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Los años parisinos de Jacques Lipchitz


La obra escultórica y los dibujos de Jacques Lipchitz (Lituania, 1891- Capri, Italia, 1973) ha sido expuesta en los museos de arte españoles en las últimas décadas y sus piezas están presentes en los mejores museos de arte moderno del mundo. Ahora la Galería Marlborough de Barcelona exhibe hasta el 28 de marzo alrededor de una veintena de piezas, entre esculturas, bajorrelieves y dibujos, que abarcan el período 1914 – 1931, y que corresponden a sus años en París, ciudad a la que llegó en 1909, y donde entró en contacto con los creadores vanguardista de ese período. En su Lituania natal estudió ingeniería, pero al llegar a Francia se matriculó en la Escuela de Bellas Artes y en la conocida Academia Julien. En 1911 frecuentaba los círculos de Montmartre y Montparnasse y se unió a Juan Gris y Picasso como miembro del Cubismo, movimiento que define en buena medida su obra. En esa década expuso en el Salón Nacional de las Bellas Artes y en el de Otoño hasta que en 1920 celebró su primera individual en la galería L’Effort Moderne. Tras la invasión alemana de Francia, en 1941 se exilió a Estados Unidos y 22 años después regresó a Europa.

Su buena formación clásica le sirvió para ir construyendo un mundo singular, en el que mezclaba ideas, estilos e iconografías diversas. Y en su faceta como escultor solía trabajar el bronce y la piedra.

Tanto en sus dibujos como en sus formas escultóricas producidas en el período 1914-1925, el creador lituano plasmó los problemas de sintaxis del cubismo, ya fuera en bronces como Seated Figure, modelado en 1915 , o en dibujos como La serveuse del mismo año. Hay en ellos un aire arquitectónico como metáforas de la figura humana en esa interacción de esta con la arquitectura. Tres años después empezó con los bajorrelieves  y creó bodegones con cestas de fruta, instrumentos musicales, que deben verse en correspondencia con esos dibujos de trazo rápido con el mismo título. Sin olvidar cómo progresivamente fue tendiendo a una libertad mayor en esculturas como Man Leaning on Elbows (1925), Encounter (1929) y  Meditation (1931).

Para Lipchitz el dibujo era muy relevante como expresión propia o punto de partida de una escultura o bajorrelieve. En la media docena de dibujos  se refleja muy bien su intención. Virtuoso con el lápiz, el carboncillo o con la tinta negra el creador lituano sabía extraer  nuevas posibilidades expresivas. El dibujo le acompañó toda su vida y no debe disociarse de su importancia como escultor. Julián H. Miranda

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