En Actualidad

Un Alonso Cano perdido del Prado

En la sección de atribuciones del último número impreso de Ars Magazine (nº 46, pp. 142-143), nuestro colaborador José María Quesada Valera, daba a conocer una nueva pintura de Alonso Cano procedente de los fondos del antiguo Museo de la Trinidad. Atribuido hasta la fecha al pintor madrileño Diego González de la Vega, el especialista reconoció en esta Virgen leyendo la mano de uno de los grandes artistas españoles del Siglo de Oro. Ante el interés que ha causado esta atribución (acaba de publicarse en el diario ABC de hoy), os ofrecemos a continuación el texto íntegro tal y como ha aparecido publicado en la revista.


Al Museo Nacional del Prado pertenece una Virgen leyendo que inmediatamente sorprende por su gran calidad artística. Este lienzo procede del Museo de la Trinidad y desde 1898 se encuentra depositado en la iglesia parroquial de San José de Madrid, antes Convento de Carmelitas Descalzos de San Hermenegildo. Desde el Catálogo provisional de Cruzada Villaamil se ha venido atribuyendo a Diego González de la Vega (Madrid, hacia 1628-1697). Sin embargo, en este artículo propongo que es original de Alonso Cano (Granada, 1601-1667).

En el inventario manuscrito de la Trinidad de 1854, nuestro lienzo formaba pareja con un Cristo resucitado, hoy desaparecido, ambos sin atribución (1). En el Cristo se señalaba que ambos pertenecían a un conjunto mayor de pinturas, concretamente un Apostolado, que en dicho año estaba prácticamente completo. Por tanto, la atribución de nuestra Virgen a Diego González de la Vega fue de forma indirecta, como ya hemos señalado, en el catálogo publicado por Cruzada Villaamil (2). Entre las obras seleccionadas, no se encontraban ni nuestro cuadro, ni tampoco el Cristo. Al contrario, sí se citan algunas pinturas del Apostolado y, en el caso de Santiago el Menor, se alude a que formaba parte del mencionado grupo que ya Antonio Ponz había señalado como original de González de la Vega en el Convento de Padres del Salvador (3). Por consiguiente, todos aquellos cuadros fueron adscritos a González de Vega, discípulo de Francisco Rizi (Madrid, 1614-El Escorial, 1685).

El hecho cierto es que la Virgen leyendo depositada en la iglesia de San José no tiene nada que ver con el estilo de González de Vega, uno de los intérpretes más cercanos a su maestro Francisco Rizi, sobre todo en sus modelos femeninos. Sus vírgenes, a lo largo de los más de 30 años como pintor, siempre muestran el mismo tipo de rostro: cuerpo ancho, cara muy redonda, barbilla huidiza, nariz diminuta, perfilada y algo aguileña, boca menuda, ojos rasgados y frente amplia finalizada con el cabello que aparece con la raya en medio. Lo mismo se puede afirmar de la técnica. Sus composiciones y modelos, al igual que los de su maestro, tienen una fuerte deuda con los modelos rubenianos. A ello, tenemos que sumar un dibujo a veces desmañado y una pincelada suelta, deshecha, en línea con el mencionado Rizi.

La Virgen leyendo del presente artículo es un cuadro velazqueño tanto en la apostura y elegancia del modelo femenino de la Virgen, como en el tipo de pincelada y el magnífico dibujo de reminiscencias clasicistas. Las carnaciones, de piel muy blanca, son características de Alonso Cano, con breves pinceladas a base de veladuras de color carmín que dan ese tono que presentan manos y rostro para dar viveza y naturalidad. Frente a la sutil técnica de veladuras de las carnaciones opone la intensidad avivada por un claroscuro de ecos naturalistas del drapeado de la vestimenta: la túnica de color rosa, el azul ultramar del manto o el blanco de la toca. La pintura es una muestra perfecta de la capacidad de este gran maestro granadino de crear un efecto de quietud y gravedad lleno de sutiles efectos con tan pocos medios.

En mi opinión, el cuadro fue pintado tras la llegada de Cano a Madrid  en 1638, reclamado como pintor al servicio del conde-duque de Olivares. Con él pasa algo parecido a su condiscípulo Velázquez; ambos comienzan su trayectoria en Sevilla dentro del naturalismo tenebrista y es, a partir de su llegada a la corte, cuando adoptan una técnica colorista, de veladuras sutiles, claroscuro tamizado, y pincelada fluida propia de los venecianos, bien representados en las colecciones reales.

Estilísticamente hablando, esta  Virgen leyendo está muy próxima al Milagro del pozo del Museo del Prado (4) y, sobre todo, al Cristo de la Humildad de la Real Parroquia de San Ginés de Madrid, pintado hacia 1643. Como dato interesante, entre las obras de Alonso Cano en el catálogo de la colección de José de Madrazo (5), se cita una pareja de Ecce Homo y Dolorosa, ambos de «media figura del tamaño del natural», y de las mismas medidas que nuestro cuadro (128 x 98 cm). Ambos procedían del Convento de la Baronesa de la calle Alcalá,  que fue desamortizado y derribado en 1836. José María Quesada Valera


(1). Los datos han sido extraídos del catálogo manuscrito del Museo de la Trinidad de 1854, publicado por Pérez Sánchez, Alfonso E. (dir.). Inventario General de Pinturas: II. El Museo de la Trinidad. Madrid: Museo del Prado y Espasa Calpe, 1991, pp. 116-117. En concreto, el Cristo resucitado fue depositado en la parroquia del Purísimo Corazón de María de Madrid en 1884. La parroquia fue destruida en 1936.

(2). Cruzada Villaamil, Gregorio. Catálogo provisional historial y razonado del Museo Nacional de Pinturas. Madrid: Manuel Galiano, 1865, p. 63.

(3). Ponz, Antonio. Viage de España. Madrid: Joaquín Ibarra, 1776, Volumen V, p. 203. Ya lo había citado antes Palomino Antonio. Museo Pictórico y Escala Óptica. Madrid: Lucas de Bedmar, 1715-1724 [citado aquí por la edición a cargo de Nina Ayala Mallory, Madrid: Alianza Editorial, 1986], p. 331.

(4). Madrid, Museo Nacional del Prado, 1638-1640, P2806.

(5). Catálogo de la Galería de cuadros del Excm. Sr. D. José de Madrazo. Madrid: Imprenta de Cipriano López, 1856, pp. 81-82, nº 329 y 332.

Recommended Posts
0

Start typing and press Enter to search