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Novedades tras la restauración de la Inmaculada de Velázquez

La aparición, en 2017, de la Inmaculada niña de un joven Velázquez revolucionó el panorama artístico nacional. Ahora, tras la restauración llevada a cabo por Icono I&R, se acaba de publicar un estudio por parte de Rafael Romero y Adelina Illán que revela con detalle el proceso técnico con el que fue pintada la obra y las intervenciones que han permitido devolverla a su aspecto original.


El mes de abril de 2017 lo recordaremos por la aparición de un nuevo cuadro de Velázquez en la madrileña sala Abalarte. Para perplejidad de muchos, la casa de subastas ofrecía un Retrato de niña/Joven Inmaculada, que se vendió por 9,7 millones de euros. Los estudios técnicos realizados entonces al cuadro, fechado por los especialistas hacia 1618-1619 y que acusaba el paso del tiempo en su estado de conservación, mostraban que en realidad se trataba de una representación de una Inmaculada Concepción al descubrirse las estrellas ocultas en torno a su rostro.

Ahora puede contemplarse la pintura en todo su esplendor gracias a la restauración que ha llevado a cabo el equipo de Icono I&R. Para conocer todos los pormenores de la misma, acaba de publicarse La Inmaculada Concepción de Diego Velázquez. Creatividad y metodología de un joven genio, texto monográfico de la revista Ciencia & Esencia. Cuadernos de Conservación y Tecnología del Arte publicado Turner. El volumen cuenta con una introducción del profesor Benito Navarrete Prieto y el estudio técnico realizado al cuadro por Rafael Romero Asenjo y Adelina Illán Gutiérrez.

El profesor Navarrete recalca en su texto la importancia que supone la reaparición de esta pintura dentro del contexto del conocimiento, cada vez mayor, que se tiene de los primeros años sevillans de Diego Velázquez, especialmente tras la aparición, en 1994, de la Inmaculada Concepción hoy propiedad de la Fundación Focus. Esta nueva Inmaculada niña sirve además para apuntalar la atribución de la Educación de la Virgen de Yale al sevillano.

Cree también que en su origen pudo tratarse de un cuadro de cuerpo entero en el que el artista retrató a alguien próximo a su círculo. Con el tiempo, se redujo en dimensiones y se ocultaron las estrellas que identificaban su iconografía mariana para convertirse en un retrato de niña.

El estudio técnico de la pintura indica, en primer lugar, el empleo habitual de la denominada por Francisco Pacheco «tierra de Sevilla». También la presencia de dos tipos de dibujo subyacente –al igual que en el cuadro de Yale–, uno más sumario que se identifica con en el que Pacheco llama de perfiles ciertos, «realizado [en palabras de los restauradores] con pinceladas oscuras que apenas se aprecian en la imagen infrarroja y que establecen de forma esquemática los volúmenes de la figura». Las imágenes infrarrojas han mostrado un segundo tipo de dibujo subyacente a base de negro de carbón con el que Velázquez definió con más precisión los contornos.

A diferencia de lo que venía siendo habitual en la conformación de los fondos de las pinturas, Velázquez descartó el empleo de una coloración oscura para optar por una primera base de ocre anaranjado, consiguiendo así mayor luminosidad y calidez en el resultado final. Esto mismo se aprecia en la Inmaculada de la Fundación Focus (hacia 1617), pero no en la de la National Gallery de Londres (1618-1619), en la que, a diferencia de las anteriores, el artista buscó unos efectos lumínicos nocturnos.

Sin duda, el apartado más interesante, por las novedades que ofrece, es el que se refiere al estado de conservación del cuadro. En primer lugar, de su estudio se desprende que la pintura está cortada por la zona inferior, aunque no es posible saber con seguridad si pudo tratarse, como cree el profesor Navarrete, de una figura de cuerpo entero.

El estado de conservación de los pigmentos es, en general, bueno, si bien los daños de mayor calado se encontraban en el fondo de la pintura. Así, en la esquina superior derecha se apreciaba un burdo repintado fruto de una antigua restauración con la que se ocultaron las estrellas que formaban el nimbo de la Virgen. Esta alteración, que dañó el lienzo original hasta el punto de colocar sus fragmentos de manera errónea, acabó por desdibujar su aspecto, que también afectó al pendiente de perla de la oreja derecha de la joven Inmaculada. La restauración ha recuperado por tanto las estrellas y el cromatismo original del fondo.

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