Aunque es considerada una de las urbanistas más relevantes de la segunda mitad del siglo XX, su aportación a menudo ha sido eclipsada por el reconocimiento del que fue su pareja sentimental y profesional, Robert Venturi, con Pritzker de por medio y todo. El Museo de Bellas Artes de Bilbao busca resarcir esta inequidad exhibiendo el trabajo de esta autora nonagenaria.
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