Miguel Falomir ingresa en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando


El salón de actos de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando acogió ayer en un acto solemne el ingreso como nuevo académico del historiador del arte y director del Museo del Prado, Miguel Falomir, que fue elegido para la Sección de Escultura en 2019, a propuesta del también historiador Antonio Bonet Correa, del musicólogo José Luis García del Busto y del escultor Juan Bordes, que contestó al nuevo académico en nombre de la institución. Miguel Falomir pronunció un discurso de ingreso titulado De las patrias del arte. Reflexiones sobre la pintura en la España del Renacimiento. Además de los académicos presentes en dicho acto, encabezados por su director Tomás Marco, estuvieron presentes el presidente del Real Patronato del Museo del Prado, Javier Solana, y personalidades del mundo artístico y académico.


En su hilado discurso Miguel Falomir (Valencia, 1966) propuso a los asistentes  una reflexión crítica sobre la elaboración de la identidad de la “escuela española de pintura”, que abordó aspectos clarificadores de la práctica artística durante el Renacimiento en España, así como su recepción a través de los hábitos sociales de consumo en la época. Comenzó su discurso analizando la formulación teórica de la idea de una escuela vernácula, concepto que se consolida en las fuentes documentales a partir del siglo XVIII y alcanza en el XIX sus rasgos definitorios al identificar el naturalismo como una de las claves esenciales de la pintura española. Desde esa perspectiva, el Siglo de Oro, con Velázquez como paradigma, sería interpretado como el momento culminante del naturalismo pictórico español, argumento sobre el que se articuló la noción de “escuela española”. Con gran sentido didáctico de su experiencia como docente, Falomir puso de manifiesto las dificultades de la historiografía para encajar el Renacimiento bajo esa perspectiva identitaria, por cuanto su afinidad con el ideal clasicista era ajena al realismo, su carácter cosmopolita orbitaba en torno al arte italiano y su pulsión secularizadora confrontaba con el rigor del  catolicismo hispano.

Miguel Falomir leyendo su discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Foto: Cortesía de la Rabasf
El director de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Tomás Marco, impone la medalla como académico a Miguel Falomir. Foto: Cortesía de la Rabasf

Una de las consecuencias de la reescritura de la pintura española del Renacimiento fue la reinterpretación del Greco como la versión más acabada del naturalismo propio del alma hispana. El fenómeno de españolización del Greco resolvió, además, la complicada articulación entre la pintura española renacentista y barroca, proporcionando una continuidad cualitativa entre ambas. Como dijo Falomir, al aceptar el parámetro del naturalismo como condición determinante para analizar la pintura española del Renacimiento, quedó condicionado el estudio de otras propuestas, algunas de las cuales tuvieron una notable fortuna.

En la parte central de su discurso, el nuevo académico comparó la influencia de la lengua castellana durante las décadas de tránsito entre los siglos XVI y XVII, momento en que se acuñó la expresión de Pax Hispánica, hasta preguntarse  sobre la existencia de rasgos específicos de lo español en el arte, como sucedió con la literatura. Religiosidad y devoción suelen ser aceptados por la historiografía como elementos distintivos del gusto artístico español de ese periodo, con atributos como la decencia, el decoro y la dignidad. Y eso contribuyó a representar temas devotos y la preferencia del color sobre el dibujo.

Posteriormente abordó el terreno de la producción de las obras de arte en referencia a clientes y receptores, para cuestionar la supuesta omnipresencia de la temática sacra en los hábitos de consumo de la sociedad española, al recordar que la pintura religiosa mantuvo un discreto tercer lugar en las residencias nobiliarias, detrás del retrato y de las alegorías mitológicas. En España hubo deficiencia crónica en España de la pintura al fresco y del retrato, lo que supuso una mayor dependencia de artistas italianos y flamencos, lo que se tradujo en que nuestro país fuera el principal receptor de maestros extranjeros y de obras de arte importadas.

En esa línea, Miguel Falomir equiparó el proceso de asimilación de pinturas y pintores foráneos, al comportamiento habitual en España de importación de bienes manufacturados, debido a la expansión de una demanda a la que era incapaz de satisfacer la oferta interna, al inferior coste de mercado de los productos exteriores y a su mayor calidad. Según sus propias palabras «una deficiencia de los pintores españoles fue su falta de calidad. Soy consciente de adentrarme en terreno pantanoso y que ‘calidad’ es palabra tabú en la actual historia del arte, pero dirigiendo el Museo del Prado no puedo ignorarla y los consumidores de pintura del siglo XVI tampoco lo hacían. Juzgo la ‘calidad’ por los parámetros de la teoría artística de la época: invenzione, disegno y colorito, pero también por su adecuación a los modelos figurativos vigentes. De acuerdo con estas premisas, la calidad de la pintura realizada por los artistas formados en España fue, salvo excepciones (Joan de Joanes o Luis de Morales), muy discreta e inferior a la de la escultura, el gran arte figurativo de la España del Quinientos”.

Debido a ello, el impacto y la relevancia de las obras y de los artistas italianos y flamencos fueron esenciales en la producción y en el comercio de pintura durante el Renacimiento en España. Rubens llamó la atención en su primer viaje al país en 1603 sobre el contraste entre la deficiente calidad de los pintores españoles y la excelencia de las colecciones. Y añadió Falomir : “España estaba, por utilizar una terminología en boga hace unos años, en la periferia de la actividad artística europea; sin embargo, en términos de consumo de pintura, era uno de sus principales centros”.

Concluyó diciendo que tanto Rubens como Tiziano, y posteriormente Giordano y otros significados maestros europeos, fueron decisivos en la configuración del gusto de coleccionistas, aficionados y pintores españoles, y recordó la renuncia del tratadista Antonio Palomino a una interpretación autárquica del desarrollo histórico de la pintura española, al incorporar a los citados artistas flamencos e italianos a su Parnaso español.

Miguel Falomir acompañado por los académicos Estrella de Diego y José María Luzón. Fotografía: Cortesía de la Rabasf
Miguel Falomir leyendo su discurso de ingreso como académico de la Rabasf. Foto: Cortesía de la Rabasf