En Mercado

¿Marketing, Performance, o ambos?


Las hipótesis sobre la última desconcertante acción del icónico grafitero han dado pie a mucho debate. ¿Se trata de puro marketing? ¿O verdaderamente es una protesta contra el mercado del arte y sus precios?


El pasado martes Banksy multiplicó su cotización en apenas unos segundos con un acto desconcertante y contradictorio. Autodestruyó un lienzo con uno de sus iconos más aclamados en Londres cuando recién se había adjudicado por un precio récord en la licitación (1,2 millones de libras).

El genio del arte urbano se corona también como tal en el mundo del marketing tras recibir tan gran aplauso y admiración por romper su propia creación. El hecho de haber activado la autodestrucción hizo que la pieza aumentase su valor en un 50%. Burlarse del dinero para ganar dinero. La publicidad es cara, muchos buscan la manera de hacerla gratis. A menos de una semana del suceso, ya se ha anunciado en la casa de subastas Julien’s Auctios (Los Angeles) que el 14 de noviembre ofrecerán otra obra suya estimada entre 600.000 y 800.000 €.

Lo cierto es que los artistas contemporáneos exitosos desde las segundas vanguardias tienen un denominador común: marketing o branding de sus obras. Banksy empezó fuerte con esta filosofía a través de su anonimato. Simplemente ser un artista desconocido del que no se sabe ni el sexo le hace mucho más atractivo que el resto de competidores. De hecho, ¿quién sabe si se trata de un único artista o de un colectivo? Jugar al misterio y a la curiosidad es su carta preferida. Y consigue lo que quiere. No obstante “niega” que sea marketing a través de su única red social: Instagram, donde su última publicación es el vídeo del suceso, con una descripción que cita una frase de Picasso: “El impulso de destruir también es un impulso creativo”. El cubista español también decía que “el arte es la mentira que nos acerca a la verdad”, ¿Querrá Banksy una revaloración de su obra y persona? ¿O simplemente es un filósofo del siglo XXI? Probablemente nunca lo sepamos por su opacidad, pero lo que sí sabemos es que ha aumentado su cotización y fama.

Es interesante hacer una relación entre el hecho y lo que representa la obra. La niña en medio de un viento huracanado pierde su globo con forma de corazón sin hacer nada por alcanzarlo, simplemente lo “deja ir”. En la misma situación se vio el comprador que pagó más de un millón de dólares. La lejanía entre el globo y la niña es “proporcional” a lo que se ha despegado la lámina del marco. Es un posible y sospechoso paralelismo. También podría ser este el objetivo del acto, expresar. Lo que generalmente hace un artista, vaya. Además, él es autor de arte urbano, se supone que no se deberían vender sus obras a coleccionistas adinerados, ya que la naturaleza del Street art es que sea gratis y para todos. Este argumento es el que más indica que Banksy buscaba más la denuncia que la publicidad.

¿Será que a partir de ahora se pueden comprar las performances? Igual todo esto es un montaje acordado entre el artista, la casa de subastas…¡e incluso el comprador! Las hipótesis dan de sí sin tregua, pero sea cual sea la intención de Banksy, su cotización, el valor de esa obra, sus seguidores en Instagram y su fama se han visto multiplicados en cosa de horas. Con el simple hecho de que todo el mundo hable de él y su nombre ocupe titulares de periódicos líderes internacionales, ya podría darse por satisfecho. Aunque su finalidad fuese únicamente expresar, le ha servido como estrategia de marketing incuestionable. Ha sido matar dos pájaros de un tiro, o 1,2 millones de pájaros.

Parece que la hipótesis más compartida es la del plan de marketing del artista. Como dice la plataforma PuroMarketing, citando al profesor Jef Richards, “La creatividad sin estrategia es arte, pero la creatividad con estrategia es publicidad”. Estos artistas vivos cuyas obras contienen significados profundos o denuncias utilizan la emoción, el impacto y la sorpresa para darse a conocer y apelar al público desde un enfoque intelectual. La creación de la “persona” es lo que hizo saltar al estrellato a estos artistas de la revolución cultural de mediados del XX. Hicieron de si mismos un anzuelo comercial. No querían caer en el “error” de sus colegas impresionistas, cuyas obras fueron póstumamente muy valoradas, después de una vida bohemia pero pobre.

Quizá el máximo exponente sea Damien Hirst, que gracias a sus escándalos es uno de los artistas más caros de la historia. Ya lo decía Warhol, “el arte comercial es mucho mejor que el arte por el arte”. Ana Robledano Soldevilla

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