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Lo funcional en Richard Artschwager


 

La trayectoria del pintor y escultor Richard Artschwager (Washington, D.C., 1923- Albany, Nueva York, 2013) ha estado marcada por cuestionar continuamente la frontera que hay entre la apariencia y la esencia de lo representado. Ahora el Museo Guggenheim de Bilbao le dedica una exposición que abarca cinco décadas y que nos ilustra de cómo supo desarrollar un lenguaje personal, no exento de humor, pero siempre revelando su delicadeza y realismo. Alterno un cierto sentido de la monumentalidad con su cercanía a la vida cotidiana.

Comisariada por Germano Celant y Manuel Cirauqui, la muestra del Guggenheim Bilbao que ha sido coorganizada con el MART (Museo di Arte Moderna e Contemporanea di Trento e Rovereto), reúne alrededor de 80 obras, junto a material documental y del archivo personal del artista que nos ayuda a comprender mejor su proceso creativo; un proceso que se ha movido en la fusión inteligente entre la figuración y la abstracción y se ha caracterizado por una innovación artística constante que combinó lo funcional y lo inútil.

El montaje de la exposición está diseñado como un laberinto abierto, que quiere poner el énfasis en los ejes principales de su creación plástica, desde sus primeros trabajos en madera, las estructuras en formica y pinturas en un material como el Celotex, hasta las esculturas en pelo de nylon, pasando por otras en las que utilizó crin de caballo, sin dejar de mencionar algunas de sus intervenciones empezadas a finales de los 60 y años posteriores, a veces individuales o en serie, tanto en interiores específicos o en áreas urbanas.

En sus primeros pasos como artista demostró una gran minuciosidad como ebanista. Y esa conjunción entre la artesanía y los procesos industriales son también definitorios de su estilo, siempre atraído por el espacio y por la disposición de los objetos y los seres que habitan dicho ámbito. En esos lugares concebidos por Artschwager representa escenas de la vida cotidiana y algunos elementos como mesas, sillas y armarios, entre otros. A través de sus esculturas fue explorando la geometría pura para ahondar en las formas abstractas e incluso evocar atmósferas ilusionistas en su territorio pictórico.

Richard Artschwager transitó por un sendero muy personal que le llevó a enfrentarse con dos de los movimientos imperantes en su tiempo: el Minimalismo y el Pop, y lo que hizo fue encontrar un camino de síntesis que incluía los elementos y posibilidades que ambos le brindaban hasta llegar a una cierta integración. «Lo que me interesa es sobre todo la línea de demarcación entre las cosas ordinarias y las que reconocemos como objetos de arte», declaró. En muchas de sus piezas se aventuró por el terreno filosófico de la ontología, de la epistemología y por supuesto de la estética. Todas ellas le sirvieron para ofrecer su singular visión del mundo. Julián H. Miranda

  • Hasta el 10 de mayo
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