Zorn, cosmopolita y cercano, en Fundación Mapfre

Zorn, cosmopolita y cercano, en Fundación Mapfre

A finales del siglo XIX y primeras décadas del XX un grupo de pintores como Sorolla, Sargent y Zorn fueron decisivos para definir un gusto de época. Ahora Fundación Mapfre acoge hasta el 17 de mayo Anders Zorn. Recorrer el mundo, recordar la tierra, primera retrospectiva en nuestro país del pintor sueco más internacional, al que ya pudimos disfrutar en una muestra mucho más reducida junto a su amigo Sorolla en 1992, celebrada en el museo que el valenciano tiene en Madrid. La gran exposición dedicada a Zorn ( 1860-1920) en las salas de Mapfre reúne más de un centenar de obras, entre óleos, acuarelas, grabados y esculturas del artista sueco, seleccionadas por Casilda Ybarra, comisaria de la muestra y conservadora de Artes Plásticas de la fundación madrileña.

Nadia Arroyo, directora del Área de Cultura de Fundación Mapfre, dijo que Anders Zorn es un artista indiscutible, cosmopolita pero enraizado en su país natal. “Poseedor de un lenguaje muy familiar que le conecta con Joaquín Sorolla, del que era amigo y admirador”.

Casilda Ybarra cree que esta retrospectiva será un descubrimiento tanto para especialistas como para el público en general para acercar a un artista que cultivó la acuarela, el óleo, el grabado y la escultura como se podrá ver en el recorrido por las más de 130 obras reunidas. Y añadió que Zorn destacó en muchos géneros: retratista, pintor de escenas urbanas, desnudos, la naturaleza tanto en Suecia como en otros países como España, Estambul o Venecia.

En todos sus registros y disciplinas demostró tener gran destreza y sensibilidad. Tuvo un gran éxito internacional en Europa y Estados Unidos, con encargos de políticos, empresarios y monarcas en las dos orillas del Atlántico. Residió un largo período en París pero sin perder la conexión con sus raíces, reflejando en muchas de sus composiciones las costumbres populares. Su talento y las ganas de aprender le llevaron a viajar por numerosos países, entre ellos Argelia, Londres, Alemania, Rusia y América Latina, desarrollando un profundo cosmopolitismo, gracias a un lenguaje naturalista moderno, en muchas ocasiones sofisticado.

El recorrido está organizado por temas y cronológicamente. El montaje, diseñado por Francisco Bocanegra, y la disposición de las obras en dos plantas permite un paseo integral y didáctico por la obra del pintor sueco más internacional.

Anders Zorn. Autorretrato con modelo, 1896. Óleo sobre lienzo. 118 x 91 cm. Estocolmo Nationalmuseumm. nº inv NM 1510
Anders Zorn. Placer de verano, 1866. Acuarela sobre papel. 76 x 56 cm. Colección particular. Foto: Hans Thorwid

La entrada comienza con dos autorretratos del pintor sueco, uno de 1889, que fue un encargo que le hizo la Galería de los Uffizi para la colección de artistas de ambos sexos que se remonta al Renacimiento. En esa obra se representa vestido elegantemente, con la cinta roja de la Legión de Honor en la solapa y esculpiendo en arcilla, subrayando su compromiso con ambas disciplinas. El segundo es Autorretrato en rojo (1915), pintado cinco años antes de morir, ataviado con un traje rojizo que contrasta con el aspecto rústico en el que está Zorn.

La primera parte de la retrospectiva está dedicada a su destreza con la técnica de la acuarela y su paso al óleo, lo que revela una gran versatilidad, gracias a una pincelada suelta y expresiva, acentuando su espontaneidad a la hora de fijar paisajes, a su mujer Emma Lamm con sombrero de paja (1887). Cinco años antes se instaló en Londres  y en 1885 se casaría con Emma, hija de una acomodada familia judía de Estocolmo.

En ese período se labró una fama de gran retratista y eso le llevó no solo al Reino Unido sino también a España, país que visitó en nueve ocasiones, Portugal o en su país natal. Supo fijar a sus modelos en lugares que revelaban aspectos simbólicos de los retratados. Sabía extraer detalles a sus personajes. En sus primeros años extrajo muchas de las posibilidades que la acuarela le ofrecía, gracias a una pincelada suelta y una espontaneidad en la ejecución, visible en Placer de verano (1886) donde supo evocar las impresiones que le produjo la superficie del mar que se extendia hasta el lejano horizonte.

Entre 1888 y 1896  Anders y Emma Zorn se establecieron en París, capital mundial del arte. El pintor se integró en los círculos artísticos y participó activamente en las principales exposiciones. El año 1889 marcó un punto culminante en su carrera, pues recibe la medalla de oro en la Exposición Universal y es nombrado caballero de la Legión de Honor.

Una parte significativa de su producción parisina son retratos de artistas, intelectuales y miembros de la alta sociedad. Zorn aporta una mirada inédita a este género como se aprecia en los retratos del actor Coquelin Cadet o del barítono Jean-Baptiste Faure.

Durante estos años también comenzó a explorar temas vinculados con la vida urbana moderna que una gran ciudad como París le ofrecía, como vemos en Ómnibus I, una obra que forma parte de un conjunto reducido pero ambicioso dentro de su producción.

Su prestigio no dejó de crecer y eso le llevó a relacionarse con la mecenas norteamericana Isabella Stewart Gardner, que les invitó a Venecia, y a la que plasmó en uno de sus grabados, y también fue demandado para viajar a Estados Unidos, país en el que hizo grandes retratos, algunos de ellos presentes en Fundación Mapfre.

Zorn supo innovar en este género y apostó por la naturalidad y eso hizo que sus modelos estuvieran posando con espontaneidad o al menos así los fijó en sus lienzos. Buena muestra son los tres expresidentes que le encargaron sus retratos como Grover  Cleveland, que se exhibe en Madrid; William Howard Taft, al que pintó y fijó en un aguafuerte que cuelga en Fundación Mapfre, o Theodore Roosevelt; empresarios como Thomas Wheeler; elegantes mujeres como Marta Dana; del rey Óscar II de Suecia; o del pintor alemán y amigo Max Lieberman o de su admirado Joaquín Sorolla, pintado hacia 1906, con un tono más íntimo y cercano.

Anders Zorn. Despertar en el bulevar Clichy, 1892. Acuarela sobre papel. 36 x 24 cm. Colección particular
Anders Zorn. Ómnibus I, c. 1890. Óleo sobre lienzo. Estocolmo , Nationalmuseum, adquirido en 1985 con ayuda del Fondo Peter y Malin Beijer. nº inv. NM 6810. Foto: Cecilia Heisser /Nationalmuseum

Otro de los temas abordados por Zorn fue su aproximación al desnudo femenino en el paisaje natural sueco, alejándose un poco de cierto academicismo. Son mujeres son prototipos de lo nórdico y en armonía con el entorno en el que las pinta. Muchas de esas composiciones tienen la luz del verano sueco, con los cambios en los reflejos de la luz y los movimientos del agua, captadas con naturalidad pero respetando la intimidad de la escena. Hay una interacción entre los elementos naturales y el cuerpo femenino. Son composiciones llenas de ternura como en Madre vistiendo a su hijo (1888); La primera vez (con mamá), óleo de 1895; o Las bañistas (1889), entre otras.

Aunque en ocasiones fueron objeto de censura, estos desnudos gozaron de gran éxito en vida del artista y contribuyeron decisivamente a su proyección internacional. Destacan por la interacción entre cuerpo, luz, agua y naturaleza; sin embargo, también revelan una interpretación del cuerpo femenino construida desde la mirada masculina. A partir de 1900 Zorn comenzó a trasladar estos desnudos a espacios interiores, con lo que perdieron parte de la frescura y franqueza iniciales. Hoy, estas obras se leen no solo como innovadoras en su tiempo, sino también como testimonio de las tensiones culturales y de género que siguen siendo objeto de debate.

A lo largo de su trayectoria plástica y su sentido cosmopolita nunca dejó de estar ligado al paisaje y experiencia de su infancia. En 1896 regresó definitivamente a Mora para instalarse en una residencia que él mismo había diseñado, una casa que combinaba lo rústico con lo refinado y que reflejaba su sensibilidad artística y su apego a las raíces. En el grupo de obras presentes en la exposición queda patente el mundo que habitó cuando era un niño y el apego a las costumbres populares al recrear el mercado de Mora, una campesina en el pajar, una pastora o un grupo bailando en el solsticio de verano.

Hay algunos ejemplos de su faceta como escultor, pero sobre todo su destreza como Zorn grabador, técnica a la que dedicó 37 años y dejó testimonio en casi 300 aguafuertes. Tenía una gran precisión con el dibujo y esa sensibilidad para fijar los detalles, hasta crear volúmenes y atmósferas de gran riqueza narrativa. Conocía muy bien la obra gráfica de Rembrandt, lo que llevó a reinterpretar el claroscuro y la libertad de línea característica del maestro holandés. Zorn sabía capturar la luz y el movimiento, elementos que también son prominentes en sus pinturas al óleo. Sus temas en el aguafuerte son similares a su pintura: retratos, desnudos al aire libre y escenas rurales de su región natal.

Anders Zorn. Martha Dana (después Mrs. William R. Mercer), 1899. Óleo sobre lienzo. Boston. Museum of Fine Arts, donación de Mrs. William R. Mercer nº inv.28.513. Foto C 2025 Museum of Fine Arts, Boston
Anders Zorn. Grover Cleveland, 1899. Óleo sobre lienzo. Washington D.C. National Portrait Gallery, Smithsonian Institution, donado por el reverendo Thomas G. Cleveland. nº inv. NPG 77.229