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Pablo Picasso. Cabeza y mano de mujer (Detalle). 1921. Óleo sobre tela. 65,4 x 54,9 cm. © Colección Alicia Koplowitz-Grupo Omega Capital.

 CUADROS PARA UNA EXPOSICIÓN: DE ZURBARÁN A ROTHKO

Mañana se abre al público en el Museo Jacquemart-André de París la exposición De Zurbarán a Rothko. Colección Alicia Koplowitz- Grupo Omega Capital, comisariada por Pablo Melendo y por Pierre Curie, conservador del museo francés. La selección incluye 53 piezas, entre pinturas, dibujos y esculturas, de más una treintena de creadores, que abarca desde el siglo XVI a finales del siglo XX, con un preludio de cuatro esculturas grecolatinas. El recorrido supone un viaje personal por una colección de carácter enciclopédico, aunque muy personal, que se ha ido conformando a lo largo de las tres últimas décadas y responde al gusto e interés artístico  de Alicia Koplowitz, quien escribe en el catálogo de la muestra: “Nadie elige el lugar en el que nace, pero la libertad nos da muchas veces la oportunidad, de poder dirigir la vida por los caminos que, de acuerdo con nuestras capacidades, vayamos tomando. Uno de los caminos que elegí fue el del arte, un sendero que me ha dado muchos espacios de felicidad, emociones y recuerdos que están presentes todos los días de mi vida”. La exposición se podrá  visitar en el museo francés hasta el 10 de julio de 2017.

En De Zurbarán a Rothko. Colección Alicia Koplowitz- Grupo Omega Capital, encontramos cuatro esculturas de la época griega y romana que subrayan el canon clásico de la cultura occidental y su cercanía con el espectador. A partir de ahí se puede disfrutar del espíritu de una colección, a través de ese conjunto de pintura española  de los siglos XVI, XVII y XVIII, que se inicia cronológicamente con un óleo de Luis de Morales, la Virgen con el Niño, y continúa con una obra del mismo título de Francisco de Zurbarán, con ese tono intimista y austero del maestro extremeño, que contrasta con el retrato de Doña Ana de Velasco, Princesa de Braganza, de Juan Pantoja de la Cruz, donde el pintor de cámara de Felipe II y Felipe III supo transmitir la personalidad de una mujer que ocupaba un papel relevante en la Corte. Posteriormente, se impone la fuerza de Goya en tres composiciones de gran belleza: desde su Hércules y Onfala, todo un prodigio narrativo, al retrato de la Condesa de Haro, en la que el genio aragonés captó a una mujer frágil y sensible, pasando por Asalto a la diligencia, una tela que representa una escena estremecedora cuando varios bandoleros  toman por la fuerza una berlina y matan a todo el séquito y parecen querer dialogar con los que todavía están vivos. Y junto a estas piezas otras de Camarón y de Agustín Esteve.

Los artistas italianos tienen una gran importancia en el conjunto seleccionado por Pierre Curie y Pablo Melendo. Desde las vistas de Madrid de Antonio Joli, las aguadas de Giovanni Battista y Giovanni Domenico Tiepolo o el pastel de Lorenzo Tiepolo, Naranjera y majos, hasta las   vedute de Venecia de Canaletto, la elegancia de Francesco Guardi al fijar rincones de la ciudad de los canales y la exquisitez que desprenden los cuatro óleos de Pedro Antonio Rotari. De finales del XIX se exhibe una naturaleza muerta de Van Gogh, una obra maestra de Paul Gauguin, Mujeres al borde del río, y La Lectora, una pintura sobre cartón de Toulouse-Lautrec, ciertamente influido por el arte japonés que irradió a finales del período finisecular.

Al igual que Goya, Pablo Picasso es una figura muy importante dentro de la exposición. El autor malagueño está representado por tres piezas de extraordinaria relevancia dentro de su producción, desde 1900 a 1921. La primera, un carboncillo titulado Retrato de joven hombre, Daniel Masgoumeri, de su época ázul, que da paso a Demi-un à la cruche, un óleo de 1906 del final de su período rosa pintado en Gosolhasta llegar a su monumental Cabeza de mujer y mano, 1921, del periodo neoclásico. Y junto a Picasso un bodegón de Juan Gris, una elegante mujer de Kees van Dongen, un retrato de pelirroja con collar de Modigliani, la evocadora e inquietante figura femenina de Egon Schiele y dos esculturas de Julio González, junto al  dibujo preparatorio de una de ellas.

Hacia mediados del siglo XX y ya posteriormente destacan  la fuerza pictórica de Nicolás de Staël,  las esculturas de  Germaine Richier, David Smith,  Giacometti y de Louise Bourgeois, con una de sus arañas llena de expresividad. Entre las pinturas de este período se pueden admirar  un retrato de María Moreno, pintado por Antonio López; dos obras de Miquel Barceló de su periplo africano; composiciones de Antoni Tàpies, Lucian Freud y Willem de Kooning y cómo no esa obra maestra de Mark Rothko, datada en 1954 y titulada Número 6, en la que este alquimista del color trabajó una gradación de colores amarillos, blancos, azul y nuevamente amarillo y gris, dentro de uno de sus períodos creativos más fecundos. En todo el recorrido late con fuerza, aunque no solo, el espíritu del universo femenino. Julián H. Miranda

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