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Una pintura de Sofonisba Anguissola para el Bellas Artes de Bilbao

La institución bilbaína ha anunciado la adquisición de los Desposorios de santa Catalina de Alejandría de la pintora cremonesa descubierta recientemente. El cuadro ha sido adquirido a la Galería Caylus por la cantidad de 110.000 euros. Con él, amplía su colección de pintura renacentista y adelanta al siglo XVI la presencia de una pintora en el museo.


Hay historias que acaban bien, y la de la pintura de la que hablamos hoy en una de ellas. Cuando en junio de 2019 salió a la venta en la casa Goya el lienzo de los Desposorios de santa Catalina de Alejandría como obra anónima española del XVII, pocos podían imaginar que, dos años después, esta acabaría ingresando en el Museo de Bellas Artes de Bilbao. Las iniciales «S. L. A» que figuran en el banco pétreo sobre el que se sienta la Virgen rápidamente dieron la clave para identificar a su autora, pues se trataba de la firma habitual de la cremonesa Sofonisba Aguissola (hacia 1535-1625). La restauración a la que fue sometida tras ser adquirida por la Galería Caylus no dejó lugar a dudas sobre su autoría y su fecha de ejecución: «S. L. A. / P / 1588», es decir; «Sofonisba Lomelinna Anguisola / Pinxit / 1588».

Ahora, el museo bilbaíno acaba de anunciar su adquisición tras su paso por la exposición Historia de dos pintoras. Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana organizada por el Museo del Prado en octubre de 2019 y comisariada por Letizia Ruiz. En declaraciones para Ars Magazine, Miguel Zugaza recalca cómo «la reciente adquisición del lienzo de los Desposorios místicos de santa Catalina abre la representación de esta extraordinaria pintora en nuestra colección y, además, adelanta al siglo XVI la presencia de las artistas mujeres en el museo. En un excelente estado de conservación (se encuentra en su primera tela), esta pintura fue una de las grandes novedades de la reciente exposición del Museo del Prado sobre la propia Anguissola y Lavinia Fontana».

Asimismo apunta que «su singularidad reside en ser una de las escasas obras de tema religioso del catálogo de Anguissola. Además, se encuentra firmada y fechada. Sabemos que en su periodo genovés la artista seguía enviando obras a la corte española, por lo que es posible que se trate de una de ellas. Como es habitual en la pintura antigua el modelo procede de otro maestro, Luca Cambiaso, pero Anguissola lo hace suyo en el formato, el color y el tratamiento de las flores y el paisaje. La elección del tema -los Desposorios místicos de santa Catalina- es también muy significativa, ya que en su autorretrato la artista se representa pintando un cuadro también de tema religioso».

Zugaza añade por último cómo, al declararse inexportable, se propició «esta magnífica oportunidad. Para su feliz incorporación a nuestra colección llevamos meses trabajando con Leticia Ruiz y con conservadores del Prado, a quienes agradecemos calurosamente su colaboración».

Por su parte, Enrique Gutiérrez de Calderón y José Antonio de Urbina, directores de Caylus, han mostrado su satisfacción por que la pintura quede en una institución española. Recalcan además el hecho de que haya sido en Bilbao, el museo que más piezas ha comprado a la galería a lo largo de los años. Cabe señalar por ejemplo el retrato de Felipe II de Antonio Moro, el de Juana de Austria de Alonso Sánchez Coello o el de Felipe Manuel de Saboya de Juan Pantoja de la Cruz. Precisamente se reunirá a partir de ahora con estas obras en la exposición permanente.

Sofonisba Anguissola, una pintora célebre en su época pero cuya fama se difuminó con el tiempo, fue llamada a la corte madrileña en 1559 como maestra de pintura de la reina Isabel de Valois. Permaneció en España hasta 1573, año de su primer matrimonio con Fabrizio Moncada. Tras enviudar, seis años después contraería de nuevo matrimonio con Orazio Lomellino y se estableció en Génova, donde pintó, entre otras muchas, el cuadro que nos ocupa.

En su estudio para la exposición del Prado, Leticia Ruiz señaló cómo los Desposorios de santa Catalina de Alejandría fueron pintados en Génova el mismo año que la Virgen de la Leche del Szépművészeti Múzeum de Budapest, con una clara dependencia estética de los modelos de Luca Cambiaso. A pesar de ser un tema recurrente en el arte religioso, Anguissola realizó algunos cambios significativos en la iconografía que hacen pensar en un encargo expreso a la artista, pues Jesús no es el habitual niño de corta edad. Tampoco lo es el gesto de santa Ana, que, en palabras de la especialista, «parece desatender la escena para dirigirse con preocupación o inquietud a María».

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