Cómo el gobierno de USA lanzó a Rauschenberg al estrellato

Cómo el gobierno de USA lanzó a Rauschenberg al estrellato

El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza contextualiza su única obra de Robert (Bob) Rauschenberg: Express. A la pieza, que fue la ganadora del Gran Premio de Pintura de la Bienal de Venecia de 1964 –con un empujoncito de la Agencia de Información de Estados Unidos y el galerista Leo Castelli–, la acompañan un vídeo sobre su producción, fotos de su traslado a la Ciudad de la Laguna, las revistas que sirvieron como base para las serigrafías y dos catálogos de la Biennale.

Que tras la Segunda Guerra Mundial Estados Unidos se erigió como la nueva Meca del arte, es algo que se estudia en primero de Historia del Arte. Que ese movimiento sísmico del mundo creativo fue propiciado por el gobierno norteamericano, también.

Robert Rauschenberg. Express. 1963. Óleo y tinta serigráfica sobre lienzo. 184,2 x 305,2 cm. © The Estate of Robert Rauschenberg/ARS, Nueva York/ VEGAP, Madrid.
Ugo Mulas. Transporte de las obras de Robert Rauschenberg, XXXII Exposición Internacional Bienal de Arte, Venecia, 1964. Gelatina de plata. Cortesía Archivio Ugo Mulas, Milán. Foto Ugo Mulas © Ugo Mulas Heirs. All rights reserved.

Pero lo habitual es que se explique en el contexto de los primeros años de la Guerra Fría, con el realismo soviético contraponiéndose al expresionismo abstracto americano. El enfrentamiento de lo colectivo frente a lo individual, del “nosotros” feminizado al “yo” masculino.

El montaje expositivo del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Rauschenberg: Express. En movimiento –que se centra en la obra del mismo título, la única en las colecciones de la institución y que fue galardonada con el Gran Premio de Pintura de la Bienal de Venecia en 1964– amplía esta guerra cultural hasta los artistas de la siguiente generación a Pollock y Rothko, a aquellos que rompieron con la modernidad.

Esto puede resultar sorprendente en un principio, no es fácil imaginar a Rauschenberg y compañía siendo especialmente valorados por el Tío Sam, pero parece que sí tuvieron un considerable apoyo institucional.

Durante la presentación del montaje expositivo, el director artístico del Thyssen, Guillermo Solana, mencionó el revuelo que se formó en la prensa europea cuando en 1964 el jurado del Gran Premio de Pintura de la Bienal de Venecia decidió galardonar a un joven artista americano –de solo 39 años– en vez de a un autor consagrado y al final de su carrera, como había sido habitual.

Se habló entonces de injerencia del gobierno estadounidense, que con esta maniobra daba el golpe de gracia al Viejo Continente –y especialmente a París– y le arrebataba definitivamente la corona del arte contemporáneo.

62 años después, parece haber pocas dudas de que la Agencia de Información de Estados Unidos tuvo algo que ver. Es importante el dato de que las obras de Rauschenberg viajaron hasta Italia en el Air Force One, el avión personal del presidente. Además, Leo Castelli, el flamante galerista de Bob –como llamaba todo el mundo a Robert– hizo una importante campaña a su favor.

Si quisiéramos criticar esta manera de actuar, quizá pueda ser algo cuestionable la primera parte –que de manera muy políticamente correcta podemos llamar “diplomacia cultural”–, pero la labor de cualquier galerista decente debería ser promocionar a sus artistas allí donde vayan.

En cualquier caso, Express un combine parte de la experimentación de Rauschenberg con la serigrafía, viajó hasta Venecia y propulsó a su autor, un farmacéutico reconvertido en artista autodidacta, al estrellato.

Para contextualizar la creación de esta obra, la conservadora y comisaria, Marta Ruiz del Árbol, ha reunido en una misma sala imágenes del traslado de Express a la Ciudad de la Laguna, dos catálogos de la Biennale, una vitrina con revistas de las que salieron la mayoría de imágenes reproducidas en la pieza y un vídeo con su creación y algunos fragmentos de un ballet coreografiado por Rauschenberg.

Ugo Mulas. Transporte de las obras de Robert Rauschenberg, XXXII Exposición Internacional Bienal de Arte, Venecia, 1964. Gelatina de plata. Cortesía Archivio Ugo Mulas, Milán. Foto Ugo Mulas © Ugo Mulas Heirs. All rights reserved.
Ugo Mulas. Robert Rauschenberg, XXXII Exposición Internacional Bienal de Arte, Venecia, 1964. Gelatina de plata. Cortesía Archivio Ugo Mulas, Milán. Foto Ugo Mulas © Ugo Mulas Heirs. All rights reserved.

De hecho, de las seis escenas que aparecen en Express, solo una es una fotografía del artista, la que retrata a uno de los conjuntos de danza vanguardista con los que colaboró (y entre los que se encuentra su amante del momento, Steve Paxton).

Tal y como explicó Ruiz del Árbol, esta serie de obras se encuentran en un momento de transición entre el expresionismo abstracto –cuya gestualidad Rauschenberg no había abandonado– y el Pop art, con su uso de imágenes de consumo masivo. “Bob empezó a tener éxito con los combines porque en ellos pone en duda la separación entre el arte y la vida”, explicó la comisaria. Una de sus frases más célebres mencionaba que intentaba “actuar en el espacio entre ambas”.

Express llegó a la colección Thyssen en 1974, en un periodo en el que el barón estaba interesado en llenar los huecos del conjunto –desde una perspectiva museística–incluso si eso significaba alejarse de su gusto personal, tal y como es probable en este caso.