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Un diccionario ilustrado dedicado a las artistas de la Edad Moderna

La editorial Phaidon repasa la Historia del Arte desde el siglo XV hasta nuestros días a través de la obra de 400 autoras tan diversas como Artemisia Gentileschi, La Roldana, Sofonisba, Sonia Delaunay, Kusama o Cristina Iglesias. A ellas se suman nombres menos conocidos, como la renacentista Plautilla Nelli o las prerrafaelitas Louise Jopling y Marie Spartali Stillman que completan este imprescindible manual de la A hasta la Z.


Cuando Linda Nochlin propuso a Georgia O’Keeffe participar en 1976 en la exposición titulada Mujeres artistas: 1550-1950, la pintora rechazó el ofrecimiento, alegando que no quería darse a conocer como una “gran mujer artista” sino como una “gran artista a secas”. Esta historia, contada por Rebecca Morril en el prefacio del libro que aquí reseñamos, quiere reivindicar una normalidad tan lógica como deseable, especialmente porque la palabra no admite ningún género.

Algo semejante opinaba la pintora, grabadora, diseñadora y escultora Dorothea Tanning, que no entendía el término de ‘mujer artista’. De hecho, en 1990 llegó a afirmar en BOOM Magazine que “eso” no existía. “Es igual de contradictorio que decir ‘hombres artistas’ o elefantes artista’”.

Ambas creadoras norteamericanas figuran en los manuales de historia del arte como grandes representantes de la abstracción y el surrealismo, respectivamente. Además, los museos les han dedicado numerosas exposiciones (el Reina Sofía, por ejemplo, cerró una retrospectiva de Tanning el año pasado). Sin embargo, son dos casos excepcionales y muy afortunados. La realidad ha demostrado que el estudio e investigación sobre artistas femeninas desgraciadamente ha seguido una estela que ha ido dos pasos por detrás de sus compañeros masculinos.

Precisamente por esa falta de equilibrio, la directora editorial de este volumen publicado por Phaidon se ha debatido en el título entre reivindicar a las mujeres creadoras denostadas por la crítica o eliminar cualquier rastro femenino, como proponían las autoras antes mencionadas.

El resultado, Grandes Mujeres Artistas, es un completo y vasto manual organizado por orden alfabético, que ofrece detalles sobre la vida y obra de 400 creadores con un nexo en común: son todo mujeres.

Luisa Roldán, Sofonisba Anguissola, Marie-Denise Villers, Camille Claudet, Berthe Morisot, Sonia Delaunay, las expresionistas Marianne von Werefkin y Gabriele Münter, Tamara de Lempicka, Kara Walker, Ghada Amer, Vivian Maier… La presencia de algunas de ellas en el panorama artístico actual es amplia, pero ciertamente insuficiente, a la vista de los centenares de nombres casi anónimos que aparecen en las 564 páginas de este nuevo libro.

Con él, Morril y su equipo de historiadores completan parte de un puzle al que todavía le faltan muchas piezas. Un trabajo de investigación complejo que comenzó hace décadas con un listado inicial de más de 2.000 artistas, y que finalmente se ha reducido a una quinta parte. Este proyecto supone, además, el complemento perfecto a otro volumen publicado por la misma editorial a finales de los noventa: El ABC del Arte (1994 en su edición inglesa, 1997 la española).

Georgia O’Keeffe no quiso darse a conocer como una «gran mujer artista» en 1976 sino como una «gran artista a secas». 

Aunque las 400 autoras aquí presentes no están organizadas de forma cronológica, merece la pena destacar a la primera: Properzia de Rosi (hacia 1490- hacia 1530). Esta escultora italiana fue la única mujer que Vasari incluyó en sus famosas Vite (si bien, en la segunda edición, el italiano añadió a Plautilla Nelli, Lucrezia Quistelli y Sofonisba, todas presentes en el actual volumen de Phaidon). Ante la falta de apoyo familiar, De Rosi comenzó tallando huesos de melocotones y otras frutas, materiales domésticos que más tarde sustituiría por el mármol. Una de las pocas obras conservadas o atribuidas a esta escultora es José y la esposa de Putifar, un encargo para la fachada de la basílica de San Petronio en Bolonia.

En el extremo opuesto del listado, cabe mencionar a la jovencísima Tschabalala Self (Nueva York, 1990). Nacida en una era completamente distinta y privilegiada con respecto a su antecesora, esta treintañera americana posee un discurso combativo, pues también ella tiene que enfrentarse al reto de ser negra y mujer en pleno siglo XXI.

Grandes Mujeres Artistas repasa todo tipo de creadoras. Las que tuvieron éxito en vida pero quedaron relegadas a un segundo plano en los estudios posteriores, como Artemisia Gentileschi –ahora ubicua– o Michaelina Wautier; las que se vieron eclipsadas por sus compañeros, como Camille Claudet (Rodin), Dora Maar (Picasso) o Lee Krasner (Pollock); o las que consiguieron reconocimiento solo al final de sus carreras, como Louise Bourgeois, Carmen Herrera o Maria Lassnig.

Tampoco faltan, por supuesto, los grandes referentes de nuestro tiempo. Desde las pintoras Yayoi Kusama o Marlene Dumas, hasta las célebres fotógrafas Annie Leibovitz o Cindy Sherman. Sin olvidar, claro está, a la ya ‘abuela de la performance’ Marina Abramovic.

Se trata, por tanto, de un compendio imprescindible y necesario para todo aquel que quiera ahondar en la Historia del Arte moderno, esa que no siempre encontramos en los manuales. Sol G. Moreno  

COMO ES IMPOSIBLE HABLAR DE LAS 400 ARTISTAS, PROPONEMOS UNA PINCELADA DE CUATRO DE ELLAS, CADA UNA DE UN SIGLO.

PLAUTILLA NELLI (1524-1588). Priora del convento de Santa Catalina de Siena (Florencia), fue además una prolífica artista del Renacimiento, aunque hoy solo se conservan cuatro pinturas suyas. Según dijo Vasari en 1568, había tantos cuadros suyos “en las casas de los caballeros de Florencia, que resultaría tedioso mencionarlos todos”.

RACHEL RUYSCH (1664-1750). Con 15 años entró como aprendiz del pintor de bodegones Willem van Aelst y apenas cumplida la veintena ya dibujaba naturalezas muertas de gran virtuosismo. Pintora de corte del elector palatino Johann Wilhelm, llegó a ser una de las artistas más admiradas y mejor pagadas de principios del siglo XVIII.

IKE GYOKURAN (1727-1784). Esta autora japonesa se formó junto al eminente artista Yanagisawa Kien y adquirió notoriedad durante la época dorada del periodo Edo. Se casó con el calígrafo Ike Taiga, con quien compartió estudio y aficiones culturales. Ella le enseñó poesía waka, él la pintura nanga hecha a pluma y tinta.

LOUISE JOPLING (1843-1933). Fue una de las retratistas y pintoras de género más importantes de la época victoriana. Estudió en París en la década de 1860, presentó sus cuadros en la Royal Academy de Londres y abrió su propia escuela de pintura. Primera mujer admitida en la Royal Society of British Artists, trabajó junto a los Prerrafaelitas.

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