Leandro Erlich: «Mi relación con el mercado ha sido sinuosa»

Leandro Erlich: Mi relación con el mercado ha sido sinuosa

Ha atrapado nubes en cajas de cristal, hecho caminar a la gente debajo del agua y colocado escaleras que no van a ninguna parte. Maestro del trampantojo y la ilusión, Leandro Erlich siempre ha recurrido a los pequeños detalles cotidianos para llamar la atención del espectador sobre determinadas percepciones que creíamos inmutables. Pero no lo son, como nos descubre su nueva retrospectiva en el Gran Palais de París.

El artista argentino Leandro Erlich. © Fotografía: OKNO Studio.
El artista argentino Leandro Erlich. © Fotografía: OKNO Studio.

El artista argentino es famoso por sus instalaciones inmersivas monumentales donde el público no solo es espectador, sino también elemento activo de la obra. Porque las creaciones de Leandro Erlich no se contemplan, sino que se viven o se recorren. Como el ascensor al que te invita a entrar, sabiendo que no va a ningún piso; o la puerta blindada aparentemente indestructible que está hecha añicos.

Obsesionado por la “realidad y la percepción”, este artista conceptual se ha paseado por medio mundo creando instalaciones site specific. En Europa, París siempre ha sido su ciudad favorita. Allí fue donde desató su rabia por la inacción institucional contra el cambio climático cuando se celebró en 2015 la Cumbre de la ONU y allí es donde regresa ahora –hasta el 6 de septiembre– para mostrar una trayectoria de 30 años.

*¿Qué sorpresas vamos a poder descubrir en el Grand Palais?

*Hay algunas obras inéditas, sobre todo en la zona de los proyectos: los que llegaron a buen término, los que están aún en curso y los que nunca se materializaron. Creo que es la primera vez que dedico tanto espacio a los modelos y maquetas que sirven para entender mi trabajo.

*Cuál es el hilo conductor de la muestra: ¿la ilusión? ¿el engaño?

* Yo siempre digo que la percepción es un recurso que utilizo para cuestionar la forma como entendemos la realidad, pero eso no significa que todas mis obras tengan ese elemento ilusorio de trampantojo o juego óptico. Por supuesto que eso forma parte de mi trabajo, pero lo que yo hago no es el museo de la ilusión, porque hay una enorme diferencia entre una manzana y una manzana pintada.

*¡Qué se lo digan a las aves que picaban las uvas pintadas de Zeuxis!

* Exacto. Digamos que lo que esta exposición anhela es ir a la profundidad de la obra, veremos si lo consigue o no. Francia es un lugar donde he desarrollado muchos proyectos y me da la impresión de que la muestra va a permitir ofrecer una mirada más profunda e introspectiva sobre mi trabajo.

*Supongo que las maquetas van a ayudar a conocer la intrahistoria de sus proyectos.

*Sí, se va a poder ver la parte técnica y la ingeniería que hay detrás, pero sobre todo es una cuestión más contextual. Porque instalaciones como la casa con raíces, el obelisco de Buenos Aires [al que descabezó para reproducir esa punta en el MALBA] o los coches de arena en Miami se crearon para el espacio público y hay que entender que esas piezas son muy distintas al trabajo que se hace en una galería o un museo.

*¿Qué pasa luego con estas obras públicas?

*Muchas se destruyen. Son proyectos que tienen un carácter efímero, por eso las maquetas son tan importantes, porque se convierten en la huella de lo que ya no está.

La pieza "Ventana y escalera: demasiado tarde para recibir ayuda" en el Grand Palais. © Didier Plowy. RMN 2026.

*Coches de arena, obeliscos cortados, nubes atrapadas… ¿De dónde nacen esas ideas?

*Si lo supiera, me vendrían más a menudo cuando las necesito [risas]. El punto de partida siempre es lo cotidiano, las experiencias o intereses que a uno le abordan cada día. También hay un diálogo con el lugar que me resulta muy estimulante. Soy un artista al que le gusta crear para espacios específicos, no tanto presentar lo que tengo en el estudio. Por ejemplo, el proyecto que se generó para la Bienal de La Habana fue muy especial, se titulaba Turismo e invitaba a la gente a sacar imágenes en un set de fotografía donde parecía que estaban esquiando en Suiza.

Leandro Erlich. Puerta que se rompe. 2009. © Romulo Fialdini, cortesía de galería Luciana Brito.

Igualito que Cuba, vamos…

* Es una pieza que creé en el año 2000 y jugaba con la doble imposibilidad de la situación: por un lado, Cuba es el Caribe; tiene playas y mar, pero nada de nieve. Y, por otro, la realidad de sus gentes, que no pueden viajar. Supuso trasladar un paisaje a un sitio donde no podía existir y, al mismo tiempo, denunciar la situación precaria de los cubanos. La obra tenía su ironía, pero la gente apreció mucho el proyecto.

*Piezas como esta o Maison Fond hecha con ocasión de la cumbre del Cambio Climático revelan que no todo es divertimento. También hay crítica velada.

*Exacto, hay mucho más. Por eso necesito la mirada del público. La idea es que la gente participe y forme parte de la obra. Es cierto que el espectador siempre resulta esencial cuando se trata de arte, pero en el caso de mis obras, constituye realmente un elemento más. Porque si tú ves Swimming Pool sin gente [una piscina suspendida sobre un vidrio transparente que permite a los visitantes caminar bajo el hueco inferior], la pieza no funciona; está incompleta.

Leandro Erlich. Bâtiment. 2004. Fachada de edificio tumbada bajo un espejo suspendido en un ángulo de 45 grados. © Leandro Erlich Studio.

*Tengo la impresión de que estas obras tan conceptuales son más difíciles de vender que otras. ¿Es así?

*Bueno, algunas piezas sí se venden, otras no. En mi caso, tengo obras más coleccionables, además de instalaciones más complejas. He de reconocer que mi relación con el mercado ha sido sinuosa, por decirlo de algún modo. La gran mayoría de cosas que hago podemos decir que no son coleccionables, pero el hecho de que no lo sean, no implica que no tengan valor. También hay trabajos que ni siquiera se pensaron para vender.

*Alcanzar ese nivel debe ser la fantasía de todo artista…

*Es que yo creo que hay que encontrar el equilibrio. Porque el mercado es muy importante, pero también lo es tener la posibilidad de desarrollar trabajos que no tengan fines comerciales. Si uno tuviera que trabajar solo para el mercado, y ese fuera el único patrón, se generaría una uniformidad en la obra. Por ejemplo, mis nubes. Hago nubes de todos los colores y acá me muero haciendo nubes.

Una visitante dentro del "probador" de Leandro Erlich instalado en la exposición. © Didier Plowy para el Grand Palais RMN 2026.

Con todo lo que está pasando en el mundo, ¿qué sentido tiene el arte? Pues yo pienso que congregar gente en torno a la cultura vale la pena

*Haciendo memoria, he recordado su exposición en Madrid de Certezas efímeras (2017). Entonces no podíamos imaginar que esas certezas volarían por los aires con el nuevo desorden mundial. No sé si preguntarle por Trump o por Milei…

* ¿Y qué te puedo decir? Estamos en un momento muy complicado. Están pasando muchas cosas en términos políticos, también cambios de paradigma como la Inteligencia Artificial, y uno no pude dejar de preguntarse muchas cosas. Creo que es difícil sacar conclusiones. Para mí estamos inmersos en una gran transición donde ocurren cosas muy dramáticas, no parece que sea el momento más optimista, pero ahí vamos.

Vista de sala con maquetas y diversas piezas del artista. © Didier Plowy para el Gran Palais RMN 2026.

* En ese contexto, uno se termina cuestionando todo: en un marco lleno de conflictos y momentos difíciles, con todo lo que está pasando en el mundo, ¿qué sentido tiene el arte? Pues pienso que congregar gente en torno a la cultura vale la pena, esta exposición vale la pena.

*Por volver al inicio, ¿qué es lo que quiere que el espectador descubra en París?

*Me gustaría que la gente se lo pasase bien, que salga inspirada y con ganas de hacer cosas; igual que a mí me inspira un libro o una película. Porque sin cultura estamos perdidos. Sol G. Moreno