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Los secretos de la Santa Catalina de Medici de Artemisia, al descubierto

El estudio y análisis técnico practicado a la tela de los Uffizi durante el mes pasado ha revelado una segunda composición oculta bajo el rostro de la santa. La radiografía demuestra cómo la mártir miraba originalmente al espectador y llevaba turbante en vez de corona (igual que la versión adquirida por la National Gallery de Londres). Al parecer, la artista barroca concibió inicialmente un autorretrato antes de mostrar el rostro de la hija del gran duque Fernando I de Medici.  


No es la primera vez que ocurre. Cuando una pintura se estudia a fondo se descubren dibujos subyacentes y cambios de composición, como ocurrió con la Gioconda del Prado y, más recientemente, con la Santa Catalina de Caravaggio del Museo Thyssen. En ocasiones, se aprecian incluso ‘reciclados’ del propio lienzo, como en el caso de La condesa de Chinchón (Goya la pintó sobre una tela que ya había sido utilizada con anterioridad dos veces).

En esta ocasión, la novedad viene de Florencia y de una obra de Artemisia Gentileschi, probablemente la artista barroca más estudiada en los últimos años. Su pintura Santa Catalina de Alejandría abandonó las estancias de las Gallerie degli Uffizi hace un mes para que se estudiase en los laboratorios del Opificio delle Pietre Dure de Florencia. Allí, un equipo de expertos liderado por Cecilia Frosinini sometió el lienzo a diversas pruebas técnicas no invasivas, como radiografías o análisis de rayos ultravioleta, infrarrojos y rayos X.

Los resultados obtenidos por Maria Luisa Reginella y Roberto Bellucci revelaron notables cambios en la figura de santa Catalina. Especialmente la radiografía demuestra cómo los rasgos faciales iniciales dibujados por Artemisia son ligeramente más redondeados que en la versión final y cómo cambia la posición del brazo izquierdo. También los ojos se han alterado, pues pasan de mirar al frente a elevarse al cielo en una actitud más arrobada y propia de una mártir. Además, hay un elemento que ha desaparecido de la escena definitiva: el turbante que cubría parte del pelo y bajaba hasta la oreja izquierda.

Este dibujo inicial de santa Catalina dirigiéndose al espectador y tocada con un turbante coincide casi con exactitud con otra obra pintada años antes por la artista romana, una tela aparecida en 2017 y actualmente en la National Gallery de Londres. En aquella primera ocasiónAutorretrato como santa Catalina de Alejandría (hacia 1615-1617)–, Artemisia Gentileschi recurrió a sus propios rasgos para dibujar a la joven mártir, por eso parece lógico pensar que quisiera repetir los mismos patrones en la tela florentina (en realidad, solía utilizarse a sí misma como modelo para los personajes femeninos que pintaba).

Sin embargo, esta segunda versión que ahora se ha estudiado en Florencia fue realizada en torno a 1618-1620, cuando la artista permanecía como invitada en la corte de Fernando I de Medici, quien casualmente tenía una hija llamada Catalina. Resulta probable que este detalle hiciese cambiar de opinión a la pintora, que finalmente se decantó por una figura de la santa más cercana a la nobleza barroca florentina que a una mártir cristiana del siglo IV. Razón por la que habría sustituido el turbante por una corona de piedras preciosas .

Según explica Cecilia Frosinini, «Catalina, hija de Fernando I de Medici y hermana de Cosme II desempeñó un papel destacado en la política matrimonial de la Casa Medici en aquel momento. Tras intentar casarla con el Príncipe de Gales, contrajo matrimonio con el duque Fernando Gonzaga de Mantua [en 1617]. La pintura podría ser un homenaje a este importante personaje dinástico o bien pudo inspirarse en él, sobre todo si consideramos que la figura pintada por Artemisia no solo se aleja de otras iconografías de la mártir egipcia sino que además está imbuida por los atributos de los Medici».

Tributo o simple inspiración, retrato mediceo y autorretrato oculto, lo importante es que Santa Catalina de Alejandría regresa ahora a las salas de las Gallerie degli Uffizi para exponerse en la Sala Medusa, junto a la obra maestra de Caravaggio que siempre nos dejará petrificados. Sol G. Moreno

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