La colección de Gustavo Torner también triunfó en Segre
Junto a la compra del museo del Prado de la tabla de Alejo Fernández, magníficas ventas en la cita del 15 de septiembre
Cualquiera que viera el catálogo de la subasta de Segre o hubiera visitado la exposición habría deducido rápidamente que se trataba de una colección de especial calidad, casi mimada, podríamos decir. No sólo por la procedencia, Gustavo Torner, uno de los artífices del Museo de arte abstracto español de Cuenca y amigo personal de muchos de los integrantes de El Paso y de otros, sino también por la propia calidad de las obras seleccionadas por el ojo de un artista.
Y el tiempo y las ventas por 630.000 euros le han dado la razón. La obra más cara fue, finalmente, la arpillera blanca de Manolo Millares, menos agresiva sus habituales negras y con un tamaño muy doméstico: Mutilado de paz, 1966 (O/L, 81 x 64 cm; 395), que terminó subiendo, en buena lógica, de 135.000 a 190.000 euros. Seguida muy de cerca por la otra pieza verdaderamente importante, el lienzo limpio y gozoso, con esos tonos rosas de almendro y dorados de sol sobre blancos, de Fernando Zóbel, Sol poniente reflejado en un almendro en flor, 1970 (O/L, 100 x 100 cm; 392), fechado en Cuenca el 12 de abril de 1970: de 90.000 a 150.000 euros, como era de esperar.
Algo más de sorpresa hubo con Carmen Laffón, aunque entiendo que su actual exposición en el Thyssen también ha ayudado a descubrir a algunos, o redescubrir a otros, una muy buena artista; su lienzo Las uvas, 1963 (O/L, 97 x 130 cm; 400), a medio camino entre el bodegón y el paisaje con una vista desde una terraza, pasó en pocos segundos de 52.000 a 80.000 euros.
La obra del propio Gustavo Torner, obtuvo una muy buena acogida. La más destacada fue, como parecía lógico al inicio, La rectitud de las cosas XXVIII, 2009, una escultura en acero cortén de 100 x 130 x 100 cm (394), que se ofrecía por 27.000 euros, pero que se disparó a los 80.000 euros de martillo, una auténtica sorpresa. Pasa a ser su obra más cara, superando con creces los 30.000 euros de remate de La rectitud de las cosas VIII (Puente), 1980 (36 x 60 x 40 cm, ver) en diciembre pasado en esta misma sala. Las olas I (A Turner), 1980 (acero inoxidable pulido, pieza única, 25,5 x 30 x 28,5 cm; 393), subió de 9.000 a 10.000 euros. Y en pintura, se adjudicaron por la salida, Sin título, 1996 (látex, feldespato y acrílico/L/T, 210 x 130 x 4,5 cm; 414), 13.000 euros y, por 11.000, Otomano, 1993 (látex, feldespato y A/L, 120 x 240 cm; 408).
No acabaron aquí las ventas de la colección; mencionemos algunas más. La obra de Manuel Hernández Mompó, muy trabajada y de tamaño mediano, Sin título, 1964 (O/L, 67 x 49,5 cm; 396), subió de 15.000 a 22.000 euros. Con una fuerte subida, de 5.500 a 15.000 euros, La ventana, 1974 (pintura sobre madera, 125 x 8 x 105 cm; 412), de Miguel Ángel Campano. Las dos composiciones a modo de esculturas de Gerardo Rueda: Sin título, 1965 (óleo sobre lienzos de diferentes formatos, 102,5 x 83 x 4,5 cm; 391), duplicó su salida de 6.500 hasta los 14.000 euros; e Itálica, 1971 (pintura sobre madera, 146 x 111 x 4,5 cm; 409), de 7.000 a 8.000 euros.
O el lienzo de 1960 de Luis Feito, Sin título (O/L, 27 x 41 cm; 402), pujado desde los 6.200 hasta nada menos que 13.000 euros. Y de Eusebio Sempere, su típico gouache y lápiz Sin título, 1965 (46 x 38,5 cm; 403), voló de 4.200 a 9.000 euros. La única pieza importante no vendida fue el lienzo de 1968 de José Guerrero, Sin título (O/L, 81 x 65 cm; 397), por el que se pedían 72.000 euros. Y hasta aquí, la colección de Torner.
Fuera de la colección, destacaron los 60.000 euros del bodegón de gran formato y formas muy estilizadas ya, típico de los últimos años de Eduardo Úrculo: Fin de siglo, 2000 (O/L, 200 x 200 cm; 481), lejos de los 38.000 iniciales. La escultura de Amadeo Gabino, Marte, 1973 (escultura giratoria en hierro y hacer, pieza única, 60 x 50,5 x 50,5 cm; 380), pasó también de 8.000 a 14.000 euros. Y las sorpresas: de Xavier Valls, su Ceramics au tapi rouge, 1970-1971 (O/L, 91 x 72 cm; 485) subió de 2.500 a 11.000 euros, la misma cifra que alcanzó Nude, 1975-1976 (O/L, 115,5 x 140 cm; 486), de Cristóbal Toral, que había partido desde los 4.500 euros.
En cuanto a las obras sobre papel, el sencillo pero colorido dibujo con lápices de color de Joan Miró, Sin título, hacia 1968 (49 x 37,5 cm; 376), entusiasmó a los coleccionistas; obra trabajada, dedicada al galerista Fernando G. Guereta, triplicó su salida, pasando de 12.000 a 34.000 euros. El montaje de dos fotografías a color unidas con hilo de Andy Warhol, Drinking Coca-Cola myself in the Factory, 1986 (36 x 47,5 cm; 426), alcanzó los 13.000 euros, ofrecidos desde la web, a cierta distancia ya de los 9.000 iniciales.
De Marc Chagall, su simplificado Pájaro, c. 1969 (tinta sobre papel, 20,9 x 26,7 cm; 373), duplicó su precio, subiendo de 5.000 a 10.000 euros. De Equipo Crónica, Abanico y bufona, de la serie Crónica de la transición, 1980 (gouache, pastel y lápiz sobre papel, 100 x 70 cm; 417), pasó de 11.000 a 15.000 euros. Y en grabado, de Carlos Cruz Díez, su Inducción cromática a doble frecuencia, 2016 (carpeta con 10 litografías, edición de 40 ejemplares, 60 x 60 cm; 642), perteneciente a la serie Kamarata y editada por Polígrafa, se adjudicó por los 15.000 euros de inicio.
Del siglo XIX, sobresalieron los 11.000 euros ofrecidos, los pedidos tanto por Baile flamenco (O/L, 41 x 65,5 cm; 126), de José Villegas Cordero, como por Brume le soir a Nantes (O/L, 45 x 38 cm; 143), del francés Maxime Maufra.
Y en maestros antiguos, la ya comentada tabla de Alejo Fernández, Preparación para la Crucifixión (óleo y dorado sobre madera de roble, 110 x 92 cm; 105), del final de su etapa de juventud y procedente, muy probablemente, del desaparecido retablo mayor del monasterio jerónimo de san Jerónimo de Valparaíso, en Córdoba. Como ya hemos escrito (ver), tras ser declarada inexportable, varios coleccionistas intentaron hacerse con ella y en pocos segundos pasó de 90.000 a 130.000 euros, momento en que el Estado ejerció su derecho de tanteo y la compró el museo del Prado por un precio final de 158.314 euros.
La otra venta importante fue, sin duda, los 17.000 euros ofrecidos por la buena versión del siglo XVII del taller de Pedro Pablo Rubens de La caza de Meleagro y Atalanta (O/L, 119 x 171,6 cm; 113), que había comenzado las pujas desde los 15.000 euros. Poco más pues los números hablan por sí solos. Enhorabuena a la sala por este brillante inicio de curso. Daniel Díaz @Invertirenarte








