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Feito: el trazo abstracto y  la pasión creadora

El penúltimo superviviente del grupo El Paso fallece en Madrid a los 91 años, tras una trayectoria marcada por el gesto expresionista, el color rojo y los reconocimientos tanto dentro como fuera de España. Trabajador infatigable – «yo no sé lo que es descansar, lo mío es el ocio creador»–, fue reconocido en 2018 con el Premio Nacional de Arte Gráfico.


«Me he pasado 80 años buscando lo imposible». Así se confesaba Luis Feito ante Fernando Rayón mientras charlaban en su estudio hace dos años. El lugar de trabajo y su hogar confluían entonces en un mismo espacio, fascinante cámara de las maravillas cargada de recuerdos, vivencias de sus muchos viajes y obras, decenas de obras.

Esa búsqueda de lo imposible convirtió al artista madrileño en un trabajador incansable, un inconformista del gesto y el pincel que encontró en el lienzo su mejor aliado contra la vejez. Ya en 2018 sorprendía la lucidez con la que explicaba su proceso creativo, como si sus 89 años fuesen un mera anécdota. «Cada uno de estos últimos años ha sido fructífero. Mejor que el anterior», explicaba. «Mis amigos me dicen en broma que, ahora que soy mayor, debería hacer cosas más pequeñas, pero no: el cuerpo me pide hacer cosas grandes, distintas».

Estos últimas palabras, pronunciadas por un creador casi nonagenario, bastarían para acercarse un poco más a la personalidad de Luis Feito, un hombre afable y de voz dulce con quien tuve ocasión de charlar en los II Premios Arte y Empresa concedidos por la revista ARS Magazine. Antes ya había conseguido ‘colarme’ en su taller con una excusa torpe, pero apenas pude ejercer de oyente de sus andanzas por Canadá, Nueva York y España, sus inicios madrileños o su aprendizaje en París.

Feito es uno de esos artistas que estudias en la carrera sabiendo que han escrito, o más bien pintado con tinta y sudor, su nombre con letras doradas en los manuales de Historia del Arte. Una personalidad sin ínfulas ni estridencias, consciente de su éxito pero también del esfuerzo que le ha costado. Satisfecho, en fin, de su trabajo. Comenzó liderando el Informalismo en España a mediados del siglo pasado junto a Millares, Chirino o Canogar en el grupo El Paso, adquirió relevancia internacional a medida que exponía en el extranjero –desde la Bienal de Venecia al mismísimo MoMA de Nueva York– y ha terminado vendiendo sus obras por precios de hasta seis cifras (su récord está  por encima de los 150.000 euros).

Miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (RABASF) desde 1950, fue reconocido con la Medalla de Oro de Bellas Artes, además de tener la distinción de Oficial de las Artes y las Letras de Francia. En 2018 recibió el Premio Nacional de Artes Gráficas, galardón que le emocionó mucho y supuso, quizá, el último empujón para que continuase trabajando. «Te dejas el pellejo por algo que no sabes si va a llegar [el éxito] y, cuando llega el reconocimiento de esa pasión, porque no es un trabajo es una pasión, resulta muy gratificante», me explicó cuando se supo ganador.

Luis Feito ha sido todo un ejemplo para las generaciones posteriores. Más de ocho décadas buscando lo imposible, sin rendirse, aun sabiendo que no lo alcanzaría, «porque lo importante no es llegar sino el camino. VIVIR ESA PASIÓN». Bonita enseñanza para recordarle. Sol G. Moreno

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