‘Alegorías de un porvenir’, un tránsito a la modernidad en el Banco de España
Alegorías de un porvenir es la quinta exposición de producción propia del Banco de España, tras las dedicadas a Goya, la naturaleza, Eduardo de Adaro y La Tiranía del Cronos. Un esfuerzo ímprobo del equipo de Conservación para presentar una serie de hitos históricos y artísticos que han protagonizado la vida más que centenaria de nuestro primer banco público. En esta ocasión es una muestra ambiciosa, inaugurada hoy por José Luis Escrivá, gobernador del Banco de España, que permanecerá abierta hasta el 28 de marzo. Reúne más de 150 piezas, entre pinturas, dibujos, cartones, vidrieras, fotografías y diseños de los años 30 del pasado siglo con la ampliación proyectada por un arquitecto integral como José Yárnoz Larrosa (Pamplona, 1884-Madrid, 1966) que supo impregnar de un movimiento tan relevante como el art déco, combinando diseño, ingeniería, artes decorativas y un simbolismo en los mensajes en unos años convulsos pero que tendió a la modernidad.
Comisariada por Yolanda Romero, conservadora del Banco de España, y por Álvaro Perdices, artista, curator e investigador, Alegorías de un porvenir ha sido un proyecto colaborativo donde la investigación ha sido un pilar fundamental de una exposición que ahora se presenta después de tres años de elaboración. En la presentación Yolanda Romero dijo que este conjunto de obras permite conocer mejor el impacto que tuvo el art déco en la historia del Banco de España. Y añadió que todos los elementos expuestos contribuyen a revelar el intento de transitar a la modernidad y visualizar una idea del progreso y estabilidad con la iconografía de este período histórico.
Por su parte, Álvaro Perdices resaltó el gran trabajo de investigación y búsqueda de material que ha hecho posible esta muestra, lo que ha hecho posible visualizar cómo se produjo esa tendencia hacia la modernidad en torno a dos obras fundamentales como fueron el patio de operaciones, con esa vidriera que está considerada una de las más importantes de Europa con el diseño del taller de Maumejean Hermanos de Madrid bajo la atenta mirada del arquitecto José Yarnoz, verdadero protagonista de la ampliación; y la Cámara del Oro. “La muestra es un relato visual para conmover y suscitar emociones en los aficionados al arte y la historia”.
Algo que llama la atención fue que la ampliación de Yárnoz Lamela logró equilibrar la armonía exterior del edificio de Eduardo de Adaro pero dotándolo de una lógica estilística inspirada en el art déco, del que ahora se cumple el primer centenario y que Yárnoz conoció en París en la Exposición Internacional de Artes Decorativas de 1925. El arquitecto navarro supo incorporar nuevos materiales como el acero, la piedra, el mármol, el vidrio o el latón pulido y recurrir a técnicas innovadoras que le ayudaron a representar los valores de la modernidad.
El Patio de Operaciones y la Cámara del Oro son los dos símbolos sobre los que pivota la muestra. El primero, abierto y monumental, es una especie de plaza pública donde la ciudadanía pudo acceder a los servicios financieros, mientras que la segunda se pensó para custodiar las reservas de oro de España. Hay un juego de dualidades entre la luz y la sombra, entre lo abierto y lo oculto, que subraya lo alegórico y lo real en una institución como era y es el Banco de España.
Este proyecto expositivo, en el que además del Banco de España han colaborado el Museo Nacional de Artes Decorativas y la Fundación Centro Nacional del Vidrio, ha hecho posible que muchos de los dibujos, cartones y vidrieras hayan sido estudiados y restaurados y se exhiben por primera vez al público.
En muchas de las obras seleccionadas está presente el homenaje alegórico al mundo del trabajo en la industria, la ganadería, la pesca y la agricultura pero también a los medios de transporte de un mundo en tránsito, sin olvidar que muchas fotos fijan la dureza de los trabajos físicos, la precariedad y cierta ausencia de la presencia femenina, aunque hay algunos ejemplos de mujeres trabajando en el campo o simbolizando el comercio y la abundancia, que representaban un tiempo de esperanza.
Yolanda Romero y Álvaro Perdices han estructurado las más de 150 piezas en cinco ámbitos temáticos que guardan una interrelación entre ellas para articular un discurso potente entre lo artístico y lo tangible.
El primero Territorio, progreso y sociedad gira en torno a la década de los años 30 con pinturas de años anteriores de Ramón Casas, un paisaje de 1890, que muestra la relevancia de las comunicaciones y la electricidad; dos bocetos de Torres-García que ensalzan la Cataluña industrial; dos paisanos vascos en Zarauz, captados por Sorolla; pescadores vascos y el Puente de Burceña de Arteta; y dos sutiles composiciones de Benjamín Palencia.
Y además la dureza de los asfaltadores en la Puerta del Sol bajo la mirada de Gutiérrez Solana; algunas fotografías y un documental que ilustra el trabajo de los yunteros de Extremadura. Estas piezas son fieles testigos de los cambios sociales que se iban produciendo y que quizás en los años 30 alcanzaron una mayor expresión.
La segunda sala está dedicada al taller de Maumejean Hermanos y muy especialmente a las vidrieras que más singularizaron la ampliación de José Yárnoz. En dos vitrinas de la Colección Vetraria y en las paredes pueden observarse una serie de dibujos, bocetos y cartones que ayudan a que los visitantes podemos ir reconstruyendo el proceso productivo de estos artesanos/artistas que dieron forma a un extraordinario conjunto decorativo para desarrollar una visión del trabajo colectivo como argumento estético de la modernidad institucional de los años 30 en España, Europa y Estados Unidos, aunque en nuestro país y en una institución como el Banco de España tuvo connotaciones propias.
En la sala grande y verdadero eje de Alegorías de un porvenir cuelgan las dos vidrieras recién restauradas, Alegoría de la Industria y Alegoría de la Agricultura (1934-1935), vidrios esmaltados e impresos de metal, que fueron concebidas para la escalera principal de la ampliación con acceso a la planta principal y segunda. Ambas están inmersas en el lenguaje art déco y poseen un dinamismo que nos retrotrae al estilo de los Delaunay.
La de la industria presenta a un hombre musculoso, en una iconografía cercana al muralismo norteamericano de Estados Unidos y México y de otros que se dieron en Italia y la Unión Soviética, pero donde no falta la representación de un transatlántico y una referencia a Mercurio. En la de la agricultura vemos a dos hombres cargando cestas de naranjas. En las dos escenas llaman la atención cómo los fondos transparentes bañan las dos escenas de luz, aunque los vidrios impresos la van matizando.
En esta gran estancia a izquierda y derecha cuelgan ocho cartones a cada lado, a tamaño natural, hechos con carboncillo y tinta sobre papel por Alberto Martorell de Maumejean Hermanos que fijaron esos arquetipos que trabajan en la agricultura, la industria, la pesca, el pastoreo, entre otras ocupaciones. Casi todos reproducen a hombres musculosos, menos algunos que toman a la mujer como centro en Alegoría de la Abundancia y Alegoría del Comercio o en alguna escena de la recolecta en el campo.
Y en el centro un banco doble proyectado por Yárnoz, en madera de cuba tallada y ensamblada, que fueron concebidos para estar en el Patio de Operaciones. Y una vitrina con billetes emitidos durante esos años por el Banco de España y un par de ellos por la Generalitat de Cataluña que también estaban inspirados en el movimiento art déco.
El ámbito de Tecnología y seguridad se dedica a la Cámara del Oro, uno de los espacios más emblemáticos y misteriosos, situado a 35 metros de profundidad y que fue concebido por José Yárnoz en el primer lustro de la década de los 30 para custodiar las reservas del Banco de España. En 2008 se podrá visitar cuando haya concluido su restauración. El diseño respondió a una necesidad de arquitectura de precisión, en el que cabían toda una serie de elementos como puerta acorazada, blindaje, materiales hidrófugos, un mobiliario técnico de líneas geométricas, con el objetivo de garantizar una protección absoluta a lo que custodiaban.
En esa sala vemos una maqueta que refleja muy bien su concepción de la seguridad; una serie de dibujos y planos que documentan cómo fue el proceso de construcción; y sobre todo un friso fotográfico en pequeño y gran formato, procedentes del Archivo del Banco de España, que ilustran cómo los trabajadores fueron excavando hasta la profundidad de más de 30 metros y sitúa el esfuerzo físico en la realidad del trabajo.
Por último, en Una modernidad administrada incluye documentos y objetos que ayudan a comprender el tipo de diseño material y funcional del edificio de Cibeles, donde cada uno de los elementos y materiales (mobiliario, iluminación o señalética) forman parte de una concepción integral de la estética art déco. En las vitrinas se exhiben una serie de documentos y libros que explican la influencia que tuvo José Yárnoz tras visitar Paris en 1925. Y además un diazotipo de la sección del hall con el vestíbulo de enlace del propio arquitecto y el dibujo que hizo Yárnoz con el plano de la armadura del Patio de Operaciones; algunas fotografías de Antonio de Zárraga, empleado del Banco de España; un ejemplo de la cerrajería artística como rejilla para radiador; una librería giratoria en caoba; y una alegoría de París de Alfonso Olivares, un óleo de 1927 que refleja la fascinación del pintor por la elegancia racional, la luz y el metal, tan en sintonía con el art déco.
Acompañando a la muestra se ha editado un libro con el mismo título, que es algo más que un catálogo habitual en las exposiciones. Además de los textos de los dos comisarios y del gobernador del Banco de España, se incluyen artículos de especialistas como Dolores Jiménez Blanco; Mariàngels Fondevila y Raúl Martínez Arranz; Lucía Rodríguez Muñoz; Patricia Alonso; Carlos Muñoz de Pablos; Víctor Nieto Alcaide; Cristina Cámara Bello; y Marta Rosón. Un discurso narrativo para una gran exposición sobre el progreso y la mirada al futuro de una época de esperanza.








