160.000 euros en Durán por el lienzo de Oller
La mejor venta en subasta del portorriqueño hasta la fecha, junto a la compra del Estado, fue lo más destacado de la cita de los días 24 y 25 de febrero
En nuestro artículo de previos de la cita (ver) en Durán, alertábamos ya de algunas de las interesantes obras que se ofrecían bien por su calidad, bien por su atractivo precio u otros motivos. Y comenzábamos con la del portorriqueño Francisco Manuel Oller y Cestero (1833-1917), una atractiva y luminosa Vista de hacienda / Molino de azúcar, c. 1890 (O/L, 54 x 78 cm; lote 609). Tras su paso por Europa, donde se impregnó de la pintura del momento, volvió a su Puerto Rico natal, realizando a partir de entonces obras con una paleta más clara y luminosa, que marca distancia con la más oscura empleada en nuestras tierras.
Ofrecida por 18.000 euros, la plasmación de los ingenios y las haciendas azucareras de su país debió despertar el interés de los coleccionistas de su obra, del país y de fuera del mismo, que pujaron vehementemente y fueron subiendo las cifras hasta la bajada de martillo en nada menos que 130.000 euros.
Con el 23% de la comisión de la sala y los impuestos, el comprador deberá abonar los 159.900 euros definitivos, su obra más cara hasta el momento, por delante de los 114,300 USD pagados en Sotheby’s en mayo de 2023 por Mangos, c. 1901/03 (O/cartón, 52 x 82,6 cm; ver), y de los 104.823 euros pagados en la misma sala en mayo de 1988 tanto por Still life with coconuts, c. 1893 como por Plantains and bananas, c. 1893 (O/T, 48,5 x 91 cm cada uno).
No me extrañaría que, pasado el tiempo, lo viéramos también en algún museo, como sucedió con el comprado en Balclis en marzo de 2004 por 59.860 euros, tras salir por apenas 1.200 euros, Hacienda en Puerto Rico (O/L, 60 x 100 cm), actualmente denominado como Hacienda La Fortuna, 1885 del Museo de Brooklyn (ver). En una línea semejante, grosso modo, del sevillano José Arpa, su Paisaje de Texas (OL, 46 x 86,5 cm; 584), subió de 7.000 a 7.500 euros.
Ya conocemos los buenos compradores de pintura regionalista finisecular que compran en Durán. En esta cita volvieron y subieron algunas de las obras. De José Navarro Llorens, su Escena de playa valenciana (O/L, 39 x 74 cm; 672) subió de 15.000 a 17.000 euros mientras Familias en la playa de Valencia (O/L, 48 x 59 cm; 673), lo hizo de 18.000 a 20.000 euros, ambas adjudicas a una puja previa por escrito. Del alcoyano Rigoberto Soler, Llevando el pescado, 1920 (O/L, 100 x 90 cm; 605), localizado en Valencia, pasó también de 18.000 a 20.000 euros, mientras Galanteo con las floristas (O/L, 80 x 54,5 cm; 631), de un Gabriel Puig Roda con claros ecos del primer Sorolla, se disparó de los 4.500 euros de inicio a los 15.000 de martillo. Ligeramente por debajo, 14.000 euros, se ofreció y se adjudicó Alegría (O/L, 149 x 93 cm; 700), del catalán Joan Cardona, a bastante distancia de Patio de Tetuán (O/T, 21,5 x 27 cm; 606), de Mariano Bertuchi, que apenas subió una puja hasta los 6.000 euros.
Más tardíos y retardatarios, de Tito Cittadini, su Tarde de invierno, 1922 (O/L, 100 x 123 cm; 575), se adjudicó por la salida, 8.000 euros, mientras Boulevard de París de noche (O/L, 32,5 x 46 cm; 576), del francés Edouard León Cortés, subió de 8.000 a 10.000 euros, por ser París y nocturno.
Del pleno siglo XIX fue la compra del Estado. Del ferrolano Genaro Pérez Villaamil, se ofrecía Interior de catedral, 1843 (O/L, 75 x 59 cm; 657), con una visión romántica plasmada con su calidad habitual; transmitía la grandiosidad del edificio, el detalle de la decoración y la luz tamizada de las vidrieras, y no fue extraño que el Estado se la adjudicase en la salida, 25.000 euros, a bastante distancia de su gran compra por apenas 4,600 GBP (5.166 euros), en junio de 2019 en una sala de subastas poco conocida como Cheffins, en Cambridge, Reino Unido (ver).
El lote anterior, del escocés David Roberts, Interior de catedral, 1846 (O/L, 101 x 74,5 cm; 656), se había adjudicado esta vez a un coleccionista al teléfono, por los 10.000 pedidos, la misma cifra que alcanzó el Escorzo de cabeza de mujer, 1864 (O/L, 38 x 31 cm; 679), de Eduardo Rosales, que había partido de 8.000 euros.
En lo que se refiere a la obra más moderna y contemporánea, no hubo grandes sorpresas. La más destacada fue Una almendra es un lujo, 1953 (gouache sobre cartón, 46 x 35,5 cm; 316), un trabajo surrealista del gallego Eugenio Granell, que subió, como era de esperar, de los apenas 1.800 euros de la salida a unos más lógicos 8.000 euros de martillo. De Ismael González de la Serna, su Nature mort aux franges, c. 1937 (O/T, 55 x 38 cm; 344), duplicó su precio, pasando de 4.250 a 8.500 euros de remate. Y debo reconocer que me sorprendió el remate por los 5.500 euros pedidos por el Humo-r con pájaros, 1996 (Tm/L, 86,8 x 62 cm; 291), de Patricia Gadea, presente en la muestra Patricia Gadea. Retrospectiva, del Centro Municipal de artes de Alcorcón, en 1997, y procedente de la galería Masha Prieto, de Madrid.
Sobresalían las obras cuyo soporte era el papel. Y así, no fue extraño que el pequeño ‘papelito’ de apenas 18 x 18 cm de Keith Haring, Sin título, 1985 (343), firmado y certificado, pasara de 5.000 a 10.000 euros. Por los 5.000 euros de la salida se adjudicó también la Pareja de dibujos a tinta de 1957 (30 x 25 cm, y 31,5 x 21,5 cm; 321) de Antonio Saura, quizá por la ausencia del buscado y tranquilizador certificado… Y de 3.500 a 3.750 euros pasó el atípico hasta cierto punto papel de Jaume Plensa, Nocturn I, 1990 (Tm/papel, 42 x 30 cm; 315), procedente de la Galerie Philippe Guimiot, de Bruselas.
Pero el verdadero triunfador de la cita, en lo que a obra sobre papel se refiere, fue Eduardo Chillida, cuyos cuatro aguafuertes al azúcar, Zedatu II, III, IV y I (50 x 65,5 cm; van der Koelen, 91001 y ss.; lotes 183 a 185) se adjudicaron por 22.000 euros: 6.500, 5.500, 5.500 y 4.500, respectivamente. Daniel Díaz @Invertirenarte






