Jaime Mato Ansorena, genio y elegancia profesional
El consejero-delegado de Ansorena, subastador, joyero y especialista en arte falleció a los 67 años el pasado miércoles, 21 de octubre. FERNANDO RAYÓN, director de ARS Magazine, recuerda su trabajo.
Mi primer recuerdo de Jaime Mato puede ser de los años 2000. Yo estaba preparando con José Luis Sampedro el libro de las joyas de las reinas de España. Y, como en tantas cosas, acudimos a Jaime para que nos diera información histórica sobre joyas reales. Las que no había confeccionado la propia casa Ansorena –como la famosa tiara de las flores de lis– las había limpiado o remontado. Tenía recuerdos de todo y guardaba unos archivos espectaculares.
Salieron muchas cosas de aquellas entrevistas, incluida la última tiara que el entonces Príncipe de Asturias había regalado a doña Letizia. De aquellas piezas a las de Zapatero –cuya tasación hizo Ansorena– han pasado muchas cosas. Pero quizá las más frecuentes han sido las que tenían que ver con ARS Magazine.
Han sido casi 20 años de relación de la revista con la casa aunque, en la mayoría de los casos, en la sección de subastas. Porque, para los que no lo sepan, Ansorena no es solo esa joyería que uno se encuentra al comienzo de la calle de Alcalá, cuando sube desde Cibeles hacia la Puerta del mismo nombre. Es también galería de arte, casa de subastas y de tasaciones, además de una joyería histórica y más que centenaria de Madrid que lleva el título de proveedor de la Real Casa.
Hace unos años le hicimos una entrevista. Tarea nada fácil, pues su seña de identidad era la discreción. Explicaba su trabajo justificando siempre a los trabajadores de la empresa. Un trabajo complicado que siempre toreaba con una elegancia muy propia de su manera de ser y relacionarse.
Coincidíamos también en la feria TEFAF de Maastricht, a la que acudía todos los años con Fátima, su mujer, y con su hermana Cristina. Conocía a todos los anticuarios y coleccionistas, especialmente a los españoles. Eran muchos años de negocio familiar.
Hace apenas unos meses, me dijo que se jubilaba. Que su sobrino Alfonso Mato ya se había hecho cargo de la empresa y que ya había cumplido su tarea. Que solo acudiría a algunas reuniones para asesorarle. Recuerdo que me comentó: “Hay que dejar paso a los jóvenes. Yo procuraré no molestar”.
Su repentina e inesperada muerte nos ha sorprendido a todos; pero me permite reflexionar sobre cómo los que ya han hecho su trabajo de manera impecable, deciden retirarse –y hablamos de una empresa familiar– y desaparecer sin hacer ruido para que otros prosigan con el trabajo. Toda una lección de profesionalidad y estilo. Ansorena sigue adelante.

