En Actualidad

Richard Learoyd en la Fundación Mapfre de Madrid


Las 45 fotografías en gran formato, tanto en blanco y negro como en color, del británico Richard Learoyd (1966), expuestas hasta en 24 de mayo en la Sala Fundación Mapfre Bárbara de Braganza en Madrid, desprenden un sentido de la monumentalidad y también muchas huellas de la historia de la pintura en algunos de los géneros que aborda: los retratos y desnudos, fundamentalmente influidos por  Jean-Auguste Dominique Ingres y en menos medida los prerrafaelistas ingleses de finales del XIX, sin olvidar algún eco de Lucian Freud; y en los bodegones la huella de los creadores de naturalezas muertas realistas del último tercio del siglo pasado.  En sus composiciones , ya sean las fotos con animales,  paisajes, espejos oscuros ovalados que desprenden magia y en la galería de personajes que posan para él vestidos o desnudos, hay mucha delicadeza a la hora de captar esos fragmentos de emoción.

Al recorrer la exposición, comisariada por Sandra S. Phillips, se observa que Richard Learoyd innova con frecuencia. Trabaja desde hace dos décadas con una gran cámara oscura, diseñada por él mismo, basada en antiguos principios ópticos y esa característica dota de una gran personalidad a sus imágenes. Además tanto sus modelos como la luz que les impregna, casi siempre cristalina, desprenden una atmósfera de quietud, ya estén sentadas, tumbadas, de perfil, de espaldas o de frente. Y todo ello genera que las personas que contemplamos esta colección de fotografías hechas a lo largo de diez años, detengamos  nuestra mirada más serena para reconocer mejor a esos seres contemporáneos representados, y así alejarnos por un momento de las prisas de la vida cotidiana. Learoyd sabe conferir a sus imágenes una cuidada luz, plena de matices en blanco y negro, y también de las variaciones cromáticas que le permite el color.

La primera foto de entrada a la exposición es Grupo Familiar I, una imagen en color de 2016, donde el artista inglés mira con atención la cara de estas personas que parecen sorprendidas cuando les capta en un momento de su vida cotidiana, y continúa con Asesinato de urracas, hecha en 2013, que como otras muchas con pájaros y peces, son unos bodegones tensados con hilos o alambres, antes de que nuestra atención se pose en esos dos coches quemados y retorcidos, de los que extrae una variedad de grises en esa herrumbre de amasijos de metal. Los rincones urbanos de la ciudad polaca de Gdansk con esa cancha de baloncesto y una pared medio desconchada de ladrillo y más adelante La familia Von der Becke, con una joven iluminada apoyada en la pared de su casa y su madre apenas vislumbrada en el territorio de la sombra, sin dejar de mencionar el paisaje del río Stour o el simbolismo de Los pecados del padre, con esas cuerdas recogidas en una red de pescadores, tomada en la costa portuguesa.

Quizá los mejores registros de las fotografías incluidas en la muestra los alcance en obras como Gemela I y II, ambas con una composición similar pero no igual, solo modificada por el lenguaje del cuerpo, una más erguida y otra más relajada con los hombros ligeramente caídos; en Julie vertical, fija la atención en la desnudez con esa cara desenfocada; los retratos de Agnes de perfil, tan elegantes en blanco y negro, gracias a una primorosa iluminación, o esa Cuadrícula con modelo desnuda, antes de continuar con esos desnudos masculinos tatuados con pulpos, o nuevamente en cómo capta la mirada perdida de Rachel. En ese díptico de fotos de hombre sin cabeza o sin brazo, visto de espaldas; y casi al final Model I, una joven pelirroja que parece haber descubierto algo, y, sobre todo, A la manera de Ingres, una delicada postura de una mujer desnuda tumbada, inspirada en el maestro francés, con ese gesto que emana de su mano derecha apoyada en su riñón izquierdo, un prodigio compositivo pleno de ternura.  Julián H. Miranda

Recommended Posts
0

Start typing and press Enter to search