Misericordia y salvación en el Barroco español

Misericordia y salvación en el Barroco español

El Centro Cultural Condeduque de Madrid ofrece la oportunidad de contemplar algunas de las obras cumbre del barroco que crearon Bartolomé Esteban Murillo, Juan de Valdés Leal y Pedro Roldán para el Hospital de Santa Caridad de Sevilla. Una exposición que se enmarca en la programación de Los Veranos de la Villa.

Bartolomé Esteban Murillo. 'Moisés y la roca de Horeb' (hacia 1669-1670). Imagen cortesía del Área de Cultura del Ayuntamiento de Madrid.

Para entender el origen de las piezas que protagonizan Arte y misericordia. El Barroco de la Santa Caridad de Sevilla en Madrid me van a permitir que les cuente primero la historia de un personaje muy conocido en Sevilla: Miguel Mañara Vincentelo de Leca, fundador del Hospital de la Caridad.

Fue un noble sevillano de origen corso que nació en 1627, en el seno de una familia acaudalada con negocios establecidos en América. En 1662 ingresó en la Hermandad de la Caridad, de la que fue nombrado Hermano mayor, cediendo su patrimonio al cuidado de los pobres y enfermos contagiados de peste de 1649.

Así fue como el Hospital se vio dotado de nuevas instalaciones, gracias a las inversiones realizadas por el protagonista de esta historia. Además, hizo posible la reforma de la capilla en la que trabajarían artistas de la talla de Valdés Leal, Murillo o Pedro Roldán.

Bartolomé Esteban Murillo. 'Santa Isabel de Hungría curando a los tiñosos' (hacia 1672). Imagen cortesía del Área de Cultura del Ayuntamiento de Madrid.
Bartolomé Esteban Murillo. 'San Juan de Dios transportando a un enfermo' (hacia 1673). Imagen cortesía del Área de Cultura del Ayuntamiento de Madrid.

Sus obras fueron creadas siguiendo el discurso iconográfico ideado por Mañara, marcado por sus meditaciones sobre el sentido de la vida, la realidad de la muerte y la práctica de la caridad como camino para alcanzar la salvación eterna.

Muchas de ellas han permanecido colgadas a gran altura durante más de tres siglos en la capilla, pero ahora se pueden contemplar en la Sala Sur del Centro Cultural Condeduque, coincidiendo con los trabajos de rehabilitación que se están llevando a cabo en el templo original.

La muestra se compone de 14 piezas entre pinturas y esculturas creadas por estos tres artistas, en un recorrido cuya distribución evoca el emplazamiento sevillano. Juntas conforman uno de los conjuntos artísticos e iconográficos más completos del Barroco español.

Entre los lienzos sobresalen San Juan de Dios transportando a un enfermo o Santa Isabel de Hungría curando a los tiñosos, ejemplos de Murillo que apelan a la misericordia. El primero ilustra una de las funciones principales de los hermanos de la Caridad, recogida en el capítulo XII de su Regla: trasladar ellos mismos al hospital a los enfermos que precisaban de ayuda.

Dentro en un ambiente tenebrista, observamos la imagen de San Juan de Dios ayudado por un ángel mientras conduce a un enfermo hacia el centro que él mismo fundó. A pesar del fondo sumido en la oscuridad, se puede advertir a la derecha de la composición una ventana iluminada con dos figuras que contemplan el milagro.

La iconografía en la escena de Santa Isabel es similar y representa otra obligación caritativa establecida en el capítulo XVI de la Regla: asistir a los enfermos y servirles la comida. La belleza y amabilidad de la santa destaca sobre la expresividad popular de los enfermos en una de las creaciones más aplaudidas de Murillo.

El despliegue de obras de este autor se completa con Moisés y la roca de Horeb, La multiplicación de los panes y los peces, un Niño Jesús que hace pareja con un san Juanito, y una estampa de la Virgen María en La Encarnación.

Entre las tallas presentes en la muestra, destaca una de Pedro Roldán con un Cristo de rodillas en oración, instante anterior a la crucifixión. La intensidad expresiva se refuerza con la policromía, marcada por una encarnadura sangrante que refleja de forma realista las heridas de la Pasión.

Del mismo escultor proceden las tallas de San Roque y San Jorge que flanquean la escena principal del retablo mayor en el lado derecho e izquierdo, respectivamente. En el caso de San Roque, la utilización de la imagen de este santo no es baladí, puesto que su condición de protector contra las enfermedades, especialmente la peste, encaja en un contexto hospitalario como el de la Caridad. La presencia de San Jorge también es lógica, puesto que a él está dedicada la advocación de la capilla.

Pedro Roldán. Contrapicado de 'Cristo de la caridad' (1673-1674). Imagen cortesía del Área de Cultura del Ayuntamiento de Madrid.
Juan de Valdés Leal. 'In ictu oculi' (1671-1672). Imagen cortesía del Área de Cultura del Ayuntamiento de Madrid.

Por último, nos encontramos en el recorrido con una pareja de lienzos de Valdés Leal que aluden a la precipitación con la que llega la muerte. En In ictu oculi, se refleja el poder absoluto de la Parca sobre lo humano, al representarla con su pie pisando el globo terráqueo.

Este dramatismo visual se repite en su compañera, Finis gloriae mundi, que compone una escena en el interior de una cripta donde los cadáveres corroídos y descompuestos de un obispo, un caballero calatravo –alusión al propio Mañara– y un esqueleto anónimo reposan bajo la mano de Cristo que, rodeada de un halo de luz, sujeta la balanza del Juicio Final.

Juan de Valdés Leal. 'Finis gloriae mundi' (1671-1672). Imagen cortesía del Área de Cultura del Ayuntamiento de Madrid.
Juan de Valdés Leal. 'Retrato de Miguel Mañara' (1683). Imagen cortesía del Área de Cultura del Ayuntamiento de Madrid.

Merece la pena detenerse en cada uno de los elementos centrales del cuadro donde se encuentra la balanza suspendida. En ella se acumulan en el platillo de “ni más” los siete símbolos de los pecados capitales; mientras en el platillo de “ni menos” aparecen los emblemas de la caridad, oración y penitencia.

Terminamos nuestro particular recorrido con el Retrato de Miguel Mañara, también de Valdés, quien crea la que será la imagen más difundida del fundador. Empleando recursos barrocos como el trampantojo y la vanitas, el retratado mira directamente al espectador desde un marco ilusorio, atravesado por la presencia de la calavera en la que se apoya. En su otra mano sujeta la que será su obra literaria más conocida, el Discurso de la Verdad.

Arte y misericordia. El Barroco de la Santa Caridad de Sevilla en Madrid puede visitarse de forma gratuita en el Centro Cultural Condeduque hasta el próximo 22 de noviembre, como parte de la programación de Los Veranos de la Villa. Nerea Méndez Pérez