Una ‘Magdalena’ mutilada encumbra definitivamente a Artemisia Gentileschi
Dorotheum adjudicó una María Magdalena a la que le falta un gran fragmento de lienzo –se podría decir que el principal– por 837.500 euros, mientras que las estimaciones se situaban entre 120.000 y 170.000 euros. Esta escalada de precios por una pintura incompleta sitúa indiscutiblemente a Gentileschi en el panteón de los grandes maestros.
En el proceso de revaloración de un autor olvidado, es válido preguntarnos en qué momento deja de ser un corredor a la zaga –pero acelerando– y pasa a situarse a la cabeza de la carrera.
Mientras que en un evento deportivo es evidente, cuando se trata de asuntos reputacionales más difusos, no es tan fácil percibirlo. Al fin y al cabo, ¿dónde está el límite en el amor del público hacia un autor? ¿Es lógico el fervor que despierta Caravaggio o el Greco? ¿O, incluso, Frida Kahlo? ¿Lo mantendrán?
Artemisia Gentileschi es la mujer artista de la Edad Moderna que mejor ha encarnado el trabajo de recuperación de figuras llenas de talento, pero ignoradas por la crítica debido a su género. Ha pasado, en relativamente poco tiempo, de ser una sombra de su padre, Orazio, a sobrepasarle en popularidad.
Los precios han ido aumentando en consecuencia. Nada tienen que ver los cuatro millones que pagó la National Gallery de Londres por su Autorretrato como santa Catalina de Alejandría en 2018 a los más de 10 millones de dólares que se rumorea que pagó la National Gallery de Washington por su Magdalena en éxtasis hace unos meses.
Y aunque este último fue un hito importantísimo para la credibilidad –y atractivo– de Artemisia, me gustaría proponer la tesis de que ha sido la venta en Dorotheum de una María Magdalena –a la que se le falta un recuadro con su rostro y mano derecha– por 837.500 euros lo que confirma su estatus indiscutible de gran maestra.
Ante esta cifra, es importante recordar que la Magdalena en éxtasis de la NGW fue récord en 2014 con un remate de 865.000 euros. Qué poética coincidencia que, tan solo 12 años después, una obra a la que le faltan los detalles que mayor valor dan a una composición iguale el récord.
La pintura salía con unas más estimaciones contenidas de 120.000 a 170.000 euros, pero una encarnizada guerra de pujas la propulsó hasta los 837.500 euros que mencionábamos.
Esta clase de obsesión demostrada por los coleccionistas, anticuarios –y quizá algún museo– que pujaron es la prueba fehaciente del valor que concedemos a Artemisia.
Se desconoce cuándo se recortó la Magdalena, aunque se especula que pudo ocurrir después de la Segunda Guerra Mundial.
En los siglos XIX y XX fue habitual la manipulación de las obras antiguas, muchas veces por individuos con pocos escrúpulos que buscaban maximizar sus beneficios. Es más lucrativo –e infinitamente más fácil– vender un retablo por partes que entero.
Pero es improbable que quien se acercase con unas tijeras al Artemisia pensase que los restos de su intervención pudiesen tener valor. A pesar de esto, una serie de coleccionistas preservaron el cuerpo y mano izquierda de la santa.
Es cosa segura que todo el que tenga un interés remoto en la pintura de la Edad Moderna mirará con ansia los catálogos de las próximas subastas esperando ver el fragmento faltante (si es que no está ya localizado). Lo mejor es que no hay que especular con su aspecto, porque la obra es una versión con ligeros cambios del lienzo del mismo tema y autoría del Palacio Pitti.


