Rembrandt declarado tesoro nacional en Reino Unido, ¿una tendencia o un caso excepcional?
La decisión de la Administración británica de no autorizar la exportación de un retrato del maestro neerlandés para impedir su venta en el extranjero supone un giro de timón en este país, que históricamente se ha caracterizado por defender la libre circulación de obras de arte. Las siguientes decisiones que adopte Londres sobre este tipo de solicitudes nos dirán si estamos ante una política más proteccionista o ante un caso aislado. TEXTO: Isaac Sastre de Diego.
Un blanco luminoso lleno de una fuerza casi cegadora emerge en medio de la penumbra. Así podríamos resumir el impacto visual que provoca la obra de Rembrandt Retrato de Catharina Hooghsaet, realizada en 1657, y que se acaba de convertir en noticia internacional no por la maestría de la pincelada del genio holandés, sino por ser protagonista de una decisión que ha despertado enorme interés en el mundo del arte, tal y como recogen los medios generalistas y especializados.
Y es que el gobierno de Reino Unido no ha autorizado su exportación, declarándolo tesoro nacional para impedir su venta al extranjero. Una decisión con la que la Administración británica espera ganar tiempo para que las instituciones museísticas del país logren alcanzar los cerca de 83 millones de euros –71,7 millones de libras– con los que Christie’s había cerrado la operación de compraventa.
El margen no es amplio. La medida de protección decaerá en diciembre y la cantidad que deben reunir es la más alta de la historia para este tipo de operaciones sobre obras temporalmente protegidas.
Ciertamente, en España estamos acostumbrados a utilizar esta medida de protección para impedir la salida del patrimonio artístico que se considera representativo de nuestra historia. Una denegación del permiso de exportación que va acompañada de la petición de declaración de Bien de Interés Cultural de la obra en cuestión –nuestro equivalente a la figura del tesoro nacional–, que hace que la inexportabilidad sea definitiva.
La noticia en el caso del Rembrandt es la aparente contradicción de que lo haga un país acostumbrado a defender precisamente la libre circulación de piezas, con una Administración que históricamente se ha caracterizado por adoptar ciertas posturas flexibles en las salidas y entradas de obras –en 2025 eliminó los aranceles a las pinturas y antigüedades– y que, además, lo haga con un cuadro de un autor no inglés perteneciente a un propietario privado.
Un análisis detenido de esta decisión nos lleva a preguntarnos por el motivo que hay detrás y por los criterios que aplica Reino Unido para considerar como propio un patrimonio en principio ajeno a su propia historia. El cuadro no forma parte de ninguna colección histórica de los museos británicos, ya que la propiedad siempre ha sido privada, y el autor no pertenece a ninguna escuela pictórica inglesa. Tampoco la retratada guarda relación con la historia ni la sociedad del país, pues se trata de una acaudalada mujer holandesa, miembro de la comunidad menonita de Ámsterdam.
Entonces, ¿qué ha llevado a la Administración británica a considerarlo tesoro nacional? ¿Reino Unido apuesta nuevamente por retener las obras de los grandes genios de la historia del arte que allí se encuentran, como ya intentó en 2010, con la Virgen con el Niño de Murillo? ¿Es suficiente argumento para reivindicar su pertenencia al patrimonio cultural inglés su presencia en Inglaterra desde mediados del siglo XVIII o apelar, como ha hecho la ministra de cultura, Ruth Mackenzie, al cumplimiento de los criterios de Waverley considerándola parte de la vida cultural del país, y ejemplo esencial académica y formativamente para el conocimiento de la pintura del genio holandés?
Las siguientes decisiones que adopte Londres sobre otras solicitudes de exportación nos dirán si estamos ante una tendencia que se consolida, con una política más proteccionista e intervencionista y menos permisiva cuando se trata de los genios universales del arte, aunque no guarden relación histórica e identitaria con el país.
O si, por el contrario, obedece a un interés específico por mantener esta obra en concreto en suelo británico.
Esta misma pintura ya fue objeto de atención por las autoridades británicas. Cuando en 2015 el retrato cambió de propietario, también se intentó su adquisición para una institución pública. Finalmente, no se frenó su venta, pero el comprador –extranjero, como ahora– accedió a prestar la obra al Museo Nacional de Cardiff, donde estuvo expuesta durante tres años.


