‘Venus y Cupido’ de Rubens recupera su esplendor en el Thyssen
El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza ha presentado hoy en la sala 19 de la colección permanente un montaje especial dedicado a la restauración y al estudio técnico realizado en torno a Venus y Cupido (hacia 1606-1611), de Peter Paul Rubens, una de las cuatro pinturas del genio flamenco presentes en la Colección Thyssen-Bornemisza. Con este trabajo, los restauradores han podido ahondar en el conocimiento de los materiales empleados por el artista y en su forma de trabajar, además de recuperar el equilibrio cromático y la sensación de perspectiva, que permanecían ocultos bajo capas de barniz envejecido y alterado. Se podrá ver hasta el 13 de septiembre.
Guillermo Solana, director artístico del Museo Thyssen-Bornemisza, y Alejandra Martos, una de las responsables del Taller de Restauración del Museo han dado a conocer este proceso de restauración, que ha durado año y medio de duración, incluyendo los estudios técnicos y los análisis de laboratorio necesarios para poder intervenir con rigor la obra, eliminando el barniz oxidado y consolidando puntualmente la capa pictórica, con el objetivo de otorgarle una mayor estabilidad general que asegure su mejor conservación en el futuro.
Guillermo Solana dijo que la obra -inspirada en Tiziano- revela que Rubens tenía su propia poética y quizás al compararla con una similar en la NG de Washington del pintor flamenco confirma que en la del Thyssen se apartó del clasicismo de Tiziano. Y añadió que el espejo es un elemento de muchas cosas, entre otras emblema del conocimiento de la belleza ideal y de la comparación entre la pintura y la escultura.
Por su parte, Alejandra Martos, subrayó que ha sido un trabajo coral del taller de restauración del Thyssen: «nos ha permitido entender la obra y adentrarnos en qué quería transmitir Rubens». Destacó que el análisis técnico ha confirmado el dibujo preciso del pintor flamenco y conocer mejor cómo fue el proceso pictórico que dio lugar a la composición y los materiales que utilizó. Todo ello para poder compartir la belleza con los aficionados al arte.
Nuevamente, como ya se hiciera con otras dos obras maestras de la Colección del Thyssen-Bornemisza: Santa Catalina de Alejandría (1598), de Caravaggio; y Joven caballero en un paisaje (h. 1505) de Vittore Carpaccio, entre otras joyas, vuelve a presentar de forma modélica las distintas fases de la intervención llevadas a cabo a través de recursos digitales interactivos que ofrecen imágenes comparativas y detalles ampliados de la pintura, además de textos explicativos de los hallazgos del estudio técnico sobre los materiales, el proceso creativo y la técnica pictórica del artista, y una proyección audiovisual.
Peter Paul Rubens (Siegen, Alemania, 1577- Ámberes, 1640), pintó Venus y Cupido basándose en una creación de Tiziano, hoy desaparecida y que formó parte de las colecciones reales españolas. Hay dos detalles que llaman la atención en la composición de Rubens como son el brazalete de perlas y el anillo del meñique izquierdo de Venus y también el dominio del color y refinamiento que demostró el pintor flamenco. Este óleo formó parte del inventario del artista cuando murió en 1640. Y entró en la Colección del Thyssen en 1957, procedente de la galería de arte Antiquitäten and Gemalde, en Hergiswill (Suiza).
En la Colección del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza además de Venus y Cupido (hacia 1606-1611) hay otras tres piezas más de Rubens: Retrato de una joven dama con rosario (hacia 1609-1610); La ceguera de Sansón (hacia 1609-1610); y La Virgen con el Niño, santa Isabel y san juan Bautista (1618) y dos obras más de su taller.
Aunque la capa pictórica de Venus y Cupido se conservaba en buen estado, la obra presentaba pérdidas en pequeñas zonas, que se habrían estucado y reintegrado durante una restauración antigua, así como algunos craquelados con leves levantamientos de pintura. Además, el barniz envejecido había adquirido una tonalidad muy amarillenta que afectaba a los colores de toda la obra, especialmente notable en las zonas claras. Gracias a la intervención del cuadro, los restauradores han logrado fijar y dar estabilidad a los craquelados y han conseguido recuperar los colores originales empleados por el artista.
La reflectografía obtenida con luz infrarroja muestra un dibujo subyacente limpio y firme, especialmente en las figuras y en la parte inferior derecha, donde Rubens pintó después con mayor detalle y precisión. A partir del original de Tiziano, el pintor flamenco estableció un planteamiento muy claro desde el inicio y no realizara grandes cambios sobre el dibujo.
El estudio radiográfico refleja un buen estado de conservación. Solo se distinguen unos desgarros en la zona central de la obra, que pudieron motivar un reentelado en el pasado. El lienzo original es una sola pieza de tejido que fue recortado en todos los bordes, seguramente para sanearlos. La radiografía revela también una técnica pictórica muy depurada, ya que, se aprecia cómo Rubens aplicó ricas capas de pintura con densos empastes de óleo en las figuras, mientras que el fondo se muestra casi inacabado.
En la imagen radiográfica se distingue también una imprimación sobre la capa de preparación, a base de blanco de plomo, que fue aplicada solo en las zonas correspondientes a las figuras de Venus y Cupido para aportar, probablemente, luminosidad y volumen a las carnaciones en contraste con el fondo oscuro.
Gracias al estudio de estas imágenes, los restauradores han descubierto pequeños cambios en la composición, como la mirada de Venus en el reflejo del espejo, que en un principio el artista dirige hacia el espectador y finalmente la pinta hacia su izquierda, y la posición de los pies de Cupido, ligeramente diferentes en el dibujo y en la versión final.
En este proceso los restauradores confirman que el marco es francés de estilo Regencia y es posterior a la obra. De madera tallada, dorado al agua, combina zonas con brillo y zonas mate. Su restauración ha incluido una limpieza de la suciedad superficial, y se han fijado algunas grietas profundas y pérdidas de fragmentos con un adhesivo vinílico, en una primera fase, y de origen animal, en la segunda. Por último, con un estuco artesanal se han rellenado las pérdidas y con una resina para madera se han reconstruido algunas zonas.





