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Memorias de la realidad en la pintura de Julio Vaquero 

Por primera vez en Madrid la galería Marlborough presenta el trabajo del artista catalán, a través de varias obras de creta y aguada en las que ofrece su viaje particular por el mundo físico vivido y recordado que le rodea. Además, comparte su reinterpretación de los maestros clásicos italianos y flamencos.


Julio Vaquero escribe en el catálogo de la muestra que «el estudio de lo real nos puede llevar a lugares inesperados» y quizá sea cierto. En su caso, esa observación atenta ha hecho que se sumerja en una nueva manera de mirar las referencias del pasado y apreciar algunas de las pinturas más conocidas de la historia del arte occidental desde una nueva perspectiva.

La joven de la perla de Vermeer,  la Virgen del Descendimiento de Van der Weyden, Venus clásicas esculpidas, la virgen del Díptico de Melun de Fouquet… El pintor ha dedicado tantas horas de su vida a copiar a los maestros antiguos y los ha interiorizado de tal modo, que los ha convertido en una propuesta casi personal. Por eso, ahora estos personajes se asoman a sus composiciones para llamar la atención del espectador desde paisajes boscosos y craquelados imposibles.

Algunos de estos trabajos se exhiben estos días en la galería Marlborough Madrid bajo el título Memorias del mundo físico, porque la realidad al final es una suma de todo lo visto, pero también de todo lo que se recuerda, según explica el propio Vaquero.

Las 16 obras de grande y mediano formato que componen la muestra son fruto de los tres últimos años de trabajo, durante los cuales se ha encerrado en su estudio para montar escenografías que le permitan, como en el Quattrocento, estudiar la perspectiva, el volumen, la luz o las sombras de cada objeto. Y es que Julio es un pintor realista que monta cuidadosamente cada una de sus composiciones en el taller antes de coger el pincel y ‘retratar’ lo que ve, ya sea una cama, un rostro o un jarrón con flores.

Vaquero se entrega al análisis preciso de la realidad y la posterior aplicación de los colores con la misma pasión que tuvieron los maestros clásicos hace cinco siglos. Es decir, que por un lado pone especial énfasis en el dibujo, mientras que por el otro elabora sus propios pigmentos para obtener los tonos deseados, en una técnica mixta de combina la creta y la aguada.

Su forma de trabajar, a medio camino entre el pintor del Renacimiento y el artista actual -no olvidemos que también se sirve de imágenes proyectadas cuando es preciso-, me inspira la figura de un humanista en el siglo XXI, y así es como titulé el artículo publicado en el número ARS47 sobre su estudio.

Entonces me enseñó algunas de las obras en las que estaba trabajando, entre ellas una serie de composiciones con jarrones y flores donde se adivinaban diversas piezas romanas y griegas como retazos de una realidad pasada. Explica Vaquero que esta serie, a la que llamó Dibujos tras el velo, comenzó en otoño del año pasado. «Estuve trabajando en esa idea, colocando las formas vegetales a contraluz de un gran ventanal y observándolas a través de una tela transparente que recogía sus siluetas y también la sombra que proyectaban sobre ella». Un velo que se deja sentir como la pátina del tiempo en las obras expuestas en la galería madrileña.

Dice el artista que todo lo que pasa y todo lo que hace «tiene que ver con una experiencia». Su experiencia. De ahí que el recorrido por la exposición se convierta además en un paseo íntimo y pictórico por los recuerdos y retazos de un autor que, en pleno siglo XXI, defiende la mimesis.

Con Julio Vaquero. Memorias del mundo físico la galería Marlborough inaugura la temporada y se suma a Apertura Madrid, la iniciativa con la que todas las galerías de la capital abren sus puertas al público en septiembre. Podrá visitarse hasta el 10 de octubre. Sol G. Moreno

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