Luis Zueco: “Goya representa en los ‘Caprichos’ la humanización del arte”
El juicio es la última novela histórica del escritor, en la que cuenta cómo el artista nacido en Fuendetodos fue acosado por la Inquisición: primero por su serie de 80 aguafuertes de los Caprichos y después por pintar una venus –La maja desnuda– hoy en el Prado. Una trama trepidante y bien documentada que pone de manifiesto la gran cultura pictórica de Goya, así como el valor de su red de amigos y poderosos. Napoleón, Godoy, Moratín, la familia real o la duquesa de Alba transitan con naturalidad por sus más de 600 páginas editadas por Penguin-Random House. TEXTO: Ricardo Centellas
¿Otra novela más protagonizada por Goya? No, su autor ha dedicado años a viajar, a documentarse y a preparar este proyecto. Incluso adquirió una edición original de los Caprichos –la quinta– para contemplarlos en directo mientras escribía. Luis Zueco reivindica la importancia del pintor como “autor”, un término complejo.
–Goya es un autor ejemplar e inteligente. Un hombre longevo de orientación política liberal que vive la España de cinco monarcas borbones, la Revolución francesa y conoce la primera Constitución española, de la que pinta una gran alegoría. Además, es viajado: una estancia de un par de años en Italia, conoce en profundidad la corte de España y sus Reales Sitios –incluidas las Colecciones Reales–, residió en Cádiz –uno de los principales puertos de intercambio de mercancías, pero también de ideas– además de en Sevilla… Y al final de sus días se exilia a Burdeos. También visita París y su Salón de pintura. ¿Se puede pedir más a un artista de la época?
–El relato se centra en un momento clave de su biografía, la aparición de los Caprichos en 1799 y el encargo de La maja desnuda.
–Eso es. Los Caprichos forman una de las obras de referencia de la historia del arte universal, porque sus 80 aguafuertes constituyen una extraordinaria sátira crítica de las costumbres de la sociedad. Su valor y su lectura, así como las emociones que desprenden, son intemporales.
–Los problemas que denunciaba entonces, siguen siendo los mismos de hoy…
–Por eso creo que los grabados sorprenden hoy tanto como cuando aparecieron. En la era de la postverdad, esta serie forja una verdad sonrojante sobre la explotación de la mujer, la opresión de la pobreza, la carencia de educación o el desgobierno del poder, entre otras muchas cuestiones. Goya representa la humanización del arte, una obra paradójicamente actual.
–¿Cuál es la interpretación que se hizo en su día de los Caprichos?
–Es un libro, y como tal fue creado para mirar y leer. Así lo debieron de emplear los duques de Osuna en sus saraos: había que abrir el volumen al azar y explicar la estampa que aparecía, junto con la leyenda que tenía al pie. Puede que Goya no pudiese criticar abiertamente, pero con su amigo Moratín escribió una interpretación de cada grabado.
–¿Y cuál es el juicio de su novela?
–Tiene que ver con la Inquisición, porque las sátiras que contenían aquellos Caprichos encendieron sus ánimos. De repente, 14 días después de que el libro saliese a la venta, Goya los retiró.
–¿Por qué?
–La Inquisición investigó esta serie e inició en secreto un proceso contra el artista en 1804. El expediente, recientemente descubierto, apareció misteriosamente vacío; una mano ‘amiga’ había secuestrado su contenido para proteger la vida del pintor del rey… y de sus poderosos amigos. Ahí está el fondo de la novela que coprotagoniza Angélica, una joven criolla a la que retrata el artista. La acción no da respiro al lector y se basa en la historia.
La Inquisición investigó los Caprichos e inició en secreto un proceso contra Goya en 1804, pero el expediente apareció misteriosamente vacío”
–La duquesa de Alba también desfila por su trepidante relato.
–Claro que aparece; pero no como el tópico y la patraña que se ha urdido sobre su vida. Y, por su puesto, nada tiene que ver con la modelo de las ‘majas’ del Museo del Prado. La venus que pintó en La maja desnuda constituye otro de los potentes motores de la acción, lo mismo que Godoy (su propietario). La Santa –como popularmente se nombraba a la Inquisición– receló de ese desnudo de mujer y la tuvo en su terrible punto de mira. De hecho, secuestró el cuadro durante más de 20 años.
–¿Qué valor moral de Goya destacaría para conectar con el lector actual?
–Bueno, la novela trata sobre todo de la libertad, en especial de la creación artística. También de la libertad del individuo, en una época ya cercana a desencadenarse el movimiento romántico. Ya lo escribió el propio autor: “No hay reglas” en el arte.





