Perriand y Sert, una historia de amistad y arquitectura
La Fundació Joan Miró se aleja de la ya estudiada relación profesional de la diseñadora y arquitecta francesa Charlotte Perriand con el Atelier Le Corbusier, para redescubrir su trabajo desde una perspectiva más cercana al contexto español. La muestra se podrá visitar hasta el 2 de febrero de 2027.
En 1976 la arquitecta y diseñadora Charlotte Perriand viajó a Barcelona con su hija –Pernette Perriand-Barsac–, invitada por Josep Lluís Sert y Joan Miró, para asistir a la inauguración de la sede del CEAC-Fundació Joan Miró en Montjuïc. Medio siglo después, su obra se expone en esas mismas salas.
La historia de este reencuentro tiene origen en una amistad y complicidad intelectual entre Sert y Perriand gestada hace años. Ambos se conocieron en 1928 trabajando en el taller de Le Corbusier, un año después de que la diseñadora se incorporara al célebre despacho parisino.
Su Bar sous le toit (1927) y la Salle à manger 28 (1928), que diseñó para su casa, fueron los proyectos presentados en las grandes exposiciones públicas que llamaron la atención del arquitecto francosuizo y facilitaron su ingreso en el Atelier.
De esta etapa, la muestra ofrece una reconstrucción del icónico Équipement intérieur d’une habitation, un prototipo doméstico presentado en el Salon d’Automne de 1929 por el trío Le Corbusier-Jeanneret-Perriand, que reúne algunos de los muebles más celebrados de los tres arquitectos. La reconstrucción ha sido fielmente ejecutada por Cassina en colaboración con la hija de la creadora.
Durante esos años el movimiento moderno compartía simultáneamente su interés por el Mediterráneo, con estudios y publicaciones centrados en una arquitectura atemporal, atenta a su entorno. En el panorama español, por ejemplo, encontramos la revista Documentos de Actividad Contemporánea (1931-1937), dirigida por Josep Torres Clavé y Josep Lluís Sert.
Fue precisamente este último quien centró el debate sobre la mediterraneidad y, en concreto, en las Islas Baleares, a través de su proyecto de casas en Cala Blanca (1932), en Ibiza. En medio esas largas jornadas de trabajo en el Atelier, no es extraño pensar que el arquitecto catalán animara a otros a visitar las islas.
Por eso, durante el verano de 1932 su querida amiga recorrió la costa de Mallorca en canoa, acompañada de su esposo, Percy Scholefield, y un grupo de amigos. Hay registro de este viaje en las memorias de Perriand recogidas en la sección “En canoë aux Baléares” de su libro Une vie de création y en las fotografías que conserva Archives Charlotte Perriand, cedidas temporalmente para la exposición.
Estas últimas reflejan, junto a sus dibujos, su interés por los diseños anónimos de las Baleares, su artesanía y muebles tradicionales; así como la funcionalidad de sus embarcaciones de vela. La creadora encontró en las formas del Mediterráneo una nueva vía para pensar el diseño contemporáneo de modo más armónico y humano.
Un año más tarde, en 1933, los profesionales vanguardistas vinculados a los CIAM (Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna), creados en 1928 en pleno auge de la estética y el pensamiento maquinistas, emprendieron un viaje hacia Atenas, sede del congreso de ese año.
Perriand, Sert y los arquitectos catalanes del GATCPAC (Grupo de Arquitectos y Técnicos Catalanes para el Progreso de la Arquitectura Contemporánea) desempeñaron un papel activo en aquellas jornadas, que tuvieron el universo cultural del Mediterráneo como principal referente formal y conceptual.
La autora dejó el Atelier en 1937, tras varios años marcados por un creciente compromiso político. Meses antes había presentado el fotomural La Grande Misère de Paris en la tercera Exposition de l’habitation, dentro del Salon des arts ménagers del Grand Palais de París.
Durante la Guerra Civil y el inicio de la Segunda Guerra Mundial, la amistad entre Perriand y Sert se afianzó aún más. Tal es así que la diseñadora acogió al matrimonio Sert-Longás en su pequeño apartamento de Montparnasse, mientras el catalán construía el Pabellón de la República. De este periodo conservó recuerdos como una cesta de pescado y una muestra de mercurio procedente de la fuente de Alexander Calder.
Posteriormente, sus caminos se bifurcaron –Sert y Longás hacia Estados Unidos, Perriand hacia Japón e Indochina–, pero el intercambio de ideas nunca se interrumpió. Prueba de ello es el extenso reportaje que el catalán escribió sobre su amiga en 1956 y que se publicó en la revista Aujourd’hui, Art et Architecture. En el texto, Sert destacaba la contribución crucial de ésta a la arquitectura y el diseño modernos.
Además de su asistencia a la inauguración de la Fundació Joan Miró en 1976, una de las últimas expresiones de esa amistad se constataría a principios de los años ochenta, cuando Sert enfermó y fue ingresado en Barcelona. Entonces Charlotte regresó a la capital catalana para despedirse de su gran amigo.
Medio siglo después vuelven a reencontrarse en la Ciudad Condal gracias a Charlotte Perriand. La libertad de repensar el mundo, a través de recuerdos materiales que prueban su afinidad profesional y personal.
La muestra actual refleja, por tanto, una historia de arquitectura, vanguardia y, sobre todo, amistad. Nerea Méndez Pérez











