El renacer de Fernando Delapuente 50 años después

El renacer de Fernando Delapuente 50 años después

El legado del artista cántabro, fallecido el 1 de noviembre de 1975, es recuperado en el Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Madrid gracias a una exposición que reúne 70 obras suyas, entre paisajes, retratos, bodegones y escenas urbanas.

Fernando Delapuente. Colón con luna. 1970. Óleo sobre lienzo. Colección particular.

Hay exposiciones que son mucho más que la reunión de obras de arte colgadas en una pared. Pueden ser el resultado final de un proceso de investigación, o la parte visible de un trabajo que incluye muchas más patas, por así decirlo, como la catalogación, recuperación y difusión del legado de un determinado artista.

Ese es el caso que aquí nos ocupa. Porque la muestra de Fernando Delapuente que desde hoy puede verse en el Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Madrid no solo reúne 70 obras suyas que cubren todos los periodos de su producción; más bien se trata de rescatar una figura olvidada de nuestro siglo pasado.

¿Y quién fue Fernando Delapuente Rodríguez-Quijano? Un artista cántabro nacido en 1909 que estaba llamado a ser notario –ese era el deseo de su padre–, pero acabó siendo ingeniero y pintor. Ambas disciplinas discurrieron de forma paralela durante prácticamente toda su vida, en una especie de simbiosis que le permitió desarrollar tanto sus capacidades técnicas como creativas.

Primero se matriculó en Derecho, carrera que en seguida abandonó por la de Ingeniería Industrial. Cuando estaba en tercero, y guiado por esa pulsión pictórica que ya había sentido desde la adolescencia, comenzó a estudiar además en la Escuela de Bellas Artes. Fue discípulo de Manuel Benedito y Eduardo Chicharro, dos artistas que resultaron claves en su trayectoria.

Viajero empedernido y curioso por naturaleza, Delapuente experimentó su primera revelación en Italia en 1949-1953, donde descubrió el color de los grandes maestros como Masaccio, pero también de Matisse, Van Gogh y los fauvistas. Regresó a Madrid, se escapó a Londres y vivió la aventura parisina con la que soñaban todos los artistas de la primera mitad del siglo pasado.

Fue ingeniero y pintor, dos disciplinas que discurrieron de forma paralela durante prácticamente toda su vida

En todo ese tiempo pintó y dibujó centenares de retratos, paisajes marinos o montañosos, bodegones y escenas urbanas. Cinco décadas de trayectoria durante las cuales fue evolucionando en su estilo, que viró del academicismo al impresionismo, fauvismo, simbolismo y hasta expresionismo e incluso la abstraccion. Pintó más de un millar de obras, la mayoría de las cuales permanecen ahora en manos privadas.

Como era imposible reunirlas todas en una única muestra, el comisario Andrés Barbé ha seleccionado 70 de ellas; juntas ilustran perfectamente esa dualidad del artista entre lo clásico y lo moderno, lo matérico y lo espiritual, lo real y lo imaginado.

El recorrido, que podrá visitarse de forma gratuita hasta el 17 de enero de 2026, comienza con Paisaje de Nestares de 1923 –cuando tenía 14 años– y finaliza con una escena de árboles prácticamente abstracta realizada el mismo año de su muerte, en 1975.

Vista de sala de la exposición “Fernando Delapuente” en el colegio de médicos de Madrid. Fotografía: Paloma Hiranda.

Precisamente el 50 aniversario de esa fecha ha sido el detonante de este proyecto, que se ha propuesto rescatar el legado de Fernando Delapuente a través de una exposición –organizada por la Fundación Methos en colaboración con la Fundación Arana Aízpurua– y su correspondiente catálogo. “El artista pintó exactamente 1.246 cuadros y tuvo el humor de numerarlos todos. Aquí vamos a poder ver el primero y el último”, señaló el comisario durante la presentación, antes de agradecer los préstamos de las obras expuestas, que han salido de las casas de decenas de hogares particulares para mostrarse ahora al público.

Su vigor colorista, libertad expresiva y su búsqueda de la esencialidad han quedado como el sello imborrable de Fernando Delapuente

De izquierda a derecha: Manuel Vilches, el comisario Andrés Barbé Riesco y Antonio Puerta. Fotografía: Paloma Hiranda.

Manuel Vilches, gran conocedor del artista a quien dedicó su tesis, destacó que Delapuente fue uno de los pintores más importantes de la Escuela de Madrid, pues inmortalizó decenas de barrios castizos, sus plazas y monumentos. También dejó constancia del Madrid alegre y nocturno, arquitectónico, sobrio y monumental.

La muestra revela la enorme creatividad de artista, que cultivó todos los géneros. Pintó bodegones y retratos, además de paisajes marinos, campos de Castilla y escenas urbanas de las principales capitales europeas. Aunque sus composiciones no son tanto una reproducción exacta de la realidad, como escenas imaginadas donde organiza visualmente elementos representados para transmitir su propia visión del mundo, poética y emocional.

Por eso concebía sus composiciones en el estudio. Al contrario que los impresionistas, tomaba apuntes rápidos en directo que luego le servían para realizar la obra, desarrollada íntegramente en el taller.

Su vigor colorista, libertad expresiva –no tenía reparos en pintar, por ejemplo, suelos amarillos o cielos rosas– y su búsqueda de la esencialidad han quedado como el sello imborrable de Fernando Delapuente. Sol G. Moreno  

Fernando Delapuente. Alborada. 1975. Colección particular.
Fernando Delapuente. Autorretrato. 1952. Óleo sobre lienzo. Colección particular.