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Los tesoros de Alicia Koplowitz al descubierto: autobiografía de una pasión


*El Museo Bellas Artes de Bilbao presenta por primera vez en España una selección de 90 pinturas, dibujos y esculturas de la presidenta de Omega Capital, quien ha adquirido durante los últimos 30 años obras de Goya, Canaletto, Picasso o Bacon, entre otros.

*La exposición recala en la capital vizcaína con 38 piezas inéditas tras su paso por París y presenta un montaje que juega con los autores clásicos y modernos.

Pocas colecciones describen mejor la pasión por el arte de sus dueños como la de Alicia Koplowitz, una mujer discreta y poco amiga de las cámaras que ha seguido su propia senda del arte. Con los años –más de 30– ha formado una soberbia colección jalonada de autores nacionales y extranjeros de primer nivel. Siempre afín a sus gustos personales, el conjunto de obras que atesora se caracteriza por un carácter íntimo y estético. Se trata, por tanto, de un recorrido autobiográfico por la historia del arte contada en primera persona por la empresaria madrileña.

Este relato excepcional se puede disfrutar ahora y ‘leer’ públicamente en el Museo de Bellas Artes de Bilbao, que por primera vez en nuestro país da a conocer una extensa colección de los tesoros de la empresaria y mecenas. Colección Alicia Koplowitz-Grupo Omega Capital ofrece una visión panorámica de los últimos cinco siglos de historia del arte a través de unos ojos concretos: los de la propia Alicia. «No es una colección académica sino de gustos», insiste Miguel Zugaza, que con este proyecto se estrena como director del museo.

 

Tras el éxito cosechado en el Museo Jacquemart-André –centro elegido por la propia coleccionista para dar a conocer sus tesoros–  las obras regresan al hogar. Aunque no todas. La mayoría de ellas repite en la exposición actual, junto a otras 38 piezas inéditas que el centro bilbaíno tiene el privilegio de mostrar por primera vez. Paret y Alcázar, Manolo Millares, Juan Muñoz y Oteiza son algunos de los nombres que destacan en el recorrido actual, y que sin embargo estuvieron ausentes en París.

El itinerario cronológico se articula en torno a nueve apartados que se mueven entre la persistencia del ideal clásico y los Informalismos contemporáneos. Un amplio arco de tiempo que comienza en el siglo III a.C. con un busto griego, se centra especialmente en el Siglo de las Luces –por el que Alicia siente predilección– y finaliza con la monumental composición de Anselm Kiefer –Le Dormeur du val– de 2014. Entre medias, decenas de pinturas, dibujos y esculturas de maestros clásicos como Luis de Morales, Zurbarán o Canaletto, así como autores de vanguardia y del periodo de entreguerras (Picasso, Calder, Mondrian y Freud, entre otros muchos).

«La exposición propone un viaje en el tiempo por una colección con alma», explica Almudena Ros, comisaria de la muestra. «Desde la sala primera hasta el epílogo [situado en la planta de arriba] se establecen las bases de la colección: la importancia de la escultura, la presencia de autores españoles y la búsqueda de la belleza clásica».

El clasicismo es, precisamente, el hilo conductor de la muestra. No en vano el montaje de las obras y la disposición de los espacios –que generan diagonales visuales–, fomentan el diálogo entre autores clásicos y modernos. Si bien, y al mismo tiempo, «cada obra reivindica su propia verdad griega, esa que llamamos ‘belleza'», insiste Zugaza.

Aunque resulta imposible destacar las piezas maestras de una colección/exposición cargada de obras excepcionales, sí me gustaría mencionar dos. La primera, Asalto a la diligencia de Goya, es un encargo de la duquesa de Osuna para su residencia de verano en El Capricho; sorprende ver la saña con la que el pintor concibe la escena, situada tras un paisaje aparentemente tranquilo. La segunda, un soberbio bodegón de Juan de Arellano –presente solo en Bilbao–, cuyos tonos rojizos, azules y rosas se quedan grabados en la retina del espectador.

Con casi 50 piezas, el siglo XX es otro de los núcleos esenciales de la colección y por ende de la muestra (supone aproximadamente la mitad del conjunto expuesto). Donald Judd, Weiwei, Barceló y Bourgeois se estrenan en la sede bilbaína; juntos cierran el recorrido de esta colección que muestra el retrato autobiográfico de una pasión. Sol G. Moreno

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