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El mecenazgo, la financiación de los museos americanos


Muchos pensamos que el sueño europeo es parecernos a los americanos en el crowfunding cultural. Cada vez se inauguran más edificios museísticos o se reforman los existentes a través de esta y otras vías semejantes; especialmente en Norteamérica.


En Washington DC, la Smithsonian planea remodelar el South Mall; en Los Ángeles al menos hay dos museos en desarrollo; y en Miami hay un plan para la creación del Centro de Arte Latinoamericano. La gran mayoría de ellos cuenta con diseños arquitectónicos ambiciosos de profesionales de renombre.

¿De dónde sacan los museos americanos esas decenas de millones para remodelaciones, ampliaciones, restauraciones, compras de obras, etcétera? Últimamente solo vemos ejemplos de cómo Estados Unidos y Canadá se comprometen con la cultura y vuelcan su generosidad en ella. Está claro que la contrapartida fiscal ayuda, y más en Estados Unidos que en cualquier otro país europeo. Por un lado, ya hemos hablado de coleccionistas que han reunido grandes sumas de dinero para añadir obras a los museos. Un caso reciente ha sido el Meadows Museum, que ya posee una obra de Goya y otra de Fortuny gracias a la aportación de mecenas y de los amigos del museo. Las cifras concretas son desconocidas pero se sobreentiende que los números son considerables. No obstante, sí se sabe la cantidad a la que llegan con crowdfunding algunos museos para hacer remodelaciones o edificios nuevos, y es realmente envidiable.

Tampoco es dinero inmediato. The Art Gallery of Vancouver ha necesitado 10 años para empezar el proyecto de su nuevo edificio, algo comprensible al saber que la suma necesaria ascendía a los 350 millones de dólares. De este importe, una única familia ha aportado 40 millones, la familia Chan. Estos filantrópicos donantes justifican su acto porque “verdaderamente creen en el poder del arte para tender puentes y acercar a las personas entre sí”, para ellos los museos son “hospitales del las almas”.

Una cifra parecida es la que tiene prevista The Museum of Fine Arts de Houston para su ampliación. Nada menos que 450 millones de dólares. Se añadirán 54.000 metros cuadrados de galerías dedicadas al arte de los siglos XX y XXI; un auditorio de 202 personas de aforo; un amplio restaurante con cafetería; salas de reuniones… un proyecto financiado por otros donantes que cambiará la ciudad. Apenas a unas manzanas de distancia, el Holocaust Museum Houston acaba de lograr el objetivo de su campaña de recaudo para duplicar su espacio: 49,4 millones de dólares.

Y hablando de manzanas, en Nueva York se ha dado otro buen ejemplo de generosidad económica y compromiso de los ciudadanos con el museo dedicado a la estatua de la libertad. El nuevo espacio requiere 100 millones de dólares, y el crowfunding de los habitantes ya ha cubierto el 10% en una campaña llamada For Lady Liberty, que empezó el pasado 2 de julio. El nuevo espacio es de 2.400 metros cuadrados.

El crowfunding se está convirtiendo progresivamente en la vía más recurrida para financiar muchos proyectos museísticos. Cada vez son más numerosos los proyectos de restauraciones, compras de obras y de instalaciones gracias a la generosidad de las fundaciones e individuales privados. Esperemos que el mecenazgo cultural, muy efervescente en Norteamérica, se contagie en Europa y el resto del mundo para ofrecer al ámbito cultural la importancia que merece.

En España se está adoptando este sistema a otros niveles, más en materia de restauraciones y de compras de obras que en rehabilitación de edificios. El Museo del Prado pudo comprar Retrato de niña con paloma, de Simon Vouet gracias a los 6.500 donantes que, juntos, alcanzaron los 200.000€ que costaba el lienzo. La lucha por fondos más reciente ha tenido lugar en la burgalesa localidad de Quintanilla de Riofresno, donde ya se han reunido 14.000€ para restaurar el retablo de la iglesia. El verano pasado, también en Burgos se emprendió un mercadillo solidario para la restauración del retablo de la iglesia de Santa Eulalia. Veremos si estos pequeños pasos nos llevan a financiar entre todos nuevos museos o ampliaciones. Sería positivo que no solo la desgravación fiscal motive el mecenazgo, sino también el cariño por el arte y sus instituciones, y la conciencia de la cultura como integradora de la sociedad a nivel nacional e internacional.

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