Lluvia de récords en el mercado neoyorquino
Nueva York vivió ayer una noche histórica, en la que se superaron tres marcas mundiales, dos de ellas por encima de la barrera psicológica de las nueve cifras. Primero Pollock, con su Número 7A vendido por 181 millones de dólares, triplicó su anterior récord; luego vino Rothko, cuyo Nº 15 (Two Greens and Red Stripe) se adjudicó en 98,3 millones de dólares; y finalmente Brancusi triunfó con su Dánae (107,6 millones) en Christie’s.
Ya lo avisamos en el artículo de previos: el lienzo de Rothko buscaba el récord. Y lo ha conseguido (lo que no esperábamos es que ocurriese en la misma noche en la que Pollock y Brancusi tocaron también la cima). El cuadro de tonos verdes y una raya roja que se ofrecía anoche en la Evening Sale de Christie’s ha conseguido superar la anterior marca del autor expresionista, demostrando así que sigue siendo el favorito de las grandes fortunas.
La casa había estimado el lote en unos 80 millones, dentro del rango de las obras más cotizadas de Rothko, pero el hecho de que contase con un “minimum price guarantee” daba algunas pistas sobre el interés que podría despertar entre los coleccionistas más exigentes.
Nº 15 (Two Greens and Red Stripe) salía con un precio de salida ya millonario, que fue escalando hasta los 98,3 millones de euros finales en una apasionante guerra de pujas que se demoró unos minutos.
Se ha quedado a las puertas de alcanzar la barrera psicológica de los 100 millones, pero el precio ha sido suficiente para desbancar a Naranja, rojo, amarillo, que desde 2012 ostentaba el título de obra más cara del artista vendida en subasta pública –las ventas privadas son otra historia–, por 86,9 millones.
El cuadro, desde luego, bien merecía este récord mundial. Era una de las típicas escenas de madurez de Mark Rothko, que alcanzó la cima de su carrera con los campos de color llenos de emociones. La obra, pintada en 1964, fue adquirida por la coleccionista Agnes Gund tres años después cuando visitó el taller del pintor.
Entonces se dejó asesorar por él y se llevó este lienzo de más de dos metros de alto. Una escena tan cargada de fuerza, que enseguida se convirtió en su tesoro favorito. Permaneció en su casa durante más de medio siglo, sin salir nada más que una única vez a una exposición, tal era la devoción de su dueña por la pieza. Su muerte hace unos meses ha permitido que la obra debutase en el mercado y con sobresaliente. Al parecer, ha tenido algo más de fortuna que el primer cuadro de Rothko subastado en Sotheby’s hace cuatro días, vendido en 85,7 millones. Una cifra nada desdeñable, pero insuficiente, si tenemos en cuenta que la casa soñaba con llegar a los 100 millones.
En su caso, era una “obra quemada”, por así decirlo, porque ya se había subastado en el pasado. Eso significa que había marcado un precedente, un techo aproximado. El lienzo de Gund, en cambio, tenía el aliciente de la primera vez, del estreno, en un mercado que le ha recibido con los brazos abiertos.
Este récord del expresionista abstracto se vio opacado horas antes por la primera marca mundial de la noche, curiosamente del otro pintor de referencia en el movimiento puramente norteamericano: Jackson Pollock. Su Número 7A prometía, porque era la mayor de sus típicas obras hechas mediante dripping en manos privadas. Además, contaba con una excelente provenance: perteneció a Herbert Matter, fotógrafo, diseñador gráfico y amigo del artista.
Pues bien, él sí que superó la barrera de los 100 millones. De hecho, casi lo duplicó durante los siete interminables minutos que duraron las pujas, porque la pintura de tres metros de ancho alcanzó la astronómica cifra de 181 millones de dólares en la sesión de Masterpieces: The Private Collection of S.I. Newhouse.
Un resultado que triplica el anterior récord del artista –61,2 millones por Número 17 obtenido en 2021– y la sitúa directamente en el top five de las obras más caras jamás vendidas en subasta, por detrás del célebre Salvator Mundi de Leonardo, además de Picasso y Modigliani.
¿Lo mejor? Que todavía hubo hueco para una tercera marca mundial la pasada noche: la de Brancusi, que con su Dánae sedujo al comprador que ofreció los 107,6 millones finales. Su bronce, realizado en 1913, hace alarde de la simplicidad de formas típica del rumano, que para esta cara se inspiró en la joven artista húngara Margit Pogany.
Puede que el éxito de esta pieza y la anterior se deban a la presencia de una “third party guarentee”, pero el reclamo de Nicole Kidman bailando en privado frente a la obra ha sido, sin duda, el mejor anuncio difundido por la casa de subastas, . Sol G. Moreno



