 2011 (145.000 euros, sumado ya el premium de la sala con los impuestos). En este sentido, recordemos que en febrero pasado, Christie’s Nueva York vendió por 107,950 USD (91.497 euros) una tabla -creo que menos interesante- con el Entierro de san Jerónimo (O/T, 140 x 93 cm; ver), procedente del mismo monasterio jerónimo. En octubre de 2024, Fernando Durán adjudicó por 65.000 euros su Nacimiento de la Virgen (O/T, 55 x 65 cm; ver), que había partido desde los 28.000 euros. Más allá de esta obra, vean también la atribuida a Nicolás Régnier (lote 104), la de un seguidor de Nicolás Poussin (114) y la del taller de Rubens (113). Nada más y nada menos; todo un inicio de curso con mucha altura. Daniel Díaz @Invertirenarte








