Juan Uslé, entre lo vivido y lo soñado, en el Reina Sofía

Juan Uslé, entre lo vivido y lo soñado, en el Reina Sofía

Hoy se ha abierto al público en el Museo Reina Sofía la retrospectiva Juan Uslé. Ese barco en la montaña, que abarca cuatro décadas de trayectoria plástica del pintor cántabro, a través de alrededor de un centenar de obras, entre pinturas, dibujos y fotografías, procedentes de colecciones públicas y privadas, así como del fondo conservado por Juan Uslé (Santander, 1954) y Victoria Civera (Puerto de Sagunto, Valencia, 1955), que han sido seleccionadas por el comisario Ángel Calvo Ulloa. Un recorrido circular por uno de los artistas españoles con mayor proyección internacional que se ha caracterizado por la exploración de la abstracción lírica y por transitar por los lugares recurrentes de la memoria. La ambiciosa exposición se podrá visitar hasta el 20 de abril.

JUAN USLÉ- En su casa-estudio en Saro ( Cantabria)_ABRIL 2021. © Sofía Moro

Manuel Segade, director del Museo Reina Sofía, dijo que la exposición es fundamental para entender la evolución de su carrera plástica y recordó que es la segunda que le organiza el Museo tras Open Rooms (2003) en el Palacio de Velázquez y le agradeció que unas obras de Uslé que estaban en depósito temporal pasen a ser permanentes para la colección del Museo.

Ángel Calvo, comisario y escritor, mencionó que habían sido dos años de preparación para una ‘travesía’ personal y enriquecedora por la experiencia de concebir um proyecto expositivo como este, que “ha buscado no separar por famílias sino verla con períodos y dio algunas claves: cómo la fotografía la hace a modo de su pintura, visible en Linea Dolca; y cómo la idea de la imagen y de esta en movimiento es una forma de reafirmar la pintura.

Juan Uslé ahondó en haber compartido la selección de obras con una persona de otra generación, más joven en este caso, y agradeció la generosidad de las galerías, coleccionistas particulares y museos que han cedido las piezas para que se puedan ver en el Reina Sofía. Y dejó dos reflexiones de su experiencia artística y vital: “siempre encuentras algo o a alguien que te ayuda en momentos difíciles”; y respecto a su pintura “lo que sigue es el deseo, que se alimenta de dosis de ambición y de exigencia personal”.

Precisamente Ese barco en la montaña toma como punto de arranque un acontecimiento que quedó grabado en su memoria: el hundimiento del buque Elorrio en 1960 en la costa de Langre (Cantabria), en un lugar próximo a la casa en que vivía Uslé con su familia. Ese hecho vinculado a su infancia es uno de los recuerdos que el artista rememora con más asiduidad, y comienza a plasmarlo en sus creaciones poco tiempo antes del momento en que él mismo atraviesa el Atlántico para instalarse en Nueva York.

La exposición se estructura en once salas, de un modo circular, lo que permite un periplo cronológico, que revela las interrelaciones que hay entre las distintas series o familias de obras, que se van solapando o discurriendo en el tiempo. Muchas de sus pinturas, dibujos y fotografías ayudan a comprender mejor el proceso de creación de Juan Uslé, sus descubrimientos, sus evoluciones y sus dudas y cómo transita por los territorios de la memoria y los sueños.

El artista subraya algunas ideas recurrentes en su trabajo, como «la intención de no quedarse en la zona de confort del estilo», lo que le lleva a «un proceso de constante descubrimiento, de viaje o de periplo»; también «la indagación sobre distintos tipos de belleza, que no tiene por qué estar en lo evidente», o «la importancia de lo espacial y lo atmosférico, que a menudo dan lugar a una ambigüedad y a una complejidad que requieren de un tiempo largo de contemplación y escucha».

La primera sala sirve de prólogo pero también tiene algo de epílogo en ese periplo circular. Algunos lienzos de finales de los años ochenta, de la serie L’observatoire (1988) y otro de la serie Nemasté (1990) que se interrelacionan con un cuadro de gran formato Soñé que revelabas (Churchill) de 2021, que pertenece a su serie o quizás saga fundamental que ha retomado a lo largo de diferentes épocas, desde que la comenzara a finales de los años 90, sin dejar de mencionar una obra que ha terminado recientemente (2024-2025). Hay en este espacio como en otros de la exposición una mirada de curiosidad y de exploración con una carga de ironía y de reflexión crítica.

Juan Uslé. Untitled, 1987. Colección Uslé – Civera. © Juan Uslé, VEGAP, Madrid, 2025
Juan Uslé. Amapola (Poppy), 1991. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Depósito Colección Soledad Lorenzo, 2014. © Juan Uslé, VEGAP, Madrid, 2025
Juan Uslé. Mi-Mon (Miró versus Mondrian), 1992. Colección Uslé – Civera © Juan Uslé, VEGAP, Madrid, 2025

En ese cronología, la sala segunda reúne un conjunto de obras realizadas por Juan Uslé entre 1986 y 1989, un período de tránsito geográfico y personal. En 1986 vivía en un entorno natural y pintó 1960 Boat at Sea (1986), que gira en torno a ese episodio de su infancia que marcó su imaginario; y Casita del norte, del mismo año, que representa un promontorio con una pequeña estructura que servía de refugio. Su obra se torna más lírica en ese paisajismo a media luz. Y en ese  momento se produce su viaje e instalación en Nueva York. Vive cerca del puente de Wiliamsburg y pinta esa atmósfera de tránsito y algunas series como Engo NY (1987), The Book of Landscapes (1987-88) y Ojo y paisaje (1988-1989).

Las obras que cuelgan en el siguiente espacio evidencian cambios en su producción, que ha oscilado desde una visión muy personal del lenguaje internacional dominante a una exploración más introspectiva, enfocada a descubrir y hallar refugio en el paisaje interior. Junto a tres pinturas de gran formato: Gulf Stream (1989), Etelvina (1990) y Veneno (1990-91) coexisten una serie de pequeñas telas como Ryder Blue o Amapola (1991), definidas pero que fueron antesala de aquellas de mayor formato que caracterizan su etapa de las décadas de 1990 y 2000.

La documenta IX de Kassel (1992) en la que Juan Uslé participó y que comisarió el belga Jan Hoet, que había seleccionado nueve pinturas. De ellas en la sala 4 se pueden observar en la retrospectiva Guess-Who, Engo-Engo, Pío-Peo y Mi-Món (1992), con una cuidada calidad cromática, en las que alterna una paleta oscura con otra de colores más vivos, con esa gradación de azules y verdes, que domina Uslé. A la vez surgen unas cuadrículas que marcan un ritmo de repetición y acotación que comienza a aparecer de forma recurrente como  Red Works (1992) y de Mi-Món (1992), dos obras que dan inicio al período de las pinturas Celibataires.

La quinta sala se adentra en los años noventa. En la primera mitad de la década, Juan Uslé consolida los fundamentos de Nemasté, pero en esa búsqueda constante se da la conexión con dos artistas tan importantes como Joan Miró y Mondrian a los que dedica una obra, Mi-Món (1992), expuesta un poco antes. Y también se observa la influencia que tuvo Nueva York con la complejidad que ello conlleva: Gramática Urbana (1992) o Huida de la montaña de Kiesler (1993), que reafirman un cierto giro pictórico. Muchas de las obras terminan siendo espacios donde se permean recuerdos de infancia, anécdotas cotidianas o escenas imaginadas. Y destacar una obra muy relevante como The Little Human Element (1998-1999), que sirvió de relación con otras series.

En el ecuador de la retrospectiva vuelve con fuerza la memoria o su pérdida como denota Amnesia (1992), una singularidad dentro de su repertorio; o esa otra titulada Asa Nisi-Masa, que produjo dos años más tarde y que está vinculada con el cuadro Mal de sol (1994), en el que evoca un episodio de su infancia, cuando tuvo que permanecer durante varios días en penumbra a causa de una insolación. En estas obras de fondo blanco, la luz tenue deja entrever imágenes difusas a través de las rendijas que se originan en los extremos de cada pincelada.

En la sala 7 encontramos las dos primeras obras de la serie Soñé que revelabas (1997), puestas en relación  con otras pinturas de finales de la década de 1990, una etapa crucial en su devenir como artista. Ambas poseen según Uslé a base de “pinceladas entrecortadas, resultado de un contacto intermitente: muevo la brocha y presiono hasta que aparece el siguiente latido. Trato de seguir un ritmo secuencial marcado por mi pulso y, por ello, casi siempre suelo trabajar esas pinturas por la noche, sobre todo aquí en Nueva York, porque necesito concentración y silencio para sentirlo. El resultado varía según las obras y los días, según lo calmado o acelerado del pulso. El bombeo sanguíneo no es siempre igual».

Junto a esas dos singulares obras observamos composiciones de los mismos años: eon Manthis (1998-99), Casita del norte III (1997) y Bilingual (1998-99), entre otras, donde Uslé fue consolidando un lenguaje plástico más personal, con repetición e introspección.

En la octava sala hay una interacción con otra pintura de la serie Soñé que revelabas (SQR XI, 2002) con La novia de Belchite (2008) y Fagocimanthis (2010). Aunque separadas en el tiempo mantienen un aire de familia a lo largo de esa década y en cierto modo se prolonga en los inicios del siglo XXI. Y prueba de ello son dos pinturas más de la serie: Soñé que revelabas XI (Airport) (2002) y Soñé que revelabas XV (2002),

Juan Uslé. Ojos de Fallujah, 2003-2004. Colección Uslé – Civera. © Juan Uslé, VEGAP, Madrid, 2025
Juan Uslé. Manthis, 1998-1999. Colección Museo Helga de Alvear, Cáceres. © Juan Uslé, VEGAP, Madrid, 2025

En las salas 9 y 10 vemos una instalación reveladora de su trabajo, Línea Dolca (2008-2018), compuesta por 170 fotografías y 9 pinturas. El uso de la instantánea fue un buen instrumento de apoyo para su pintura, pero como vemos aquí la fotografía eleva su protagonismo. Instaladas perimetralmente las imágenes nos hacen reflexionar sobre la relación que se da entre lo fotográfico y lo pictórico, lo urbano y lo natural, la realidad y la ficción, o lo privado y lo público. Toca todo tipo de géneros: paisajes, naturalezas muertas, retratos, rincones de su vida cotidiana, escenarios y superficies abstractas que capta con su mirada de artista. El conjunto es un diario visual de cómo mira Uslé, qué encuentra y atrapa su atención. Todo ello impacta en su pintura.

En este paseo circular las salas 10 y 11 reúnen gran parte de la serie Soñé que revelabas, un homenaje a los cuartos oscuros de revelado y a la fotografía analógica.

Años más tarde, ese gesto  inspiró el título Soñé que revelabas, una extensa serie de pinturas que es una parte esencial de su obra artística, en las que Uslé introdujo bandas y rayas verticales u horizontales para componer una partitura pictórica, que nuevamente nos retrotrae hacia un tiempo quizás idealizado, entre lo vivido y lo soñado, de cuando era niño y estaba ensimismado con los reflejos en las aguas del río Cubas y del Cantábrico.