El dinamismo creciente de la Colección del Museo Guggenheim Bilbao
Hace ahora tres años, con motivo de su 25 aniversario, el Museo Guggenheim Bilbao organizó una exposición relevante de su papel como coleccionista, Secciones/Intersecciones, que reunía las piezas que conformaban la colección de la entidad vasca. Desde el pasado viernes presenta Obras de la Colección del Museo Guggenheim Bilbao, que ofrece la posibilidad de contemplar las adquisiciones recientes y las donaciones de la Colección D. Daskalopoulos, Fundación Al Held y el depósito a largo plazo del coleccionista Inge Rodenstock. En la presentación estuvieron presentes Miren Arzalluz, directora general del museo; Xabier Sagredo, presidente de la Fundación BBK, patrocinador de la muestra; y Marta Blàvia, conservadora del museo y comisaria.

Los fondos de la Colección del Museo Guggenheim no han dejado de crecer desde que comenzaran las adquisiciones hace casi tres dácadas y junto a obras de creadores como Yayoi Kusama, El Anatsui y otros artistas fundamentales de la segunda mitad del siglo XX, Basquiat, Klein, Koons, Cy Twombly, Warhol, Jenny Holzer, Ellsworth Kelly, Kiefer, Helen Frankenthaler o Marta Juntgwirth, entre otros, que son un friso muy relevante de las tendencias y movimientos que han imperado en los últimos 70 años.
Esta muestra con carácter permanente que ocupa la tercera planta del Museo también hace posible que los aficionados al arte contemporáneo puedan acercarse a piezas de Lucio Fontana, Damian Hirst, Martin Kippenberger, Robert Ryman, Tom Sachs, Roy Lichtenstein y,Al Held, por citar algunos de artistas que han protagonizado las nuevas adquisiciones. El conjunto de obras seleccionado por Marta Blàvia, comisaria de la exposición, permite unas interacciones reveladoras entre las obras incorporadas y de estas con el edificio de Frank Gehry, así como una nueva lectura de la colección, caracterizada por la pluralidad de voces que, en gran medida, recoge a complejidad del arte más actual.
De las siete salas de la planta tercera, tanto la 301 como la 304 mantienen la misma disposición con dos piezas impactantes de Yayoy Kusama, Sala de espejos del infinito- Deseo de felicidad para los seres humanos desde más allá del universo (2020) y Mar creciente (2018) de El Anatsui, el resto de las piezas se disponen en cinco salas en un recorrido temático por el conflicto, el Pop Art, la abstracción y espacio, el gesto y la acción, y palabra y signo, en un recorrido meditado por Blàvia.
En la sala 302, Arte y conflicto, las piezas allí expuestas permiten una reflexión sobre la huella que deja la violencia, tanto de lo que se ve como de lo que flota en el ambiente, y nos hacen preguntas sobre la incertidumbre y lo complejo de muchos de los acontecimientos que viven en la vida cotidiana millones de personas. Hay ejemplos de Doris Salcedo en las esculturas que son una metáfora de la memoria de las vidas truncadas por la guerra en Colombia; en Jenny Holzer observamos las palabras de personas perseguidas por el dictador Bachar al Asad en Siria; en Mona Hatoum lo vulnerable en la intimidad del hogar; y en la valla de Kendell Geers, que procede la Colección D. Dascalopoulos, como ese elemento restringe nuestro movimiento en ese espacio.
En la siguiente sala se rastrean las huellas del Arte Pop, un movimiento que surgió en la década de los 60 en Estados Unidos. Muchos de los artistas pop tomaron imágenes y objetos de la sociedad de consumo, envases, retratos de personalidades de la época, viñetas y una iconografía que también tuvo su inspiración en el cómic. Una figura como Warhol destacó como un faro en ese período al apostar por la serigrafía, y otros como James Rosenquist que realizó obras monumentales fragmentando iconos de la publicidad. Junto a ellos, el genio de Basquiat, que exploró en el laberinto de la urbe, mientras Martin Kippenberger supo transgredir con ironía las convenciones artísticas, sin olvidar lo que han aportado Koons y Hirst que han sabido convertir objetos cotidianos en arte de alto valor económico, mientras Tom Sachs propone una mirada sobre la autenticidad y el fetichismo del consumo.
En la sala 305, dedicada a la Abstracción y espacio, una serie de piezas reflejan cómo muchos artistas desde la década de los 50 y años posteriores quisieron cuestionar y superar la representación del espacio y al observar sus obras tal vez podamos cambiar la percepción del entorno.
Un grande como Rothko y otro como Robert Ryman, el color es una herramienta que activa la experiencia espacial en la pintura. El primero consigue unas gradaciones de colores vibrantes, mientras el segundo pone el énfasis en la textura y el relieve. Y otros como Kelly usa formas audaces y Palazuelo, sin embargo, apela a que nuestra imaginación concluya el espacio que ls líneas insinúan. Por último Richard Tuttle quiso establecer una interacción entre el objeto, el espacio que lo rodea y el espectador; y la experimentación en Oteiza y cómo modela la materia Chillida en Lo profundo es el aire.
El movimiento existencialista de Sartre y de Camus impregnó gran parte del panorama cultural en Europa, sobre todo, y en Estados Unidos, tras la II Guerra Mundial. La sala 306 gira en torno al gesto, la acción y el proceso creativo. Artistas como Lucio Fontama, Klein, Tàpies o Helen Frankenthaler son un elenco que ilustra este período, desde las incisiones del italo-argentino al ritual performativo de Klein, el desgarro en los arañazos en las texturas de Tàpies y los flujos de color de Helen Frankenthaler.
Hay en algunos de ellos gestualidad y azar, libertad en el modo de reflejar con su mano con piezas de un creador irrepetible como Twombly, en esa amalgama de dibujos, garabatos y texto, sin dejar de mencionar los trazos y las manchas de color de Martha Jungwirth, que supo mantener espontaneidad e intención dejando que todo fluya.
Y como colofón, en la sala 307, nos detenemos ante la palabra y el signo como medio de expresión artística, algo muy evidente en un lienzo de Basquiat, en la reinterpretación de Ibon Aranberri sobre los anagramas que Chillida creó para instituciones vascas y cómo los signos se pueden resignificar en función del contexto.
Un artista como Roy Lichtenstein supo indagar en las estrategias de manipulación de los medios de masas, a través de sus conocidas viñetas que desafiaban el límite entre la alta y la baja cultura. Y hacen pensar las propuestas de Juan Pérez Agirregoikoa o las estructuras complejas de Hanne Dorboven que trascienden las convenciones cronológicas lineales.






