Dambier saca el ‘glamour’ de Balenciaga y Givenchy a la calle

Dambier saca el ‘glamour’ de Balenciaga y Givenchy a la calle

El Museo Cristóbal Balenciaga ofrece un testimonio de una de las épocas doradas de la historia de la moda: la alta costura parisina de los años cincuenta. Lo hace a través de una muestra de 77 fotografías de Georges Dambier, distribuidas en siete ejes temáticos representativos tanto de su obra como de la sociedad del momento, con secciones dedicadas a Balenciaga y Givenchy. La exposición Vivre sa vie. Georges Dambier y la moda puede visitarse en el museo de Getaria hasta el 13 de diciembre de 2026.

Georges Dambier en París (1955). ©Museo Cristóbal Balenciaga.
Georges Dambier. Marie Hélène Arnaud con una creación de Pierre Cardin (1957). ©Museo Cristóbal Balenciaga.

Tras las restricciones de la Segunda Guerra Mundial, especialmente en lo que respectaba a los materiales y tejidos, la moda pasó por un momento de crisis donde todo era gris y austero. Pero esto no tardaría en cambiar.

En 1947, Christian Dior presentó en su primer desfile de alta costura una silueta de falda amplia y cintura ceñida que evocaba la forma de una flor. La colección, denominada Corolle, hacía referencia a los pétalos y simbolizaba la feminidad y la delicadeza asociadas a la mujer.

La prensa de moda dominante bautizó esta silueta con el nombre de New Look y sus posteriores imitadores representaron simbólicamente la virtud femenina de la sumisión a través del diseño estructural de las prendas.

Se inició entonces una edad de oro de la alta costura, marcada por el dominio creativo de casas que sentarían las bases de la feminidad moderna: Dior, Chanel, Givenchy, Fath y Balenciaga. Además de dominar la escena parisina, estas firmas ejercieron una influencia en la moda a escala global. Sus creaciones fueron reproducidas, reinterpretadas y difundidas por revistas, grandes almacenes y clientas de todo el mundo, consolidando la alta costura francesa como referente cultural y económico.

En este contexto, hubo fotógrafos, como Cecil Beaton y Richard Avedon, que contribuyeron a la mitología del New Look con imágenes de estudio donde predominaban las poses rígidas y la teatralidad.

Otros, en cambio, crearon una imagen alternativa durante la década de 1950 que reivindicaba la movilidad de las mujeres en la esfera pública, en un momento en el que las fuerzas sociopolíticas buscaban su retorno al hogar.

Entre ellos encontramos a Georges Dambier, uno de los primeros fotógrafos franceses en sacar a las modelos del entorno controlado del estudio y convertir París en su escenario favorito. La Place Vendôme, Montmartre, los Campos Elíseos, la rue de la Paix o el Sena fueron el telón de fondo de una tendencia que él mismo denominó Couture en movimiento.

Georges Dambier. Fiona Campbell-Walter con una creación de Marc Bohan (1953). ©Museo Cristóbal Balenciaga.
Georges Dambier. Bettina luce una creación de Christian Dior en Quai Alma-Marceau, París (1955). ©Museo Cristóbal Balenciaga.

En este punto la muestra presenta tres imágenes de las modelos Nina (con un traje de Balenciaga), Gunilla (con un traje de Givenchy) y Bettina (con un conjunto de Dior) sosteniendo una pizarra en la que se indica la revista a la que va destinado el reportaje, el nombre del diseñador de los modelos que llevan puestos y la fecha en que se tomaron las imágenes, que difiere de la fecha de publicación.

La comisaria de esta exposición y editora de moda de la revista ELLE, Anne Rivemale, sostiene que “Georges convertía cada foto en una escena viva y expresiva”, donde la moda dejaba de ser estática y rígida, y cada reportaje suyo “contaba una historia” que iba mucho más allá del tema principal.

Por ello, las referencias a otras disciplinas visuales como la pintura, las artes gráficas, el teatro y el cine eran constantes. Desde muy temprano, el fotógrafo encontró en la imaginación cinematográfica una fuente de inspiración, con una visión de la moda que retrata a una mujer emancipada y que presagia el espíritu de la Nouvelle Vague.

Georges Dambier durante una sesión en Marruecos con una creación de Hubert de Givenchy. ©Museo Cristóbal Balenciaga.
Georges Dambier. Catherine Pastrie con un traje de baño de Jantzen en Biarritz (1960). ©Museo Cristóbal Balenciaga.

Además de París, la democratización de los viajes en la década de 1950 dio forma a un nuevo concepto: el del turista-fotógrafo. Apoyado por Hélène Gordon-Lazareff, fundadora de ELLE, Dambier también realizó editoriales en destinos como Marruecos, la antigua Yugoslavia, Brasil, las Antillas francesas, Tahití o Ceilán.

Debido a la importancia de Lazareff en su trayectoria en la fotografía de moda, la exhibición dedica una sección al vínculo entre ambas figuras. Su relación profesional comenzó el 2 de febrero de 1952, en el marco del primer desfile de moda de Hubert de Givenchy, que entonces tenía 24 años.

Las fotografías del desfile que acompañan el texto publicado en ELLE son obra de Dambier y supuso el primer trabajo para la revista editada por Lazareff, quien captó de inmediato el potencial del joven.

Tanto en esta revista como en Nouveau Femina, la periodista le concedió una considerable autonomía en su trabajo, especialmente en sus sesiones de moda durante las vacaciones. El resultado son instantáneas bañadas por el sol que reflejan la personalidad de Dambier y revelan su entusiasmo por la vida junto al mar, sobre todo en el sur de Francia y en la costa vasca. Son famosas sus imágenes de Catherine Pastrie, Marie-Hélène Aranaud y Barbara Mullen.

Este proyecto expositivo se construye en torno a las fotografías de Georges Dambier, pero las verdaderas protagonistas son esas mujeres retratadas que huyen de los convencionalismos; al igual que Nana, la protagonista de la película Vivre sa vie, de Jean-Luc Godard, de la cual la exposición toma el título. Nerea Méndez Pérez

Georges Dambier. Marie Helene Arnaud en el Eden Roc Hotel de Cap d'Antibes (1957). ©Museo Cristóbal Balenciaga.
Georges Dambier. Barbara Mullen y Marie Hélène Arnaud en Cap d'Antibes (1957). ©Museo Cristóbal Balenciaga.