Los resultados de BRAFA apuntan a un mercado estable
La feria concluyó con buenas ventas en todas sus secciones, desde pintura antigua a artes decorativas y hasta arte contemporáneo.
Hemos tenido que esperar a la clausura de esta 71º edición para poder hacer balance, pero desde las primeras horas de BRAFA 2026, los galeristas ya se mostraban animados y comunicaban sus primeras ventas (arruinando el suspense, pero dando esperanzas al sector).
Así fue como Almine Rech vendió casi inmediatamente la cerámica de Miquel Barceló que llevó por alrededor de 80.000 a 100.000 euros. La cifra exacta no se conoce, pero hay que destacar la creciente facilidad con la que los galeristas comparten los precios de las piezas no vendidas.
Un cambio hacia la transparencia no solo admirable, sino en sintonía con un mundo conectado e híper informado. ¿Cómo se van a abrir nuevos nichos de mercado si no se puede tentar a los posibles compradores?
Rech también cerró la venta de una pintura de Javier Calleja, que se ofrecía por unos nada desdeñables 250.000 a 275.000 euros.
Algo similar le ocurrió al galerista Patrick Deram, cuyo stand estaba presidido por un monumental Ai Weiwei –una versión de La muerte de Marat en Lego– ofrecido por 475.000 euros y acompañado de unas codiciadas ovejas de Lalanne. Deram también cerró una venta casi inmediatamente tras abrir las puertas de BRAFA: un dibujo de James Ensor que llevaba 59 años sin exponerse.
La pintura antigua también despertó el interés de los coleccionistas, como ocurrió con El triunfo de la Eucaristía de Jacob Jordaens, que Jan Muller Antiques vendió el primer fin de semana de la feria por unos 200.000 euros.
Las artes decorativas, uno de los puntos fuertes de BRAFA, estuvieron excelentemente representadas por De Wit Fine Tapestries, que en su stand expusieron dos sorprendentes tapices de Vasarely –que experimentó con los límites de las técnicas tradicionales en colaboración con la fábrica de Aubusson– o un fragmento antiguo titulado Marie du Rosaire et donateur, que es probable que se exponga un un museo belga próximamente.
Este ha sido un gran año para la cita bruselense, en un momento importante no solo de su propia historia, sino del conjunto del mercado internacional. A unos años de estancamiento cíclico –y esperable después de los desaforados años de post confinamiento– se le ha sumado la inestabilidad global. En estos momentos, cualquier signo de normalidad, de business as usual, es una importante conquista.


