Geometrías del recuerdo en Colnaghi

Geometrías del recuerdo en Colnaghi

La exposición de Belin en la prestigiosa galería madrileña no debe interpretarse como una incursión contemporánea en un espacio dedicado a la tradición. En su lugar, ofrece un marco para revisitar cuadros de maestros como Diego Velázquez, Joaquín Sorolla o Cornelis Schut III, ahora analizados desde la fragilidad identitaria que ensalza la producción artística del jienense.

Belin sostiene que la historia del arte no es una sucesión de estilos aislados, sino un intercambio continuo de ideas visuales y conceptuales entre artistas separados por siglos. Con esta reflexión en mente, el artista de Linares parece haber sometido sus cuadros a un laberinto artístico influenciado por la memoria.

Cuando nos enfrentamos a los rostros de Inquieta, Nostalgia o Vértigo, tenemos la sensación de que no terminan de coincidir nunca consigo mismos, como si todas las capas de tradición pictórica pesaran sobre ellos y los deformaran. Cuanto más se recuerda algo, más se altera, se fragmenta y cambia de forma.

La exposición establece varias líneas de filiación vertebradas sobre la tradición clásica del retrato, que Belin no duda en desmontar desde dentro. El ejemplo más representativo de la muestra es Nostalgia, una obra que sorprende por el detalle que oculta. El pendiente de la figura retratada refleja una miniatura de Elenita, la hija de Joaquín Sorolla.

Este elemento homenajea una composición del valenciano en la que aparece la niña sentada en una silla ligeramente inclinada, con parte del peso del cuerpo volcado sobre una mesita de madera y un vestido que parece demasiado grande en comparación a su pequeña estatura. Aquí Sorolla pinta la infancia como un territorio aún intacto, previo a la máscara social que, como veremos más adelante, se colocan los personajes de los cuadros de Schut y Velázquez.

Belin posa junto a 'Nostalgia' en su exposición en la Galería Colnaghi de Madrid. ©Colnaghi.
Belin. 'Inquietud' (2026). Óleo sobre lienzo. Dimensiones: 80,5 x 120 cm (sin marco). ©Colnaghi.
Belin. 'Nostalgia' (2026). Óleo sobre lienzo. Dimensiones: 104 x 127 cm (sin marco). ©Colnaghi.
Belin. 'Vértigo' (2026). Óleo sobre lienzo. Dimensiones: 126,5 x 98,5 cm (sin marco). ©Colnaghi.
Vista de sala de la exposición de Belin en la Galería Colnaghi de Madrid. ©Colnaghi.

El reflejo en el pendiente es un guiño a esa tierna estancia vital irrecuperable. Belin explica que Nostagia representa a una joven que se observa a sí misma a través del recuerdo. “La figura no mira únicamente al espectador; su mirada atraviesa el presente para encontrarse con la memoria de quien fue”, añade.

Esa idea sobre la fragilidad de la identidad está presente en toda la muestra, en la que Belin despliega una serie de creaciones recientes que sirven para entender un lenguaje propio, definido por él mismo como “postneocubismo”. El universo que ha construido es inmediatamente reconocible, pero al mismo tiempo se presta a varios niveles de lectura.

Es el caso de la puesta en común de Vértigo con el Retrato de una dama perteneciente a la familia Guzmán-Dávalos (1682), de Cornelis Schut III, teniendo en cuenta en todo momento que cada uno se elabora desde una sensibilidad histórica distinta.

En la obra del pintor flamenco, la joven de la familia Guzmán-Dávalos aparece como un personaje dentro de un sistema perfectamente ordenado: linaje, heráldica, moda, arquitectura, flores simbólicas y pose codificada. Su figura se integra en una estructura social y estética cerrada.

Como contrapunto, Belin presenta en Vértigo a un sujeto atravesado por geometrías y superposiciones cubistas, alejándose de la estabilidad de Schut. El creador afirma que en esta pieza se autorretrata y convierte “una experiencia íntima en una reflexión sobre el miedo, la presión social y el vértigo emocional”. Así, mientras la dama presenta la tranquilidad y la estabilidad de quien se sabe socialmente definida, el varón ensalza la angustia de una identidad contemporánea en crisis.

Esta última idea es el eje central de toda la producción reciente del artista de Linares, como vemos una vez más en Inquieta. “En esta obra represento a una mujer que observa de reojo con una mezcla de inquietud y desconfianza frente a una presencia masculina que le impone respeto y temor”, señala Belin.

Cornelis Schut III. 'Retrato de una dama de la familia Guzmán-Dávalos' (1682). Óleo sobre lienzo. Dimensiones: 126.3 x 98.8 cm. ©Colnaghi.
Vista de sala de la exposición de Belin en la Galería Colnaghi de Madrid. ©Colnaghi.

Sus ojos se dirigen hacia Retrato de Don Sebastián García de Huerta (1628-1929), pintado por Diego Velázquez, que muestra a un hombre de mirada imperturbable y ataviado con un traje negro, que, al ocupar buena parte de la pintura, absorbe cualquier emoción excesiva.

De la misma manera, la neutralidad del fondo parece pensada para no distraer, pues el personaje no necesita un contexto para autodefinirse. Velázquez retrata a un hombre cuya identidad procede de una certeza interior y social incuestionable.

Esta exposición, comisariada por la experta en mercado del arte Ana Pomar y con el apoyo de Dámaso Berenguer, director de Colnaghi Madrid, no debe interpretarse como una mera incursión contemporánea en un espacio dedicado a la tradición. Se trata de reconocer una obra capaz de conectar con la tradición pictórica y de debatir con ella en igualdad de condiciones.

Finalmente, cabe destacar que todas las piezas de Belin fueron adquiridas durante la propia inauguración, según ha informado la propia galería, lo que confirma la consolidación del artista tanto en el mercado nacional como en el internacional, donde goza de cierto reconocimiento desde hace años. Nerea Méndez Pérez