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La fotografía de Laguillo y el testimonio del paisaje urbano a las futuras generaciones


El Museo Universidad de Navarra sigue adelante con la iniciativa Tender Puentes del Museo; esta vez, con la acogida del proyecto Las provincias de Manolo Laguillo, que se exhibe por primera vez al completo. El conjunto – un total de 279 fotografías divididas en 28 series – ha sido comisariado por Valentí Roma y coproducido con La Virreina Centre de la Imatge de Barcelona, además de contar con el patrocinio de Correos. Estará abierta hasta el 20 de marzo.


Dentro de la exhibición, el fotógrafo madrileño también inaugura Oporto junto a un proyecto anterior, Las provincias (2014-2015), que se presenta por primera vez al completo. Esta última serie comprende 65 dípticos sobre ocho ciudades españolas: Cáceres, Zamora, Palencia, Soria, Segovia, Teruel, Ciudad Real y Jaén, ubicadas entre el centro de país y la periferia, que le permiten abordar cuestiones como la España Vacía y los cambios provocados por la industrialización.

La muestra ofrece un recorrido por cuatro décadas de trabajo del artista, a través de imágenes de varias ciudades como Barcelona, Soria, Chicago, Beirut o Gandía en las que explora el fenómeno del tiempo y la huella que este deja en los paisajes urbanos. Las fotografías abarcan desde 1983, con el conjunto que dedicó a las inundaciones de Bilbao, hasta 2020, con imágenes del confinamiento barcelonés.

En la presentación Manuel Laguillo, acompañado por Valentín Roma y Jaime García del Barrio, director del MUN, subrayó la importancia del modo en que se aproxima a la urbe en todos sus trabajos: “Hay una consideración de la ciudad como el objeto más grande que puede generar el ser humano. También, quienes la hacen, son en su mayor parte anónimos y este sujeto colectivo me interesa”.

El comisario, por su parte, quiso dar a la obra del fotógrafo un alcance que trasciende el contexto barcelonés al que habitualmente queda circunscrita: “Se aprecian variedad de prismas y aproximaciones, algunas no occidentales, como las de Japón. Por eso, cuestiona y amplifica la mirada de un fotógrafo históricamente asociado a Barcelona. Observamos en su trayectoria que no existe un vínculo tan unilateral”.

La ciudad como tema que caracteriza la propuesta da cuenta de la relevancia de su obra dentro del documentalismo urbano. El madrileño, desde sus inicios como fotógrafo a finales de los setenta empezó a retratar distintas zonas de Barcelona, llegando a captar a lo largo de los años su proceso de transformación metropolitana. Más adelante, llegó a realizar numerosos proyectos que exploraban enclaves tan distintos como México, Nueva York, Berlín, Oporto o Madrid.

Si bien la magnitud de los núcleos urbanos y el anonimato de su inmensidad son fundamentales para la comprensión del recorrido, el espacio y el vacío constituyen, como contrapartida, la otra cara de la moneda. El vacío alude al lleno, tanto al que hubo como al que habrá; de este modo logra referirse, mediante una imagen, a la dimensión temporal que suele quedar fuera de cámara.

En esta línea, resulta llamativo advertir la ausencia de seres humanos en las imágenes exhibidas. Y es que, como apuntaba Laguillo, “es tanta la diferencia de tamaño entre personas y edificios que, si quiero fotografiar los edificios, la gente desaparece. Y esa es una característica de la ciudad contemporánea que me fascina”.

Por último, la finalidad de su obra quedaba clara. Él, como fotógrafo documental, no está interesado en “una fotogenia al uso, sino que puedan servir a nuestros hijos, nietos y bisnietos para saber cómo era la ciudad y cómo vivíamos, dar testimonio”. Alfonso Echevarne

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