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Una memoria audiovisual para el Prado en su bicentenario


Esta mañana se ha presentado una singular iniciativa, Memoria audiovisual del Museo del Prado, fruto de la colaboración entre tres instituciones públicas, el mencionado Prado, la Filmoteca Española y Radio Televisión Española, así como el apoyo de otras entidades privadas y personas, que harán posible la recuperación de más de 400 archivos audiovisuales que recorren más de 100 años de la historia de la primera pinacoteca española y en gran medida de la sociedad española. De momento la página web del Museo del Prado arranca con 300 registros, después de un año de trabajo en dos líneas muy definidas: el Museo como escenario, y el Museo como inspiración.

Durante la presentación el director del Museo del Prado, Miguel Falomir, ha destacado la importancia del proyecto por cuatro motivos: ampliar la difusión del Museo; expurgar y seleccionar lo mejor de los fondos documentales audiovisuales; permitir el disfrute universal a través de la web del Museo; y la colaboración con las instituciones que lo han hecho posible. Por su parte, Alberto de Prada, director del fondo documental de RTVE dijo que el fondo tiene entre 4.000 y 5.000 contenidos relacionados, desde programas informativos, documentales o monográficos como el programa Mirar un cuadro. Por último, el director de la Filmoteca Española, Josetxo Cerdán, explicó que tanto el NODO  como gran fuente de noticias o numerosas películas que han sido escenario y motivo de inspiración para cineastas también contribuyen a completar la memoria del Museo.

Dentro del nuevo fondo documental que nos ayudará a conocer un poco mejor cómo el Prado ha sido un eje constante de nuestra memoria colectiva, y cómo el cine y la televisión han dejado una huella muy importante entre nosotros. Tras una intensa labor de catalogación, digitalización, gestión online e incluso rescatar un documental, muy probablemente inédito, realizado por Basilio Martín Patino en 1987, Introducción al Museo del Prado, que contó con la dirección fotográfica de Juan Mariné o incluso restaurar cinco cortos: Velázquez, 1937, de Ramón Barreiro; La mitología en el Prado: Rubens, 1948, de José María Elorrieta; Il Paradiso Perduto, 1948, de Luciano Emmer y Enrico Gras, grandes pioneros en la producción de documentales de arte; Goya en el Museo del Prado, de José Antonio Sobrino; y El Greco. Un pintor, un río, una ciudad, ambos de 1960, de Jesús Fernández Santos.

Entre los materiales documentales y cinematográficos que han tenido al Prado como testigo o inspiración encontramos a directores nacionales e internacionales como Orson Welles, George Marshall,  Pilar Miró, Carlos Saura, Mercero y los directores mencionados anteriormente; actores y actrices como Rita Hayworth, Rex Harrison, James Stewart, Tony Leblanc, Concha Velasco, Paco Rabal, Gabino Diego, Eduard Fernández, José Coronado o la voz inolvidable de actores como Fernando Rey o cantantes como María Dolores Pradera, entre otros.

Muchas veces el Prado ha sido escenario de imágenes, ya fuera por su entorno urbanístico, con los Jerónimos o por la solemnidad del edificio diseñado por Villanueva, y muchas imágenes del NODO o más recientemente de Informe Semanal y documentales monográficos dotan a estos contenidos de un alto valor simbólico de nuestra historia. Ejemplos de estos casos durante el último siglo lo constituyen varias grabaciones: ¡Viva Madrid, que es mi pueblo!, 1928, de Fernando Delgado; Madrid, de Ángel Vega, que además de recoger cómo era la Puerta de Goya en 1942 incluye imágenes de una obra de Murillo, La Inmaculada Concepción de los Venerables, que había regresado un año antes procedente del Louvre; o las secuencias de la película Las chicas de la Cruz Roja, de 1958, donde las cuatro jóvenes protagonistas miran la salida de unos recién casados en la iglesia de los Jerónimos, con el Claustro a la derecha, que hoy forma parte de la ampliación de Rafael Moneo llevada a cabo hace más de una década. Y no conviene olvidar los reportajes y películas relacionados con la Guerra Civil española, con el traslado de muchas obras del Museo del Prado fuera de España para salvaguardar las joyas y su posterior regreso, así como la lista de personalidades nacionales e internacionales que durante los últimos 70 años han visitado el museo.

El segundo ángulo, ha sido la inspiración que ha suscitado en creadores de numerosas disciplinas: pintores, escritores, cineastas, escultores y arquitectos, poetas, periodistas, cuyo ejemplo más representativo quizá sea la serie que rodó TVE durante un par de temporadas, Mirar un cuadro, pero que se emitió durante varios años en la década de los ochenta, con un total de 84 capítulos, en los que intervinieron Alberti, Carmen Martín Gaite, Cela, María Zambrano, Canogar, Antonio Saura, Maruja Mallo, Peridis, Antonio Gala, Miguel Fisac, Paco Umbral o Manuela Mena, por citar una docena de  personalidades del mundo de la cultura.

Entre las películas de ficción y dentro de lo que se conoce como Tableau vivant, conviene destacar Locura de amor, en las dos versiones de 1909 y 1948, inspiradas en el cuadro de Pradilla, o más recientemente en la versión de Carlos Saura de los fusilamientos en Goya en Burdeos (1998) o cómo las meninas inspiraron a uno de los grandes dramaturgos españoles del siglo XX, Antonio Buero Vallejo, cuya obra fue adaptada en 1974 para Noche de Teatro  en TVE. Un autor que sentía una gran fascinación por las pinturas de Velázquez. En suma, un compendio maravilloso y selecto de imágenes en movimiento que nos ayuda a contemplar de otro modo el Museo del Prado. Julián H. Miranda

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