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‘Absolute Durero’, un diario inédito e ilustrado

CM Editores publica un cuidado catálogo sobre la figura de este maestro alemán que fue grabador, pintor, retratista y teórico. Cerca de 600 imágenes y textos de Jesús María González de Zárate completan el volumen de 500 páginas de esta edición limitada con escritos personales del artista transcritos para la ocasión.



Es un homenaje a la obra de un artista, pero también una obra de arte en sí misma. Reproducciones en alta calidad de parte de las obras del genio alemán, páginas de gran formato –45 x 33cm–, encuadernación artesanal y cosida a mano, edición limitada de 999 ejemplares… Absolute Durero es el resultado de tres años de trabajo e investigaciones sobre la principal figura del Renacimiento en Europa Central, cuya obra está diseminada por los mejores museos, desde El Prado, el Louvre o la Albertina hasta el Metropolitan o la Paul Getty Foundation.

El libro incluye textos del catedrático Jesús María González de Zárate, uno de los mayores especialistas españoles en el artista. Reproduce, asimismo, fragmentos del diario personal de Durero que se han transcrito por vez primera y se reproducen en español.

De este modo, se desvelan sentimientos íntimos del maestro, como su escaso interés por el matrimonio de conveniencia con Agnes Frey, heredera de una familia con derecho a ocupar un puesto en el Concejo de Nuremberg (su ciudad natal). “Hans Frey negoció con mi padre y me dio a su hija con una dote de 200 florines”, escribe Durero, quien considera a su mujer “una maestra del cálculo”.

También ofrece claves sobre su estancia en Italia y las irregulares relaciones que mantuvo con los autores locales, que le alababan en público pero se burlaban de él en privado. En sus cartas personales, explica cómo al principio fue acogido con hostilidad, llegando incluso a sugerir que intentaron envenenarle. Sea o no cierto este último capítulo, lo cierto es que Durero siempre amó la península itálica, especialmente Venecia, que tanto echaba de menos al regresar a su país. “Después de este sol, ¡cómo tiritaré! Aquí [Venecia] soy un caballero, en casa un parásito”.

Alberto Durero (1471-1528) fue, como Leonardo, el prototipo de hombre del renacimiento. Culto y formado, desde pequeño ya sabía leer y escribir; su curiosidad constante le llevó a interesarse por la filosofía, la astronomía y las ciencias naturales. Se formó como orfebre en el taller de su padre, aunque pronto abandonó el bruñidor y las limas por el pincel y las tintas. Destacó como grabador, elevó el autorretrato a la categoría de arte –él mismo fue su mejor modelo–, y se hizo experto en retratos, desde el más noble y sabio al más pobre y humilde.

Un hombre tan genial como ególatra, cuya perfección técnica le permitió adquirir fama desde muy joven y ser admirado en toda Europa. En Francia, los Países Bajos, Italia, Alemania y España ansiaban sus obras, que llevan el sello indiscutible del maestro (literalmente, pues creó su famoso anagrama AD). Su producción total asciende a 120 cuadros, 350 xilografías, un centenar de grabados y 1.200 dibujos.

Todo eso se compendia ahora en un solo volumen estructurado en ocho capítulos que huyen del esquema cronológico para plantear un recorrido más temático. Un paseo por la época del artista, que se mueve entre el Renacimiento y la Reforma luterana, el Papismo y las lecturas iconográficas de todos los elementos presentes en sus composiciones. Culmina con un apartado final sobre la influencia que ejerció en autores modernos como Goya, Dalí o Picasso.

No es la primera vez que CM Editores centra su mirada en Durero, pues ya ha publicado otras cinco ediciones facsímiles sobre sus grabados. Este volumen que ahora se acaba de presentar en la Biblioteca Nacional supone el culmen de toda una década de trabajo en torno al artista alemán, conocido como el Leonardo del Norte. Sol G. Moreno

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