Seguir la pista a Marisol Escobar a través de sus dibujos

Seguir la pista a Marisol Escobar a través de sus dibujos

El Centro Botín rastrea la huella de Marisol Escobar, figura central de la escena neoyorquina de los sesenta, con una muestra que reúne más de un centenar de obras sobre papel y una selección de esculturas, además de películas y material de archivo que sirven para conocer las inquietudes y ficciones imaginativas de la artista venezolano-estadounidense nacida en París.

El recorrido comienza con dos proyecciones de Marisol. Stop Motion (1963) y Bob Indiana Etc. (1963), de Andy Warhol, procedentes de la colección del Museo Andy Warhol. Una presenta a la autora interactuando con las esculturas que exhibió en su segunda exposición en solitario en la Stable Gallery de Eleanor Ward, en 1964. En la otra, aparece ella en compañía de Wynn Chamberlain, Robert Indiana y John Giorno en la casa de verano de la marchante de arte, en Connecticut.

En una de las pantallas vemos que la creadora permanece casi inmóvil durante varios minutos, situada a la misma escala que las figuras talladas en madera de Women and Dog (1963-64), mientras rehúye mirar directamente al dispositivo fílmico. Entonces, una ampliación extrema de su rostro irrumpe en una segunda pantalla –evocando el uso bergmaniano del primer plano como mecanismo de introspección psicológica–, como si Warhol quisiera revelar un secreto celosamente guardado por Marisol.

Dos proyecciones de 'Marisol. Stop Motion' (1963) y 'Bob Indiana Etc.' (1963), de Andy Warhol. Centro Botín, Santander. Fotografía: Vicente Paredes.
Vista de sala de la exposición 'Marisol: Cuando todo está por comenzar' en Centro Botín, Santander. Fotografía: Vicente Paredes.

Este primer acercamiento a la protagonista de la retrospectiva en Santander nos desvela a una mujer silenciosa y extraña. Aquellos que la conocieron bien dirán que era, más sutilmente, poco generosa de palabras. Parte de la leyenda que rodea su figura de mujer enigmática cuenta que pasó siete años sin articular consonante tras la muerte de su madre en 1941, suceso que inspiró una de sus piezas más celebradas y cuyo estudio en bronce conservó toda su vida: Mi Mamá y Yo (1968).

Aunque la escultura fue el medio que le dio reconocimiento internacional –antes incluso que su amigo Andy Warhol–, la práctica que la acompañó toda su vida fue el dibujo. Por esta razón, el Centro Botín propone una línea de investigación y aproximación a su trabajo a través de su obra dibujada, con piezas desde 1949 hasta sus últimos días.

La selección sobre papel se acompaña de esculturas, grabados, fotografías, películas y documentos procedentes, en su gran mayoría, de la colección del Buffalo AKG Art Museum, que ayudan a completar el contexto artístico en el que se desenvolvió –preocupado por la relación con los medios– la política y la vida cotidiana.

Atendiendo a su propio carácter, la exposición no sigue una trayectoria lineal, sino que se organiza en tres movimientos que evocan los escapes de Marisol del mundo del arte. Primero, con la llegada de una fama rápida y repentina tras su primera exposición individual, la escultora neoyorquina se marcha a Europa, inaugurando el primero de estos desplazamientos. Siempre será recordada la frase que su galerista Leo Castelli le escribió por carta el verano de 1958 y que da título a la exhibición: “¿Cómo te puedes ir, cuando todo está por comenzar?”

Vista de sala de la exposición 'Marisol: Cuando todo está por comenzar' en Centro Botín, Santander. Fotografía: Vicente Paredes.

De ese temprano periodo de reconocimiento, que ocurre a mediados de los años cincuenta, el centro cultural santanderino recoge varios dibujos realizados con lápiz, bolígrafo o grafito durante su formación en escuelas como la Art Students League o en el entorno de Hans Hofmann.

En ellos ya se aprecia un interés constante por la presencia humana, con cuerpos que funcionan como un conjunto satírico de retratos móviles.

Vista de sala de la exposición 'Marisol: Cuando todo está por comenzar' en Centro Botín, Santander. Fotografía: Vicente Paredes.

En esta misma sala se exhibe una obra clave del momento, Triumph (1959), una estructura vertical de figuras acrobáticas superpuestas que parece sostenerse en un equilibrio inestable.

En los años sesenta, cuando Marisol regresa de Europa, su imagen comienza a circular por la escena artística de Nueva York, mientras revistas como Life, Vogue o Look publican fotografías de ella junto a sus esculturas.

Durante esos mismos años comienza a trabajar con moldes de su propio rostro y de sus manos en las esculturas. Ejemplo de ello es Indian (1969), una obra que incorpora sus facciones en una imagen asociada a la iconografía comercial del llamado cigar store Indian, tradicionalmente situada a la entrada de estancos en Estados Unidos. La pieza busca generar preguntas sobre el estereotipo y los límites de la representación.

Marisol. 'Indian' (1969). Óleo, vidrio coloreado, cabello, tela y fragmentos de espejo sobre madera. Centro Botín, Santander. Fotografía: Vicente Paredes.
Marisol. 'Get Away from My Fish' (1975). Centro Botín, Santander. Fotografía: Vicente Paredes.

A finales de la década de 1960, en un momento marcado por las protestas contra la guerra de Vietnam, el activismo indígena y los movimientos por los derechos civiles, Marisol decide moverse al sudeste asiático, interrumpiendo nuevamente su presencia en la escena artística.

En este segundo movimiento, la muestra evidencia el cambio que experimentan sus estampas. Entonces el color se vuelve más intenso, los contrastes aumentan y las palabras aparecen con mayor claridad dentro de las imágenes. En este apartado destaca Get Away from My Fish (1975), un dibujo que la autora presentó en la Sidney Janis Gallery, donde un personaje cabalga un pez gigantesco mientras grita la frase que da título a la obra.

También se puede comprender su relación con las imágenes históricas de los pueblos indígenas en la cultura visual occidental, especialmente en piezas como Chief Joseph (ca. 1974–1980), Cultural Head (1973) y Woman with Child and Two Lambs (1995).

El tercer y último de los desplazamientos es más simbólico que físico. Hacia el final de su vida se da otra forma de escape cuando la enfermedad del alzheimer altera su memoria y lenguaje, pero no interrumpe el dibujo.

En esas obras tardías, realizadas entre 2006 y los últimos años de su vida hasta su fallecimiento en 2016, la línea sigue siendo una manera de observar y de generar imágenes. El retrato a lápiz de una figura que podría ser su cuidadora, fechado en 2006, introduce una presencia íntima que acompaña en silencio el final del recorrido.

Después de héroes, máscaras, personajes públicos y monumentos, emerge ahora una presencia vinculada a la vida cotidiana y al cuidado compartido. Un cierre coherente que, en realidad, es el principio para acercarse a una mujer que utilizó su propio rostro, trabajó con moldes del cuerpo, convirtió manos y perfiles en signos repetibles y exploró la relación entre retrato íntimo, archivo y escena pública.

Marisol: Cuando todo está por comenzar se puede visitar en el Centro Botín hasta el 25 de octubre de 2026. Nerea Méndez Pérez