Rafael, el más joven de los maestros del Renacimiento, en Estados Unidos
El Metropolitan ha tardado siete años en organizar esta gran exposición, que reúne más de 170 piezas del artista del Cinquecento, entre pinturas, dibujos y tapices, con las que busca abordar en profundidad la trayectoria del italiano y la especial sensibilidad de sus composiciones.
A todo el que no conoce el dato, le sorprende descubrir que Los Beatles –con la formación compuesta por Paul McCartney, John Lennon, George Harrison y Ringo Starr– no llegaron a estar juntos ni siquiera una década. La banda, que se había formado tan solo un par de años antes con algunos cambios en sus integrantes, tuvo tiempo de revolucionar la historia de la música y de convertirse en uno de los grupos más famosos de la historia con tan solo siete años de trayectoria.
De igual modo, sorprende que Rafael Sanzio, el genio al que se suele citar junto a los otros dos grandes nombres del Renacimiento, Miguel Ángel Buonarotti y Leonardo Da Vinci, vivió tan solo 37 años, frente a los casi 90 del primero y a los más de 60 del segundo y, aun así, tuvo tiempo de convertirse en uno de los pintores más importantes no solo de su tiempo, sino de la historia del arte en general.
A pesar de que su obra había protagonizado ya alguna muestra en Estados Unidos, ninguna había tenido la envergadura ni el carácter integral de Sublime Poetry, la exposición que le dedica ahora el Metropolitan Museum de Nueva York, fraguada durante siete años, y que podrá visitarse hasta el próximo 28 de junio.
Con ella el museo pretende, por un lado, abordar su gran talento e inventiva como pintor, diseñador y arquitecto, y por otro resaltar la gran habilidad lírica y poética que caracteriza sus composiciones.
Esta última cualidad fue, seguramente, herencia de su padre, que además de pintor era poeta. O bien influencia de los escritores y artistas con los que acostumbraba a relacionarse, y sin duda fue lo que le convirtió en uno de los autores favoritos de las cortes renacentistas.
Para analizar su trabajo en profundidad, el MET ha reunido y dispuesto de forma cronológica más de 170 obras procedentes de diversas colecciones, tanto públicas como privadas de Europa y Estados Unidos, muchas de las cuales no se habían expuesto juntas nunca hasta el momento. Entre las entidades prestadoras, se encuentran la Albertina de Viena, el British Museum, el Louvre o la Galería Borghese. Todas ellas sirven para abordar la trayectoria del autor de forma cronológica, desde sus primeros trabajos en Urbino hasta su estancia en la corte papal, pasando por su meteórico ascenso en la ciudad de Florencia.
De este modo, autorretratos, tapices, estudios y madonnas se suceden a lo largo de la visita, permitiendo al espectador apreciar su evolución como artista y, a la vez, esa sensibilidad especial a la hora de componer escenas.
Además, tal y como señaló la comisaria de la muestra Carmen Bambach a la Agencia EFE, la exposición ha pretendido «zanjar el debate» sobre la autoría de algunos de los bocetos. «A través de la comparación directa de los dibujos, que son el esqueleto de su pensamiento, se puede ver una energía y una fuerza que ninguno de sus colaboradores (en sus talleres) poseía», añade.
Al colocar los estudios preparatorios junto a sus lienzos y grabados, tal y como continúa explicando Bambach, «queda expuesta la continuidad técnica que identifica al genio frente a su taller».
Por último, la exposición hace hincapié en un aspecto concreto de la obra de Rafael: la representación de la mujer. Así, se subraya su carácter pionero en Europa a la hora de utilizar modelos femeninos y, como no podía ser de otro modo, la ternura con la que representaba a la Virgen con el Niño.
En este sentido destaca la Virgen con el Niño y san Juan Bautista en un paisaje, más conocida como Alba Madonna, procedente de la National Gallery de Wasington D.C. Sofía Guardiola

